Home / Contigo en casa / ¿A qué soy capaz de renunciar para seguir a Jesús?

¿A qué soy capaz de renunciar para seguir a Jesús?

XXVIII DOMINGO del TIEMPO ORDINARIO

Jesús nos invita a confiar sólo en él y a seguirlo

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ NOS DICE DIOS ESTE DOMINGO?

Sabiduría 7, 7-11: El poder, las riquezas, las piedras preciosas, el oro o la plata, incluso la salud, la belleza y la luz no son nada comparadas con la prudencia y la sabiduría que vienen de Dios…

Salmo 89: Pedimos al Señor un corazón sensato, misericordia, alegría, bondad y que Él haga prosperar nuestras obras…

Hebreos 4, 12-13: La Palabra de Dios es viva, eficaz, tajante, penetrante, juzga nuestros deseos e intenciones… deja al descubierto aquello de lo que hemos de rendir cuentas…

Marcos 10, 17-30: Jesús nos enseña que, para entrar a su Reino y salvarnos, no basta con cumplir los mandamientos sino que hay que desconfiar de nuestras pretensiones de superioridad moral y de las riquezas, deshacernos de ellas y socorrer a los pobres… Además, Jesús nos mira con amor y nos pide que, confiando sólo en Él, seamos generosos y lo sigamos…

REFLEXIONEMOS:

[Hoy se nos propone en el evangelio uno de los textos más difíciles de comprender y de vivir.  Cuando Jesús ya estaba cerca de Jerusalén, donde culminaría su misión, le salió a su encuentro un hombre rico y buen judío (cumplidor de la ley) que le preguntó sobre qué debía hacer para seguir siendo beneficiado en el más allá… Jesús lo miró con amor, le propuso una revisión de los mandamientos que tratan del cuidado y amor al prójimo, que compartiera sus bienes y que lo siguiera para entrar en el Reino y para que pudiera salvarse… Sus apegos le impidieron aceptar el desafío y se fue triste…

Para los judíos, la riqueza era entendida como un signo de la bendición de Dios, pero, para Jesús, es un peligro que dificulta la salvación… (Judaísmo y cristianismo no son lo mismo).

La invitación para aquel hombre es a que confíe más en Jesús que en sus bienes materiales y a que lo siga en lugar de que sólo cumpla la ley externamente… ¡Qué difícil confiar en Jesús y seguirlo cuando se acerca a su muerte!

Antes de conocer a Jesús, aquel hombre ya era feliz, pensaba que lo tenía todo material y “espiritualmente”,  sólo quería saber, como ya dijimos, qué debía hacer para asegurarse la felicidad también en la otra vida… Jesús le hace ver que le falta algo: “ver” a sus prójimos, compartir ellos, dejar de pensar en su salvación egoísta y vivir como él…

Aquel hombre no sólo estaba apegado a sus riquezas materiales sino que también estaba convencido de su bondad y se creía con derechos ante Dios… Jesús lo invita a descubrir que seguirlo es mucho más que cumplir ciertas reglas y que seguirlo a él no nos hace mejores que los otros sino diferentes, más comprometidos…

Una vez más, los discípulos no entienden, siguen pensando que es imposible subsistir sin seguridades…

Es que el problema no son las riquezas en sí mismas sino el ego que busca seguridades para el más allá y el más acá… La meta propuesta por Jesús es que superemos el egoísmo entregándolo todo al bien integral del otro…

Algunas trampas que se nos pueden presentar en la aplicación de este mensaje:

a)     Pensar que si somos pobres nos salvaremos (y que los ricos se condenarán) automáticamente, porque no es la pobreza material la que nos hace entrar al Reino sino el amor al prójimo y el seguimiento del estilo de vida de Jesús.

b)     Convencernos de que Jesús sólo nos pide “pobreza de espíritu” (aunque nadie entiende lo que esto pueda ser).  Creer que basta con llevar una vida “religiosa” y hacer “caridad” con los pobres.  Lo que Jesús pide es que renunciemos a todo tipo de seguridades y que confiemos en él.

c)     Pensar que sólo debemos deshacernos de la riqueza si la adquirimos de forma injusta.  Recordemos que legal y justo no son lo mismo.  Las leyes, en general, favorecen la acumulación de riquezas en las manos de quienes las formulan.

d)     Creer que son posibles dos tipos de cristianismo: Uno para los que están obligados a seguir los consejos evangélicos (y que, por supuesto, tienen más derechos ante Dios por ser perfectos) y otro para aquellos a los que no les obligan y pueden vivir sin buscar la pobreza voluntaria, la renuncia a las seguridades materiales ni la caridad humanizadora.

Jesús nos invita a seguirlo en libertad para ser plenamente humanos como él.  Si nos sentirnos apesadumbrados por “tener” que renunciar a cosas materiales o falsas seguridades emocionales es porque, como ese hombre (joven) rico del evangelio, aun no estamos convencidos de que sea sensato vivir al estilo de nuestro amigo Jesús y si experimentamos tristeza en la renuncia, nos quedaremos (tristemente) en la mediocridad sin importar cuánto nos ame Jesús…]

Las lecturas de hoy nos invitan a darnos cuenta de que, dentro de cada uno de nosotros, se da un combate entre dos bandos opuestos: por un lado, la confianza en las riquezas materiales y las seguridades humanas y, por el otro, la búsqueda de la sabiduría que viene de Dios… Riqueza/poder vs. Sabiduría… ¿En dónde pongo mi corazón: en la confianza que me dan las riquezas y el poder o en la sabiduría que aprendo de estar cerca de Dios y de su Palabra?

