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SAN BERNARDO DE CLARAVAL: “No eres más santo porque no eres más devoto de María”

Pbro. Adrian Ramos Ruelas

Entre la solemnidad de la Asunción de María al cielo (15 de agosto) y la memoria de María, Reina de todo lo creado (22 de agosto), la Iglesia celebra a San Bernardo de Claraval (20 de agosto), uno de los más brillantes santos devotos de la Virgen.

Bernardo nació en Borgoña, Francia en el año 1090.  Con sus siete hermanos recibió una excelente formación en la religión, el latín y la literatura.

Bernardo tenía un extraordinario carisma de atraer a todos para Cristo.  Amable, simpático, inteligente, bondadoso y alegre. Todo esto y su vigor juvenil le causaba un reto en las tentaciones contra la castidad y santidad. 

Una noche de Navidad, mientras celebraban las ceremonias religiosas en el templo se quedó dormido y le pareció ver al Niño Jesús en Belén en brazos de María, y que la Santa Madre le ofrecía a su Hijo para que lo amara y lo hiciera amar mucho por los demás. Desde este día ya no pensó sino en consagrarse a la religión y al apostolado. Bernardo se fue al convento de monjes benedictinos llamado Cister, y pidió ser admitido. Ingresa en 1112.

Habiendo muerto su madre, entra en el monasterio su padre. Su hermana y el cuñado, de mutuo acuerdo decidieron también entrar en la vida religiosa. 

Durante su vida fundó más de 300 conventos para hombres, e hizo llegar a gran santidad a muchos de sus discípulos. Lo llamaban “el cazador de almas y vocaciones”.

Lo llamaban “El Doctor boca de miel”. Sus bellísimos sermones son leídos hoy, después de varios siglos, con gran provecho.

Recorrió toda Europa poniendo la paz donde había guerras, deteniendo las herejías, corrigiendo errores, animando desanimados y hasta reuniendo ejércitos para defender la santa religión católica.

Murió el 20 de agosto del año 1153. Tenía 63 años. Fue declarado Doctor de la Iglesia. 

Tres cosas que podemos aprender de él:

  1. Su gran amor a Jesucristo. Narran algunas biografías que, hasta el mismo Jesucristo, en un arrebato místico, bajó de la cruz y lo abrazó.
  2. Su gran amor a María. Fue un gran cantor de las excelencias de la Virgen Madre, modelo de todo devoto mariano.
  3. Su gran amor a la Iglesia. Defendió a la Iglesia, de las asechanzas de los malos pastores. Advirtió al Papa de muchos peligros con sus atinados consejos.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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