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Preparando mi liturgia: Necesitamos “levantarnos”, “acercarnos” y “ver” (XXX DOM. T. O.)

XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

IDEAS PARA EL CELEBRANTE / GUÍA

Demos gracias a Dios de todo corazón por el don de la vista porque hemos recibido ojos sanos… Y no estamos hablando sólo de los ojos del cuerpo…

Hoy el Señor parece preguntarnos: ¿Ven ustedes con los ojos del corazón lo que les estoy pidiendo?  ¿Ven ustedes el camino que les he mostrado?  ¿Ven ustedes a la gente que he colocado en su camino, y son ustedes conscientes de sus hambres y necesidades?  ¿Ven ustedes la belleza del mundo que yo creé, y están ustedes dispuestos a conservarlo como una maravilla para ustedes y para sus hijos?

Hoy podemos descubrirnos ciegos a estas realidades y perdidos en nuestro camino de seguimiento al Señor…

Pidamos al Señor en esta celebración que nos “llame” para “levantarnos” y que abra nuestros ojos para que sepamos “ver” a Dios y a su pueblo y podamos seguirlo por el camino que nos señala…

SALUDO

Hermanos: Estamos reunidos en el nombre de Jesús, de quien el Padre dijo: “Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy.”

La gracia y la paz de Jesús, el Señor, esté siempre con ustedes.  R/ Amén.

ACTO PENITENCIAL

Reconozcamos que con frecuencia hemos estamos inmóviles y que hemos sido ciegos para descubrir que Dios está cercano a nosotros, en nuestro mundo, en nuestro trabajo, en nuestros hermanos… pero no lo percibimos… Por eso, necesitamos buscar el perdón del Señor. (Pausa)

•      Señor Jesús, dejé de ver las necesidades de los miembros de mi familia.  Señor, ten piedad.

•      Cristo Jesús, tantas veces no supe percibir el hambre de afecto, el ansia  de justicia y de dignidad humana de amigos y vecinos.  Cristo, ten piedad.

•      Señor Jesús, tantas veces no supe percibir el deseo sincero de gente cercana y lejana de conocerte y seguirte aun cuando no fueran conscientes de ello, y no los conduje a ti.  Señor, ten piedad.

Ten misericordia de nosotros, Señor, y perdona todos nuestros pecados.  Abre nuestros ojos para que descubramos tu amor y las necesidades hermanos y llévanos a la vida eterna.

LECTURAS

Jeremías 31,7-9: En la hora más obscura del desmoronamiento de todas las estructuras políticas y religiosas por el destierro a Babilonia, el profeta anuncia – con esperanza – que Dios reunirá a los dispersos, enfermos y débiles, los hará ir hacia él con alegría… Promete consolarlos y cuidarlos… Será un padre para ellos…

Salmo 125: El Señor cambió nuestra suerte, transformó el sufrimiento en alegría, nos hizo cantar, nos hizo volver con frutos… Hasta los gentiles pueden reconocerlo…

Hebreos 5, 1-6: Jesús, por voluntad de Dios, es nuestro sumo y eterno sacerdote… Él nos comprende y ofrece sacrificios por nuestros pecados…

Marcos 10, 46-52: Jesús hace ver a un ciego que le suplica lleno de confianza que tenga misericordia de él, Jesús lo manda llamar, él deja su manto y da un salto para ir hacia Jesús con quien sostiene un interesante diálogo, después de ser curado lo seguía por el camino…

ORACIÓN DE LOS FIELES

Roguemos a Jesús, que restauró la vista del ciego, para que con él sepamos ver las necesidades de nuestros hermanos dondequiera que ellos se encuentren. Digamos: “Señor, que nuestros ojos miren con tu amor”.

1.     Señor, mira los ojos de los niños que se abren a la vida; mira los ojos llenos de esperanza de los que creen en ti y en el futuro que les prometes. Llénalos a todos con tu luz. Con toda confianza te pedimos:

2.     Señor, mira la alegría en los ojos de los que saben cómo amar; mira los ojos llenos de odio de los que se sienten frustrados en la vida. Con toda confianza  te pedimos:

3.     Señor, mira los ojos tristes de los que sufren; mira los ojos sin vida de los que son físicamente ciegos. Con toda confianza te pedimos:

4.     Señor, mira los ojos desalentados de los que se rinden ante las dificultades de la vida; mira también el ardor en los ojos de los que continúan luchando. Con toda confianza te pedimos:

5.     Señor, mira los ojos taciturnos de los que están cerrados a sus hermanos; mira los ojos llenos de lágrimas de los que hacen duelo por sus seres queridos difuntos. Con toda confianza te pedimos:

Señor Jesús, concédenos la gracia de abrir nuestros ojos, nuestras manos y nuestro corazón y así podremos percibir el mundo y a nuestros hermanos con la misma mirada afable que tienes tú, que eres nuestro Señor por los siglos de los siglos.  R/ Amén.

INVITACIÓN A ORAR CON EL PADRENUESTRO

Dios nos dice hoy que él es un Padre para con su pueblo… Junto con nuestros hermanos, dirijamos a él nuestra oración con las profundas palabras de Jesús. R/ Padre nuestro…

INVITACIÓN A LA COMUNIÓN

Este es Jesucristo, el Señor que se hace el encontradizo en nuestros caminos.

Dichosos nosotros porque él viene a curarnos de nuestras “cegueras” y a llamarnos para que le sigamos.  Y dichosos porque hoy nos invita a su banquete.  R/ Señor, yo no soy digno…

DESPEDIDA Y BENDICIÓN

Hermanos: Hemos meditado cómo el Señor da nueva luz a ojos sin vida.  Un ciego ve de nuevo y sigue a Jesús.

Que el Señor nos haga hombres y mujeres que captan la vida con ojos de fe.

Que el Señor nos ayude a ver el camino a seguir y a reconocerlo en nuestra vida.

Que nos dé la alegría de seguirlo.

El Señor esté con ustedes.

Y que la bendición de Dios todopoderoso Padre, el Hijo y el Espíritu Santo los acompañe y fortalezca siempre en el camino de la vida.

Que la luz del Señor brille sobre ustedes, pueden ir en paz.  R/ Demos gracias a Dios.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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