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¿Hacia dónde va la educación?

Jorge Iván García Morando,  UNIVA

¿Hacia dónde va la educación? Es quizá la pregunta constante que nos hemos hecho en estos últimos días y, aún más, la recurrente en los últimos cuarenta años que hemos visto pasar las “innovaciones” educativas de sexenio en sexenio llegando a un solo resultado: ¡combatir el rezago educativo!

No hace más de unos cuantos años, los educadores entendían que la principal dificultad de la educación estaba concentrada en cuatro factores fundamentales para que se dé el proceso de enseñanza-aprendizaje:

Primero, entendían que para generar mejores condiciones al educando era necesario garantizar un ambiente y orden social idóneo con lo que se elaboraron políticas públicas encaminadas al desarrollo.

Segundo, centraron sus esfuerzos en la individualidad del educando considerando que la finalidad era entender la estructura biopsicosocial con la que se podrían diseñar programas que dieran respuestas a la complejidad de la persona humana.

Tercero, se enfocaron en las diversas instituciones que, de una u otra manera, intervienen en los proceso de enseñanza-aprendizaje del educando con la intención de crear estructuras de sinergia, soporte y reforzamiento educativo.

Cuarto, por último, le han apostado a la intelectualización de las competencias con la finalidad de responder a una educación “integral” que forjara a un educando con las mejores habilidades, conocimientos, actitudes y valores para que pudieran enfrentar los avatares que presenta una sociedad global, considerando que dentro de estas competencias, se encuentra las tecnológicas.

Por ello, hoy por hoy nos preguntamos hacia dónde va la educación, ya que en vez de ver el acotamiento del rezago educativo más nos parece que se incrementa y se acerca a un colapso no sólo educacional sino generacional, es decir, que la preocupante deserción escolar será un factor fundamental para analizar el impacto que tendrá nuestro país al ver que no contará con el capital humano deseable para consolidar a una sociedad del conocimiento, sino al contrario, se incrementará la pobreza y, con ello, la sociedad del trabajo.

En otras palabras, tanto el colapso educativo como generacional conllevan a la necesaria condición de innovar y reimaginar la educación y la enseñanza desde los diferentes factores que intervienen en el proceso educativo, ya sea desde el aspecto social como en el individual, es fundamental contar con el apoyo de la familia como de la sociedad y escuela de padres; o bien, sean desde las competencias como de las instituciones, es esencial contar con docentes convencidos y preparados para: tener claro qué es lo que quieren enseñar, cómo mejorar la calidad de vida, de qué manera conformar un entorno colaborativo, y cómo transformar junto con la Secretaría el modelo educativo. ´

Cómo fomentar el diálogo y la inclusión en las aulas extramuros, de qué manera combatir la hiperaceleración para reivindicar la lentitud, la serenidad y la reflexión.

De qué manera fomentar la educación por la paz, la democracia, la solidaridad y la búsqueda del bien común.

En fin, mirar hacia el horizonte educativo es tener una claridad hacia dónde queremos llevar la enseñanza y el aprendizaje en nuestra condición actual. ¿Hacia dónde va la educación?

Acerca de Monserrat Cuevas

Lic. Ciencias de la Comunicación | Reportera en Acción | Temas sociales, busco historias de vida que contar.

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