Home / Contigo en casa / La espera del mundo redondo
Será difícil identificar a un paciente que tenga dengue o que tenga Covid o que tenga influenza. Fotografía: Víctor Esparza

La espera del mundo redondo

Pbro. Dagoberto Torres Torres,

Diócesis de Autlán

“Era cierto: el mundo, al fin y al cabo, es plano”; así comenzaba su columna hace unos meses para el New York Times el escritor argentino Martín Caparrós. Metáfora de las circunstancias actuales, la pandemia nos ha obligado a vivir en un mundo que no tiene volumen, ni se puede abrazar, acaso sólo tocar con el dedo. Todo está en las pantallas digitales.

La pandemia y sus esclavitudes

El trabajo, las clases, los exámenes, los talleres, las charlas, los conciertos, las danzas, el teatro, la visitas a museos y a parques, películas, culto, y todo lo que a usted se le ocurra, a través de una pantalla-frontera que nos protege del contagio del SARS-CoV-2. Esclavos sumisos de Facebook, Google, Youtube o Zoom, les hemos entregado el alma, y a cambio nos han facilitado el acceso a un mundo, por lo menos plano.

Ante el peligro del virus, de pronto nos confinamos en la celda de cuatro pantallas, las del celular y la tableta, las de la computadora y la televisión. Protegidos en la habitación de muros digitales. Conformándonos con ese mundo plano en el que pasamos las horas y los días, frente a esos espejos de doble cara, mirándonos a nosotros mismos mientras creíamos mirar el universo, creyéndonos unidos cuando en realidad estábamos solamente interconectados. Esa es la realidad de más de la mitad de la población mundial. 

Mientras tanto las preguntas nos exigen análisis colectivos ¿Cuándo volverá el mundo a ser redondo para tocarlo, abrazarlo, besarlo y sentirlo? ¿Cuándo acabará el contacto plano digital y volveremos interactuar en el mundo de las formas, los sabores, los sonidos, las texturas, las presencias y los encuentros?

Nos salvamos juntos o nos hundimos por separado

Aunque las respuestas aun son invisibles, el mismo Caparrós recuerda la dedicación de la novela argentina titulada Zama de Antonio Di Benedetto, dirigida “a las victimas de la espera”. Tal vez sea lo más sensato, esperar valientemente. Lo que hoy somos todos, seres quietos, suspendidos en el tiempo, intentando madurar y reaprender lo que ya sabíamos: que todos dependemos de todos. Que el destino postcoronavirus no es individual sino común. Nos salvamos juntos o nos hundimos separados escribió Juan Rulfo.

Mientras tanto, esperemos y aprendamos a construir un nuevo mundo redondo. Donde progresivamente se vayan recuperando los actos de presencia, y el cuerpo vaya cobrando nueva importancia, al mismo tiempo que el contacto social se vaya resignificando, así como los ritos y los gestos. Esperemos proactivamente, que la espera es el presente del futuro decía San Agustín. Un futuro que habrá revalorizado el contacto físico, las caricias y los besos, esas que volverán a anidarse en los labios y en el pecho.

dagotorres90@hotmail.com

Acerca de admin

Revisa También

Preparando mi liturgia: La misión de disipar las tinieblas en el mundo (DOMUND)

DOMUND Pbro. J. Jesús Suárez Arellano IDEAS PARA EL CELEBRANTE GUÍA (Si celebras el día …