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Los casos de Ramón Corona, José María Mier y Aristóteles Sandoval

Trágicos episodios en la historia de Jalisco

Alfredo Arnold Morales

La muerte trágica y prematura de Jorge Aristóteles Sandoval Díaz, quien dos años antes había terminado su sexenio como Gobernador de Jalisco, trae al recuerdo el caso de Ramón Corona, quien murió asesinado en 1889 siendo gobernador de esta entidad.

Oriundo de Tuxcueca, Ramón Corona Madrigal fue un destacado militar que luchó en el bando liberal durante la Segunda Invasión Francesa. La historia recuerda que fue él a quien el emperador Maximiliano le entregó su espada cuando el monarca de origen austriaco se rindió en Querétaro.

Un héroe en Sinaloa

Para los franceses, Ramón Corona era un joven “rubio y bello”, “un tigre con cara de humano”. Tenía apenas 23 años cuando llegó a Sinaloa para pelear contra el ejército invasor. “Es el máximo héroe de la intervención francesa en Sinaloa”, refiere el historiador Lerma Garay.

En efecto, Ramón Corona alcanzó su celebridad militar en algunas batallas que tuvieron lugar en Mazatlán y sus alrededores. Su base se encontraba en lo que hoy es el poblado de Villa Unión. Tuvo serias diferencias con el gobierno sinaloense, pero sin lugar a dudas fue uno de los hombres fuertes de la resistencia mexicana en ese periodo. Su presencia evitó que los franceses accionaran sus cañones desde el mar contra la ciudad y él mismo se encargó de que la partida del último barco de la Armada francesa que estaba anclado frente a Mazatlán, el puerto más importante del Pacífico en ese entonces, partiera pacíficamente, sin disparar y sin que le dispararan.

La popularidad de Ramón Corona quedó testimoniada en una espada de acero, oro y con incrustaciones de piedras preciosas, que en agradecimiento le obsequiaron residentes mexicanos de California y Nevada.

Su estancia en España y su regreso a Guadalajara

Finalizada la invasión, Corona se enamoró a primera vista de una joven y hermosa viuda norteamericana que se hacía cargo de los negocios de su difunto esposo en el puerto sinaloense, María Ann McKenty, quien había cambiado su nombre por el de Betty Bowman. En 1867 se casaron “por poder” ya que el general mexicano se encontraba en Guadalajara, pero luego se reunieron en la capital jalisciense.

Aquel mismo año de 1867 fue especial en la vida de Ramón Corona ya que además de la caída de los franceses, el fin del Segundo Imperio y su boda con Betty, fue designado representante del Gobierno de México en España, donde residió con su esposa durante una década. Se dice que fue amigo de la familia real y que daba espléndidas fiestas en la sede de la Embajada.

A su regreso a México fue designado Gobernador de Jalisco, cargo que ejerció desde 1887 hasta su muerte. Tenía sólo 52 años cuando, el domingo 10 de noviembre de 1889, caminaba en compañía de su familia rumbo al Teatro Principal y de pronto fue atacado por Primitivo Ron, un desconocido que le infirió cuatro cuchilladas que al día siguiente le causaron la muerte. En la refriega también resultó herida, aunque no de gravedad, su esposa Betty.

Nunca se supo el motivo de la agresión ya que el asesino fue muerto por la policía.

Los restos de Ramón Corona Madrigal descansan en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, en tanto que el municipio de Villa Corona, llamada antiguamente Tizapanito, recibió en su honor su nombre actual cuando fue declarado municipio en 1918.

El Gobernador que murió en El Salto

Otro Gobernador de Jalisco, José María Mier, murió en 1914 estando oficialmente en funciones. Ocurrió en plena Revolución; pertenecía al antiguo grupo porfirista; ya había sido gobernador de su Estado natal, Nuevo León y llegó a Jalisco como jefe militar y gobernador, pero no completó ni siquiera cinco meses en el cargo ya que, ante la inminente llegada de las fuerzas de Álvaro Obregón a Guadalajara, abandonó la ciudad y fue muerto en El Salto de Juanacatlán cuando se dirigía a la Ciudad de México.

Corona (1889), Mier (1914) y Sandoval (2020). Negros episodios en la Historia de Jalisco.

*El autor es periodista de vasta experiencia, LAE con posgrado en Filosofía. Es académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

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Un comentario

  1. H. Alberto Mariscal

    Siendo honesto no creo que que el finado Aristóteles este a la altura del Gral. Corona….
    Es cierto que está perdida tendrá que que muy dolorosas para sus seres queridos, pero socialmente no más que la de los desaparecidos y mucho menos quen los INOCENTES que han fallecido siendo víctimas del crimen.
    Entiendo su carácter de personaje público, al ser un exgobernador, pero….! esto no le da la talla para estar a la altura de un histórico.
    ¡PESIMO E INSULTANTE PLANTEAMIENTO!!! ❌