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Acompañados y devolverles lo que la enfermedad o el accidente les quitó: la fe / Fotografía; Víctor Esparza

Durante las tempestades, se siembra esperanza

Monserrat M. Cuevas

Cuando perdemos a un ser querido o en nuestro núcleo familiar algún miembro padece de enfermedad o un amigo está pasando por una crisis, nuestra fe (o por lo menos nuestros ruegos a Dios) suele aumentar, pero al no obtener el resultado que esperamos, esa supuesta fe, se llega a  desvanecer

El Padre Francisco Javier Huerta, Capellán de Nuestra Señora de Belén y San Miguel Arcángel, y del Antiguo Hospital Civil, durante una plática con ArquiMedios, expresó la necesidad de creer que hay en este lugar, principalmente durante ésta pandemia.

“Sabemos que desde siempre ha habido necesidad de fe, principalmente cuando vemos al borde de la muerte a algún familiar o amigo, aquí entramos nosotros, para ayudar a los familiares que por diversas razones están aquí en el hospital, para que ellos tengan un acompañamiento espiritual, que sientan que no están solos”.

Señaló que los familiares de enfermos, muestran su descontento de que la capilla se mantenga cerrada.

“Sabemos que ésta pandemia nos ha obligado a mantenernos en casa, a cerrar el único lugar que mantiene la fe encendida de las personas. Es muy difícil ver como familiares de algún paciente del hospital desde las rejas está orando; algunos llorando, implorándole a Dios que su dolor, y este dolor que estamos atravesando, se termine lo antes posible”.

Pastores en la modernidad

Durante esta pandemia, la estrategia para que los sacerdotes visiten a los enfermos ha sufrido cambios. El ímpetu para seguir apoyando a los enfermos de manera espiritual se ha reforzado el doble, así lo señaló el padre Carlos Gustavo Cárdenas Rivas, Capellán de Nuestra Señora de Belén y San Miguel Arcángel.

Sembrar esperanza en las personas que están pasando momentos como éste, esa es mi gran misión aquí; estar con ellos, que se sientan acompañados y devolverles lo que la enfermedad o el accidente les quitó: la fe”

“Éstas experiencias son muy fuertes. Ver a un enfermo joven, meditar sobre la vida que tiene por delante y ser consciente de que su vida está colgando de un hilo, es impactante. Ver a las familias destrozadas y que vean en ti un refugio, una esperanza, es gratificante, pero también es una gran responsabilidad”.

Añadió que el estar en contacto con familiares y enfermos le ha ayudado a ser más humano, pero sobre todo a practicar la misericordia.

“Esta clase de experiencias te vuelven todavía más humano, te das cuenta de la realidad que se vive, no de manera superficial, sino de manera más profunda. Prácticas la misericordia, pero también te das cuenta de qué tan grande es la misericordia de Dios, y eso te ayuda de una manera impresionante. Es una ayuda recíproca, ellos desde su situación me ayudan a crecer, y yo desde la ‘medicina espiritual’ a aumentar su fe”.

El reto, con la llegada del COVID-19, fue para los sacerdotes de ésta Capellanía toda una aventura. Adaptarse a las nuevas tecnologías y seguir ayudando de manera espiritual a los fieles se tornó interesante y a su vez los empujó a tomar nuevas alternativas; a pastorear a su rebaño de una manera que jamás imaginaron hacerlo, pero con la convicción de que esto les abriría las puertas a que más fieles mantengan encendida la llama de la fe.

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