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Aprendiendo de… San David Uribe Velasco

Pbro. Adrián Ramos Ruelas

Cristo, después de entregar el espíritu al Padre el Viernes Santo, exhaló y murió por toda la humanidad. Él es el Testigo Fiel, el Gran Mártir que ofreció hasta la última gota de su sangre para que tuviéramos vida en abundancia. Un ramillete de mártires, testigos suyos, nacidos en México, han ofrecido pacíficamente su sangre por la unión y la paz de todos los mexicanos, siguiendo las huellas de su Maestro.

David nació en Buenavista de Cuéllar, Guerrero, el 29 de diciembre de 1888. A los 14 años de edad solicitó a sus padres permiso para ingresar al seminario. Durante sus estudios mostró una conducta excelente y una impresionante piedad. Destacó por su inteligencia y dedicación al estudio. Estudiaba en el seminario de Chilapa el tercer año de teología cuando el obispo de Tabasco solicitó que trabajara junto a él. En 1913, una vez ordenado presbítero, partió con el obispo rumbo a Tabasco.

Al año siguiente se inició en el Estado una verdadera persecución a la Iglesia que orillaron al obispo y al padre David a ocultarse, huyendo a la ciudad de Veracruz. El padre regresó a Chilapa y luego se dirigió a las costas de Guerrero, pero la situación era tan difícil que al poco tiempo lo obligaron a regresar. En el trayecto lo apresaron y lo condenaron a muerte por ser sacerdote. Sin embargo, los fieles consiguieron el indulto y continuó trabajando en la diócesis.

Antes de su martirio consignó: “Si fui ungido por el óleo santo que me hizo ministro del Altísimo, ¿por qué no ser ungido con mi sangre en defensa de las almas redimidas con la sangre de Cristo? Éste es mi único anhelo”.

Al poco tiempo tuvo que abandonar su parroquia y se refugió en México. De regreso a Iguala fue reconocido y apresado y llevado en tren a Cuernavaca. La noche del 11 de abril de 1927 lo sacaron de su celda y lo asesinaron

Fue beatificado el 22 de noviembre de 1992 y canonizado por el Papa Juan Pablo II el 21 de mayo de 2000.

Cosas que podemos aprender de él:

  1. Su aplicación al estudio. Destacó por sus estudios en su formación en el Seminario, preparándose muy bien para el ministerio sacerdotal.
  2. Su gran piedad. Un hombre de Dios prepara su martirio día a día sin esperarlo.
  3. Su celo pastoral. Sacerdotes como él se exponen a morir por defender a su pueblo que sufre por la persecución y no soporta verlo sin su pastor.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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