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Desarrollo Espiritual: ¿En cuáles aspectos estoy vivo y en cuáles estoy muerto?

Desarrollo Espiritual,

V DOMINGO DE CUARESMA, Ciclo A, 29 de Marzo de 2020.

JESÚS, NUESTRA VIDA Y RESURRECCIÓN HOY

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano / Pbro. Sergio Arturo Gómez M.

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE DOMINGO?

Ezequiel 37, 12-14: A los desalentados y exiliados Dios les anuncia: “Abriré sus sepulcros, los haré salir de ellos, quiero que vivan…  Los llevaré de vuelta a su tierra y les daré mi Espíritu”… Hay situaciones en la vida que son peor que la muerte…

Salmo 129: Gritémosle al Señor desde lo profundo de nuestro ser, pidámosle perdón, alimentemos nuestra esperanza y paciencia, porque del Señor viene la misericordia y la redención…

Romanos 8, 8-11: El Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos se une a nuestro espíritu y vivifica nuestros cuerpos que antes estaban muertos por el pecado…

Juan 11, 1-45: Jesús se muestra muy cercano a sus amigas y también muy sensible: llora ante la muerte de su amigo… En la persona de Marta nos invita a “creer”, luego revivifica a Lázaro gritándole: “Ven afuera”… Y pide que lo desaten y lo dejen caminar… Y muchos creyeron en Él…

REFLEXIONEMOS:

Los últimos domingos, el Evangelio nos ha presentado tres personajes: la samaritana, el ciego de nacimiento y Lázaro muerto y revivido.  Ellos son, como nosotros, seres limitados que se han convertido, sanado y vuelto a la vida gracias al encuentro profundo con nuestro amigo Jesús… También a su alrededor hemos descubierto otras personas, además de la samaritana, que tenían sed de encontrar a Dios, había otros que querían creer; además del ciego de nacimiento, otros ciegos del corazón y la mente; y, hoy, además de Lázaro, otros muertos que necesitaban expandir su fe tradicional para aceptar la Vida traída por Jesús que no depende de la vida o la muerte del cuerpo humano…

En el Evangelio de hoy se nos narra el séptimo y último signo narrado por Juan, la resurrección de Lázaro, este texto desafía tanto nuestros preconceptos sobre la vida y la muerte biológica, como nuestros preconceptos sobre la Vida que Jesús nos trae no sólo para el más allá, sino también para el más acá… Jesús no quiere hacer durar la vida de nuestro cuerpo por una eternidad, no, Él ya nos había dicho que quería que tuviésemos su misma Vida definitiva (5, 24) y que ésta fuese abundante (10, 10)… Las lecturas de hoy nos aclaran que hay otras formas de estar muerto mientras vivimos, por ejemplo, estar sumergidos en el desánimo del destierro y vivir esclavizados por el pecado… Si queremos aprovechar el mensaje de este evangelio, debemos estar abiertos para captar más de un significado en las palabras vida, muerte y resurrección; no es lo mismo hablar de vida del cuerpo que de Vida del espíritu y no significa lo mismo decir que muera nuestro cuerpo o que muera nuestro espíritu… No es lo mismo vida con minúscula que Vida con mayúscula, ni espíritu con minúscula que Espíritu con mayúscula…

El hecho de que vayamos comprendiendo el plan de Dios para nosotros no nos dispensa de sentir miedo o dolor ante la muerte de nuestros seres queridos o la posibilidad de nuestra propia muerte física.  Jesús mismo reconoce y expresa sus sentimientos ante la muerte de su amigo y el dolor de los participantes en su luto; Él solloza repetidamente y llora… Pero, se sobrepone y nos ayuda a percibir que entre los difuntos y los vivos existe una comunión y que ellos han alcanzado una libertad mayor que la nuestra, por eso pide retirar la losa que nos separa y desatarle los pies y las manos… Jesús pronuncia varios mensajes que son más para Marta y los judíos que estaban ahí presentes que para Lázaro… Estos mensajes también son para nosotros… Marta y los judíos representan a quienes se perciben a sí mismos como suficientemente vivos, pero no comprenden el plan que Dios tienen para su vida presente y, por lo tanto, no se preocupan por cultivar una Vida en plenitud, a quienes poseen una fe débil que es derrotada por las circunstancias adversas y empiezan a dudar (“Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano”) o incluso a reclamar (“Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?”)…

