Home / Contigo en casa / La villa y su santuario como centro (II)
Continuamos conmemorando este Primer Centenario de la Coronación Pontificia de la Virgen de Zapopan, con la segunda parte de esta visita guiada desde el Santuario como un gran centro religioso, centro de la historia que la gente mira y enseña a mirar desde el siglo XVI.

La villa y su santuario como centro (II)

Redacción Arquimedios

Al centro de la antigua villa, hoy ciudad (Zapopan), se entra muy pronto, apenas cuatro cuadras desde lo que fueron las afueras, pero ese centro tan claramente señalado es el eje de múltiples centros y niveles, es el centro religioso de una amplia región, el centro de la historia de un pueblo mucho más grande que Zapopan, un centro al que la gente mira y enseña a mirar desde el siglo XVI.

Por varias centurias la pequeña villa envolvió al santuario como quien pone un velo sobre un tesoro muy preciado que no quiere compartir. Fue la presión constante de los peregrinos lo que amplió la calle principal, pero por mucho tiempo sólo eso.

Y sin embargo, desde 1819, ya se mostraba el santuario custodiado por esas dos magníficas alas del antiguo colegio de propaganda fide, pero nadie pretendía todavía develar su espléndida belleza de color y forma.

Por esos años el barroco viejo de la fachada aprendió a rimar con el neoclásico circundante del convento, e incluso los primeros campanarios que tuvo, parecían confabularse en ese afán de no sobresalir, ni llamar la atención de nadie.

La piedad regional quebrantó la humildad primitiva, y de los mismos cimientos surgieron las esbeltas torres que hoy miramos, y de las cuales nos impresiona su elaborada geometría y ese constante revoloteo de ángeles que las envuelve como si fuesen palomos sorprendidos por el repicar de las campanas.

Las torres barrocas

La construcción de las actuales torres comenzó el dos de enero de 1889 y concluyó tres años después, en 1892, alcanzando una altura de 45 metros. El proyecto y la ejecución fueron del arquitecto Domingo Torres y del ingeniero Gabriel Castaños, el maestro de obras fue don Mauro Jiménez. Era guardián del convento y promotor de la obra fray Bernardo Anguiano. El estilo de las torres se llama neo barroco.

El pueblo de Mezquitán donó la cantera y costeó su traslado, alarifes y canteros la labraron hasta volverla celeste por la profusión de ángeles indígenas y mestizos que surgen de sus entrañas por doquiera, contemplando absortos, desde su altura, la vida de los frailes y el arribo de los peregrinos.

Entre las torres, el ingeniero Castaños añadió un remate para dar cabida a un reloj. Este reloj fue fabricado en Ferrería de Tula y costeado por don Manuel Corcuera, conocido empresario. Es muy peculiar y emotivo el tañido de sus campanillas, y tiene de dar sonido al tiempo más de cien años.

Destacan en la fachada tres imágenes de cantera: san Pedro en la parte superior, y san José y san Francisco a izquierda y derecha de la parte inferior.

Pero la villa celosa seguía velando con sus caseríos una vista que sólo podía apreciarse en todo su esplendor, ya estando ahí.

La lenta pero sostenida develación de la panorámica que hoy contemplamos comenzó en 1942, y no habrá de parar sino hasta el año 2004.

Primero fue hacer un largo jardín rectangular justo frente al santuario, donde estuvo primero la casa episcopal de Guadalajara, y después un Parián. Paralelo al jardín corría un amplio banquetón a cuya vera se paraban los camiones urbanos más para dejar que para subir pasaje. Al norte de este paradero viejas casonas de apariencia señorial custodiaban la calle principal, muchas de ellas funcionando ya como neverías y restaurantes.

El jardín será una y otra vez modificado, lo mismo que su kiosco, el actual es ya el tercero desde aquel año.

Acerca de admin

Revisa También

Celebración de la Palabra ¿Cuál es mi misión en la vida?

Ofrecemos un esquema para realizar una celebración familiar o grupal, sin la presencia del presbítero, …