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¿Cómo la resurrección de Cristo me impulsa a vivir resucitado?

Desarrollo Espiritual,

DOMINGO DE RESURRECCIÓN, Ciclo A, 12 de Abril de 2020.

EL RESUCITADO NOS HACE CREER Y ENTENDER

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano / Pbro. Sergio Arturo Gómez M.

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE DOMINGO?

Hechos de los apóstoles 19, 34a. 37-43: Pedro afirma que Jesús, ungido por el Dios con el poder del Espíritu Santo, pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo… Ellos fueron testigos de todo lo que hizo, de que lo mataron y de que Dios lo resucitó e hizo que se manifestara a muchos testigos, comió y bebió con ellos y les mandó predicar y ser sus testigos… Los profetas ya habían anunciado que quienes creen en Él recibirían perdón…

Salmo 117: Dios es bueno y misericordioso… Viviré para cantar las hazañas del Señor…

1 Corintios 5, 6-8: Pablo nos invita, para celebrar la Pascua, a convertirnos en masa nueva sin la levadura del vicio y la maldad, sino sin levadura, es decir, con sinceridad y verdad…

Juan 20, 1-9: María Magdalena madrugó para ir al sepulcro y lo encontró abierto… Fue a avisar a los apóstoles… Vinieron corriendo Pedro y Juan… Vieron, creyeron y entendieron…

(También podría leerse como segunda lectura Colosenses 3, 1-4 y como evangelio Lucas 24, 1-12, que se leyó en la Vigilia Pascual.  En el Ciclo A no conviene tomar para las misas de la tarde Lucas 24, 13-35, los discípulos de Emaús, pues se leerá el III Domingo de Pascua).

REFLEXIONEMOS:

Hoy es el domingo más importante del año, de la resurrección que celebramos hoy reciben sentido todos los demás domingos del año.

La resurrección de Cristo nos compromete a:

•      Cultivar la fe en Cristo que ha resucitado y que nos comparte esa Vida plena;

•      Vivir esa fe en comunidad, orando, celebrando y creando lazos profundos de caridad y ayuda a los necesitados, porque creer en la resurrección es manifestar la Vida de Jesús en nuestra manera de relacionarnos con los demás;

•      Impulsarnos a la misión evangelizadora, no sólo a hablar de Él, sino a invertir nuestra Vida en favor de los demás…

A la luz de la Palabra de hoy, podemos formularnos algunas preguntas:

1. ¿Qué sabemos de la resurrección de Cristo? Hubo testigos que vieron a Cristo resucitado…  Coinciden en que al tercer día después de ir al entierro de Jesús, un poco más de 30 horas después de cerrar su tumba, la encontraron abierta, vacía, con los centinelas adormilados a la puerta… (Luego, Jesús se hizo el encontradizo “disfrazado” de jardinero, caminante, comensal, animador…)  Hubo ausencias y presencias que los desconcertaban… Podemos decir que los Evangelios y otros escritos del Nuevo Testamento son libros históricos porque pertenecen a la época en que acontecieron estas cosas y sus autores vivieron con Jesús, lo vieron, lo trataron, convivieron con Él o con quienes convivieron de primera mano con Él… Se enteraron de cómo Jesús fue gastando su Vida, la Vida de Dios, entregándose plenamente para que sus seguidores fueran alcanzando también una Vida más plena y divina… Les convención tanto su mensaje, su estilo de vivir y de morir y su resurrección que hasta dieron su vida por Él… Nadie muere por un mito o un fraude; la resurrección, la de Cristo y la nuestra, es verdad…

2. ¿Qué debemos hacer por la resurrección de Cristo? Si realmente creemos en la resurrección de Cristo y en su fuerza transformadora de nuestra vida (biológica, psicológica y espiritual), entonces tenemos que llevar esta buena noticia por todo el mundo, a todas las familias y amigos y también a los enemigos.  ¿Qué puedo hacer por la gente de las periferias de las ciudades o que está sumida en periferias existenciales? ¿Qué puedo hacer ante el hambre del mundo, las guerras y el pecado? ¿Cuál es mi responsabilidad ante el analfabetismo, la enfermedad, la explotación, la amargura, la desesperanza? ¿Me cuestiona la situación sanitaria, escolar, laboral, el pecado social, las familias rotas, los jóvenes en crisis, los políticos que pisotean la ley y los hijos de Dios?

3. ¿Qué podemos nosotros esperar de Cristo resucitado hoy? Si somos incrédulos como Tomás, que nos resucite la fe en Él y en su Iglesia; si estamos desencantados y desilusionados como los discípulos de Emaús, que nos renueve la esperanza y el ardor comunitario y misionero, aunque nos llame necios y desmemoriados por no creer o no comprender las Sagradas Escrituras; Si estamos tristes como María Magdalena, que nos vuelva a mirar y a llamar por nuestro nombre y que nos haga recobrar la alegría de su presencia en los sacramentos, especialmente la Eucaristía y Penitencia; si nos parecemos a esos discípulos encerrados en el cenáculo de sus miedos, contagiándose la tristeza y los remordimientos por haber fallado al Maestro, que nos traiga su paz; si nos sentimos como Pedro después de negarlo, que nos haga renovarle nuestro amor…

La resurrección de Cristo no sólo nos resucitará para ir al cielo después de nuestra muerte biológica, no, la Vida de Dios nos llena, nos atraviesa, nos desborda; ya está a nuestro alcance…

Finalmente: ¿Creo verdaderamente en Cristo resucitado? ¿Dónde encuentro a Cristo resucitado en mi vida de cada día? ¿Vivo ya como resucitado o vivo perpetuamente triste, amargado, desesperanzado y lleno de pesadumbre?

TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA SEMANA:

1.     Tal vez en algún tiempo tu pensabas que la resurrección era sólo para el más allá… A la luz de lo que acabamos de reflexionar, ¿sigues pensando lo mismo?

Repite varias veces las siguientes frases:

–       “Ya puedo comenzar a vivir la Vida de Jesús «que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el mal»”.

–       “Puedo tocar la eternidad aún antes de morir”.

–       “Si vivo como Jesús que es «la resurrección y la Vida», mi vida será una fiesta”.

2.     Ora cómo y con San Agustín en las Confesiones, libro 10, cap. 27: “Tarde te amé, Dios mío, hermosura siempre antigua y siempre nueva, tarde te amé.  Tú estabas dentro de mí y yo afuera y así por fuera te buscaba y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que Tú creaste.  Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.  Me llamaste y clamaste y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y lo aspiré y ahora te anhelo; gusté de Ti y ahora siento hambre y sed de Ti”.

(Si esta ficha te ayuda, compártela)

Esta ficha, así como las de los domingos anteriores, la puedes encontrar en arquimediosgdl.org.mx, pestaña de “formación” y “desarrollo espiritual”.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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