La Vida que Jesús nos quiere regalar es para hoy, Él dice “Yo soy la resurrección” en tiempo presente, no dice “yo seré”; la plenitud de Vida que Jesús trae es para ya… Y la tendremos si actuamos como Él actuaba… De alguna manera podemos decir que la plenitud de Vida que Jesús nos propone sólo la podremos alcanzar después de que muramos (cuantas veces sea necesario) a todo lo que nos aleja de su manera de Vivir…

El momento histórico en el que estamos y nuestra propia experiencia nos dan un mensaje muy claro: somos vulnerables, muchas veces se nos ha derrumbado el mundo, se ha desplomado todo a nuestro alrededor y, como Lázaro, hemos dejado que las circunstancias nos confinen a una cueva sellada con una gran roca… Por otro lado, Jesús, como en aquellos tiempos, no viene corriendo a evitarnos el dolor, sino que, aunque le entristece nuestra situación de muerte y llora, espera el momento propicio para mostrarnos la “gloria de Dios” y enseñarnos el ciclo de morir a lo que nos mata y resucitar a su Vida plena con mayor libertad y fortaleza… Además, podemos aprender a ser compasivos con nuestros hermanos, lloraremos con ellos y por ellos, los ayudaremos a tener la Vida de Cristo y construiremos la comunión entre los Vivos y los que se encuentran encerados en los sepulcros…

Insistimos: la fe cristiana en la resurrección no consiste sólo en creer que hay una vida eterna después de esta vida física, eso ya lo creían los fariseos y Marta también, sino en creer que la Vida y la Muerte están ocurriendo ya durante nuestra vida cotidiana… Yo, ¿estoy vivo? ¿En qué se nota? ¿Estoy muerto en vida? ¿Qué me falta para Vivir en plenitud como Jesús me ha enseñado?

TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA SEMANA:

  1. Recuerda y describe alguna vez (quizá ahora mismo) en que te has sentido como “muerto en vida”, es decir, como una persona sin libertad de decisión propia, que se deja llevar por los demás, que se percibe como alguien desagradable, aislado del mundo y privado de libertad…

Ante esta situación responde:

¿Qué tan dispuesto he estado a volver a la vida plena, a quitar las losas que me separan de los “vivos”, a liberarme de mis ataduras y a dejarme ayudar o buscar ayuda?

¿Cómo me ha ayudado el saber que Dios quiere que Viva y que el estilo de Cristo es siempre mi “resurrección”?

¿Qué acciones puedo hacer hoy para salir de alguno de mis sepulcros y Vivir con mayor plenitud?

  • Observa tu entorno y responde:

¿Cuántas personas conozco a mi alrededor que viven estando muertas? ¿Cuántas personas viven esperando que todo sea mejor cuando esta vida termine?      

¿Qué puedo hacer hoy para “contagiarlas” con mi forma de vivir de la Vida que Jesús nos ha querido regalar?

  • En tu oración, repite al Señor como Marta: “Creo Señor”, “Creo en tu resurrección”, “Creo en la plenitud de la Vida traída por ti”, “Creo que puedo vivir tu Vida desde hoy”, “Creo que mi muerte física será un hermoso momento en el que me encontraré con tu misericordia” “Creo que…”

 (Si esta ficha te ayuda, compártela)

Esta ficha, así como las de los domingos anteriores, la puedes encontrar en arquimediosgdl.org.mx, pestaña de “formación” y “desarrollo espiritual”.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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