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En las dificultades, la unidad y la solidaridad son la base para un futuro mejor, para vivir en la fraternidad y construir una sociedad más justa

El sabor de la esperanza

José Andrés Guzmán Soto

“Soy un momento de la vida”, El Estoico

El tiempo es irreversible, el año 2020 se fue y  no volverá jamás, los momentos vividos de alegrías, de penas o de dolor  han pasado al baúl de los recuerdos y al libro de las anécdotas de nuestra vida pasada.

Sin duda fue un año difícil para muchos de nosotros por una pandemia que trajo enfermedades, dolor y muerte, así como problemas de trabajo, empleo, cierre de empresas, de escuelas y universidades y miles de personas que pasaron a la pobreza y pobreza extrema.

Además, nos trajo el confinamiento, el distanciamiento social, la pérdida de interacción entre familias y vecinos, la violencia intrafamiliar, el aumento del estrés y la ansiedad tanto para los niños como para los adultos mayores y personas con problemas de salud por el confinamiento.

Surge una lucesita de esperanza

Frente a estas dificultades, apareció el primer rayo de esperanza al anunciarse la aprobación de la vacuna, el inicio de su distribución y  aplicación para el personal de salud y seguirá para toda la población. Es un aliciente y una prueba más de los avances de la ciencia en favor de una humanidad siempre necesitada de apoyo para su salud tanto física como mental.

Por otra parte, en este camino de la esperanza hemos aprendido que la unidad y la solidaridad ante las dificultades, son los pilares de la vida social y las bases de un futuro mejor para nuestras comunidades porque el tendernos la mano unos a otros, el crear conciencia de ser compañeros de convivencia y abrir nuestro corazón a los demás para vivir en la fraternidad social nos lleva a la construcción de una sociedad más justa y solidaria.

Es tiempo de tener fe

Hemos aprendido también el valor del cuidado de nuestra salud y la salud de los demás como uno de los elementos de cohesión social y de salud comunitaria que nos lleva a valorar la vida en toda su plenitud y a comprender la fragilidad humana como el mayor riesgo de nuestra existencia.

Nuestra esperanza se ha fortalecido con el aumento de nuestra fe en toda la extensión de la palabra: fe en la ciencia, fe en nosotros mismos, fe en los demás; pero sobre todo el crecimiento en nuestra fe en Dios en quien hemos puesto toda nuestra confianza para salir delante de esta situación de crisis, puesto que nos ha dado las herramientas de inteligencia y libertad para buscar alternativas y superar los problemas de nuestra vida como seres humanos.

Esperanza y confianza son nuestros instrumentos para hacer de este año que está iniciando un año de mejores perspectivas y de mayores logros tanto a nivel personal como a nivel de sociedad. Tenemos la capacidad para lograr grandes metas de acuerdo a las circunstancias personales de cada uno de nosotros. ¿Tendremos el valor y el coraje de hacerlas? ¿o dejaremos pasar la oportunidad de lograrlas?

El presente está en nuestras manos. El futuro es esperanza

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