Comencemos descubriendo los dones y limitaciones que la riqueza pretende darnos y los dones de la Sabiduría… Haz dos listas:

•      una de lo que te regala la riqueza material, la fama y el poder, la belleza, la salud, el creer que ya eres suficientemente bueno…

•      otra de lo que te regala la Sabiduría que viene de Dios…

Constata también que la riqueza no nos regala la sabiduría y que la sabiduría sí nos regala otro tipo de riqueza…

En la situación que vivimos en nuestros agitados días, con todos nuestros compromisos familiares, laborales, sociales, podemos quedar absortos y asfixiados… necesitamos entrar en nuestro interior, en nuestro corazón, rescatar momentos de silencio para encontrar un sentido más profundo a nuestra vida y proyectar acciones sabias que nos lleven a construir familias y grupos más sanos e integrados… Debemos cultivar el hábito de la reflexión, así podremos cosechar perlas de sabiduría en todas nuestras experiencias… aún de nuestros errores…En esos momentos de interiorización descubriremos lo que nos despersonaliza y lo que nos hace crecer; así podremos descubrir el sentido inmediato de las cosas y los valores trascendentes… percibiremos la vida, y nuestra misión en ella, con mayor sensatez… Por eso la sabiduría es muy importante, ¿quiero adquirirla?  ¿Cómo le puedo hacer para cultivarla?

Sólo siendo reflexivos entenderemos que no debemos esforzarnos únicamente por alcanzar las cosas materiales y con aparentar cumplir las obligaciones y ritos religiosos para tranquilizar nuestras conciencias sino que hemos de vivir los valores del Reino, compartir lo que somos y tenemos y “seguir” el estilo de vida de Jesús… ¿Me dedico concienzudamente a buscar y cultivar la sabiduría?  ¿Me dejo transformar y mover por ella para crecer integralmente?  ¿Percibo si la sabiduría me está ayudando a ser como Jesús?

La sabiduría que Dios nos quiere dar es una invitación a “soltar” nuestros apegos… El hombre rico que se acera a Jesús en el evangelio de hoy no quiso desprenderse de su apego al dinero y a la falsa imagen de gente buena que tenía de sí mismo, prefirió seguir confiando en sus seguridades y no aceptó seguir a Jesús y cultivar su sabiduría; el Señor quería sanarlo, pero él no pudo vislumbrar la “riqueza” que Jesús le ofrecía y se quedó triste… Ante la invitación libre y liberadora del Señor él decidió estancarse… Tal vez pensemos que no estamos apegados a los bienes materiales o que no poseemos tanto para aferrarnos a ello… pero, podemos estar apegado al poder, a la fama, a la búsqueda de la belleza o la salud por encima de todo… ¿Qué respuesta le doy yo a mi amigo Jesús este día en que me invita a liberarme de lo superfluo, a ver por mis hermanos y a confiar en Él para seguirlo?

En nuestros días, tal vez nosotros no nos sintamos llamados a vender todo y regalar todo nuestro dinero, pues tenemos responsabilidades contraídas previamente… El reto comienza por no dejarnos absorber por la rutina del día a día y conseguir tiempo para Dios, para reflexionar su Palabra, para hacernos más sabios y poder darle un nuevo sentido a lo que hacemos y a la forma egoísta en que vivimos… Luego vendrá el salir de nuestros límites y el encontrar la verdadera felicidad del evangelio…

La sabiduría que adquiramos con la reflexión nos ayudará a tomar las decisiones adecuadas para construir un “yo” auténticamente humano, que sea capaz de escucharse a sí mismo, a los prójimos, al mundo y a Dios, para descubrir cómo conseguir una vida terrenal auténticamente humana y también la vida eterna…  Un “yo” que me ayuda a armonizar mi mundo interno y externo en el reino de Dios…

Al “joven rico” sólo le faltaba una cosa para alcanzar la vida eterna… ¿A mí, cuantas me faltan?

PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS, TE PROPONEMOS ALGUNOS EJERCICIOS PARA ESTA SEMANA:

1.     Date cuenta de cuáles son las necesidades que sientes en estos días de tu vida… ¿son auténticamente mías o me las despertó la publicidad o la sociedad competitiva y de consumo?

Al buscar satisfacerlas, ¿estoy creciendo integralmente y ayudando a crecer a quienes me rodean?  O, ¿sólo me ayudan a construir una imagen de pantalla?

2.     En tu oración de esta semana pide a Dios que su Sabiduría te ayude a crecer en tu proceso de llegar a ser una persona libre de apegos, que confíe en Dios y que lo siga…

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

Revisa También

Celebración de la Palabra ¿Cuál es mi misión en la vida?

Ofrecemos un esquema para realizar una celebración familiar o grupal, sin la presencia del presbítero, …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *