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¿Soy capaz de encontrar a Dios fuera del templo?

III DOMINGO

CONSTRUIR O DESTRUIR EL CUERPO DE CRISTO

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE TERCER DOMINGO DE CUARESMA?

Éxodo 20, 1-17: Los mandamientos, dados por el Dios que por amor nos ha liberado, son guías para no perdernos en relación a las cosas importantes de la vida, para vivir la alianza con Él y en paz con todos…

Salmo 18: Los mandamientos del Señor son perfectos y nos reconfortan, firmes y nos hacen sabios, son rectos y nos alegran, son nítidos y nos dan luz, son verdaderos y justos, son más valiosos que el oro fino y más dulces que la miel de panal…

1 Corintios 1, 22-25: Los judíos piensan que Cristo crucificado es piedra de tropiezo y los griegos que es locura… Pero, para nosotros, Cristo es la fuerza y la sabiduría de Dios…

Juan 2, 13-25: Jesús, con autoridad y firmeza, expulsa a los vendedores y cambistas el templo; la religiosidad se había corrompido… Jesús declara: “destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”. Él viene a substituir el templo y a reconstruir, con su mensaje y su muerte y resurrección, la relación con Dios que estaba desviada…

REFLEXIONEMOS:

[En los primeros tres domingos de la cuaresma escuchamos, en las primeras lecturas, tres alianzas de Dios con Noé, con Abraham y con Moisés; la alianza cósmica del miedo, la familiar de la promesa y la nacional de la ley, respectivamente. En estas historias podemos ver cómo eran percibidos Dios y la religión en diferentes épocas de la revelación.

Jesús, en la Nueva (y definitiva) Alianza, ha venido a enseñarnos lo que Dios es y lo que espera siempre de nosotros. Dios es amor/entrega total e incondicional y espera que descubramos y aceptemos su amor y que con él tratemos a todas las personas; quiere que establezcamos relaciones de amor gratuito y no comercial con él y con los demás.

La expulsión de los vendedores y cambistas del templo es narrada por los cuatro evangelistas. Hoy, en el contexto cuaresmal, meditamos la versión de Juan por la referencia que hace a la “destrucción-reconstrucción” del cuerpo de Jesús, es decir, a su muerte y resurrección. Cuando este evangelio se escribió ya no existía el templo y la casta sacerdotal ya no tenía influencia sobre el pueblo. Este episodio se incluyó para advertir a la iglesia naciente que no debía repetir esquemas caducos…]

El evangelio de hoy nos invita a reconocer que hemos dejado de ver nuestro “templo” – cuerpo, iglesia, humanidad – como el lugar de Dios y se ha convertido en lugar de “comercio”, en el que no se viven y trabajan las cosas sagradas, sino que hemos dejado de crecer y convertirnos constantemente, y lo que debería ayudarnos a cultivar nuestra espiritualidad se ha estancado y se ha convertido en compraventa…

Tardaron cuarenta y seis años en construir el templo material, pero deformaron el verdadero sentido del templo y lo cambiaron por algo contrario a lo que Dios quería… Jesús, con su ira santa, viene a purificarnos de nuestros vicios, de nuestra manera equivocada de percibir a Dios, de nuestra pobre manera de comunicarnos con Él, de querer comerciar con Él y de buscar chantajearlo…

En la primera lectura y el salmo recibimos una invitación para ir al fondo de nuestro corazón y revisar nuestra vida, para descubrir cómo actuar, para discernir lo que nos conduce a Dios y lo que nos aleja de Él, para revisar nuestras actitudes y acciones e ir purificándonos de lo que no nos ayuda a (man)tener una espiritualidad sana (esas ideas que ocupan nuestra mente y que no nos llevan a ningún lado o nos desvían del camino del Señor)… Pensemos: ¿Cuál es el objetivo de cada uno de los mandamientos? ¿Cómo puedo descubrir la bondad de un mandamiento? ¿Cuándo un mandamiento deja de ser algo impuesto y se convierte para mí en una verdad de vida y libertad?

TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA SEMANA:

  1. Revisa el decálogo y date cuenta de si percibes la intención positiva de cada uno de los mandamientos.
    ¿Valoro las reglas para honrar a Dios, al mundo, a la vida, a mis semejantes y a mí mismo?
    ¿Cuáles mandamientos ya están dentro de mi corazón y cuáles me siguen pesando?
  2. Revisa tu manera de vivir y encuentra el “decálogo” que te guía…
    Sé sincero. Descubre que no todos los “mandamientos” que obedeces son los que Dios nos da en la Biblia, algunos provienen de otros dioses o tradiciones o, simplemente, tú los has inventado… ¿Qué preceptos te guían, por ejemplo, para vivir lo que tú llamas “amor”? ¿Cuáles son tus mandamientos en relación a la ecología, a la política, a tus padres y familia, a tu cuerpo, a cómo ganar y gastar dinero, a las personas de otra religión, partido político, clase social o preferencia sexual?

Cercanos al día internacional de la mujer, conviene que revises tus “mandamientos” en relación a este tema: ¿”Valorarás al hombre por encima de la mujer”? ¿”El varón merece más remuneración por su trabajo que la mujer”? ¿”Los comportamientos que son defectos en una dama serán considerados virtudes en el hombre”? ¿Qué otros comandos existen en tus contextos contra la dignidad de la mujer y que tú los has adoptado “sin darte cuenta”?

Compara tus “mandamientos” particulares con los mandamientos del éxodo…
¿Estoy dispuesto a desechar los mandamientos que vienen del mundo y a vivir los que Dios me ha dado para mi protección y crecimiento?

  1. Anota en tu cuaderno de desarrollo espiritual las respuestas a las siguientes preguntas: ¿Qué es para mí tener vida espiritual? ¿Cómo desarrollo y alimento mi vida espiritual? ¿Qué dificultades encuentro para crecer en mi espiritualidad y qué puedo hacer al respecto? ¿Cómo puedo irme purificando de los vicios de mi vida espiritual (antes de que Jesús venga con su “látigo”)? ¿Qué implica para mí que el verdadero templo de Dios sea el cuerpo de Cristo, es decir, su iglesia, su pueblo?
  2. En el evangelio de hoy vemos a un Jesús iracundo… Descubre qué te hace enojar: ¿Lo que va contra los mandamientos de Dios o lo que va contra tus intereses mezquinos?…
    ¿Cómo puedes utilizar tu ira para fines positivos, por ejemplo, purificarte, arrancarte vicios o cambiar situaciones sociales injustas?
    ¿Me doy cuenta que, aunque muchas personas piensan que enojarse es pecado, Jesús nos demuestra que la ira puede ser una herramienta positiva para promover la justicia y el bien?
    ¿Cómo me gustaría manejar de manera más positiva mi ira?
  3. Pide al Señor que te dé el valor suficiente para siempre revisarte, purificar y mejorar todos los aspectos de tu vida y no sólo la forma de darle culto… Aun haciéndote “violencia” si es preciso…
    Pídele también que puedas compartir tu experiencia de Dios para construir una comunidad que sea verdadero cuerpo místico de Cristo…

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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