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Tapatío por adopción, Moisés Sandoval ha sido el organero local más importante de la segunda mitad del siglo XX, el trabajo que realizó con celo a lo largo de su vida ha dejado una impronta fácil de encontrar en el patrimonio cultural de muestra ciudad. Descanse en paz.

Moisés Sandoval, organero

Eduardo Escoto Robledo

Departamento de Estudios Históricos

de la Arquidiócesis de Guadalajara

El jueves 3 de diciembre falleció en Guadalajara Moisés Sandoval Lizardi, quien dedicó su vida a la organería, habiendo sido el patriarca de la única familia que actualmente se dedica a este oficio.

Moisés Sandoval nació en Nochistlán, Zacatecas, en 1934. Desde pequeño mostró una especial capacidad para las labores mecánicas, y como niño que participaba en los coros parroquiales, empezó a interesarse por el funcionamiento de los órganos, llegando incluso a solucionar algunos problemas menores que esperaban la llegada de algún técnico foráneo.

Su vasta carrera

Estudió en la entonces recién instaurada Escuela Superior de Música Sacra de la Arquidiócesis de Guadalajara, donde concluyó la licenciatura en Canto Gregoriano. Tras ello -en 1960- el padre Manuel de Jesús Aréchiga decide darle a Sandoval la oportunidad de especializarse en la organería, dada su habilidad e interés.

Para ello se aprovechó que 3 años antes (1957), se había creado en la Ciudad de México la firma Riojas-Tamburini, con el objetivo de construir el órgano monumental que se proyectaba para el Auditorio Nacional.  Se trataba de la unión comercial de la casa italiana Tamburini -fundada en Cremona en 1893-e Industrias Riojas, compañía mexicana dedicada a la fabricación de sinfonolas y tocadiscos, y a la distribución de “órganos” electrónicos.

La empresa empezó a recibir otros pedidos de inmediato, encargándose enseguida de la construcción de un órgano para el Conservatorio Nacional de Música, y de inmediato abrió oficinas de representación en varias ciudades. Si bien se importaban de Italia la mayoría de las piezas, procesos tales como la entonación y el ensamblado eran supervisadas y finalizadas aquí por técnicos italianos que tenían a su cargo a más de cien trabajadores mexicanos, que aprendieron con ellos el oficio.

A dicha empresa fue enviado Moisés Sandoval, donde por cerca de 8 años trabajó y aprendió de maestros como Luciano y Franco Anselmi Tamburini, participando en numerosos proyectos de construcción y restauración de órganos de la ciudad de México, el Estado de Puebla y Guadalajara, donde la firma fue contratada para la renovación del órgano de la Catedral en 1961.

Una tradición, un legado

Regresó a Guadalajara para encargarse del mantenimiento de los órganos de la ciudad. En 1972, Sandoval construyó un órgano de tracción mecánica para la Iglesia de Jesús María en Guadalajara, anexa al convento de religiosas dominicas del mismo nombre. El instrumento le fue encargado por el padre Aréchiga, y para el mismo se compró la tubería sonora a Tamburini, mientras que el resto de los componentes se fabricaron aquí. Este instrumento de 14 registros, dos manuales y pedalero sigue en funcionamiento al día de hoy en dicha iglesia.

En dicho proyecto, Sandoval a provechó para formar a sus hijos en el oficio, gracias a lo cual se cuenta con un taller de organería que desde la misma ciudad puede dar mantenimiento preventivo y correctivo a los instrumentos que forman parte del patrimonio organístico de esta ciudad, lo cual ha contribuido enormemente a que más allá de las limitantes económicas y aún culturales, se pueda contar con diversos instrumentos en condiciones de ser utilizados aun parcialmente, condición indispensable para prevenir su abandono y posterior ruina. 

Acerca de Monserrat Cuevas

Lic. Ciencias de la Comunicación | Reportera en Acción | Temas sociales, busco historias de vida que contar.

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