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¿Aceptas ayudarle a Dios?

XV DOMINGO del TIEMPO ORDINARIO

Los discípulos curaban a los enfermos y testificaban el poder de Dios sobre el mal

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE DOMINGO?

Amós 7, 12-15: Dios llama a Amós, a pesar de que no hay tradición profética en su familia, a proclamar su exigente mensaje a un pueblo autosuficiente que le rinde un culto de simple palabrería… Así nos llama también a nosotros…

Salmo 84: Las Palabras del Señor son de paz, misericordia, salvación, justicia, bondad… Hemos de aceptarlas y proclamarlas para dar frutos de justicia y fidelidad…

Efesios 1, 3-14: Dios siempre ha tenido un plan de amor para nosotros: Hacer que todas las cosas tengan a Cristo por cabeza y que seamos herederos con Él… Hemos de creer en su Palabra y ser marcados por el Espíritu… Jesús es una bendición para nosotros, fuimos elegidos en él para ser santos, hemos recibido la redención y el perdón de nuestros pecados, nos ha dado gracia, sabiduría e inteligencia…

Marcos 6, 7-13: Jesús envía a los doce (y a nosotros) con poder para superar al mal, a anunciar la conversión, a ungir y a curar a los enfermos… Nos indica que no confiemos en nuestros recursos materiales sino en el poder que él nos da, en nuestros hermanos y en la caridad de las personas que encontramos en nuestra misión…

REFLEXIONEMOS:

[El evangelio de hoy sigue al del domingo anterior.  Pero, es importante que notemos un cambio de estrategia en el ministerio de Jesús.   Después del rechazo de las autoridades, sus familiares y sus paisanos, él no disminuirá su actividad, por el contrario, va a aumentarla con la colaboración de sus discípulos, de esta forma llegará a más personas que no estén viciadas por los centros de poder comercial, civil y religioso… Quizá también para que sus discípulos y apóstoles vayan practicando antes del envío definidito que vendrá después de la resurrección, a partir de ahora los involucrará en su misión enviándolos a preparar el terreno a los pueblos a los que él planeaba ir.

De aquí en adelante la nueva familia de Jesús ya no será sólo espectadora sino que colaborará en la misión del Maestro que los ha llamado para estar con él y para enviarlos a predicar.  Así lo hacen notar también los otros sinópticos.

Deben ir manifestando común-unidad (de dos en dos), desprendidos de los bienes materiales (confiando en Dios y en las personas) y, mientras testifican la Buena Nueva y la proximidad del Reino,  irán ayudando a las personas a tornarse más humanas (liberándolas del poder del mal y de la enfermedad)… El mensaje de Jesús es mucho más que una doctrina, es una manera de vivir…

En este evangelio aparecen las características de los llamados y de los envíos de todos los tiempos.  También los nuestros.

En las tres lecturas de hoy aparecen muy claramente la elección y la misión.]

Dios nos ha salvado, consolado, curado… Pero también nos envía a guiar, orientar y “curar” a una sociedad que parece estar sorda a su voz… Una sociedad que busca que las cosas materiales por sí solas le den sentido y significado a sus vidas…

La Palabra de hoy nos invita a darnos cuenta de cómo estamos debatiéndonos entre lo material y los valores espirituales, de que muchas veces nos falta confianza en Dios y en nuestros hermanos… ¿Qué nos gusta de estar cerca de Dios?  ¿Quiero sus dones o lo quiero a Él?  ¿Quiero que me solucione la vida o quiero ayudarle a salvar a un mundo que lo rechaza y que algunas veces ni siquiera quiere curarse?

Jesús nos envía a “curar”.  A veces entendemos esta palabra sólo como sinónimo de sanar, pero tiene también otro significado más profundo: “cuidar”… (Así, por ejemplo, se habla del “curador” de un museo o del señor “cura”)… En este sentido podemos reflexionar sobre cómo hemos de cuidar/curar nuestra dimensión espiritual, salud integral, relaciones humanas… cuidarlas según la enseñanza de Dios en su palabra para irnos librando del poder del mal…  Y, desde este cuidado, podemos pensar en cómo ser un profeta que sea luz para nuestros hermanos; podemos ayudar con nuestro ejemplo a que las personas se vayan “curando”/cuidando del materialismo y consumismo y que se vayan acercando a este Dios que también los llama por amor para amar y servir… ¿A quién puedo ofrecerle respuestas desde la plenitud de mi vida en Dios?  ¿Voy curando o voy enfermando y destruyendo por donde paso?  ¿Con quién/es hago equipo para cuidar de mi entorno?

Los profetas/discípulos/misioneros de la actualidad somos enviados a liberar al mundo de las nuevas esclavitudes… ¿Cuáles son las esclavitudes actuales?  ¿Adicciones?  ¿Tecnología?   ¿Moda?  ¿Posesiones materiales?  Etc… Nuestro mundo es víctima de variadas esclavitudes… Hemos de detenernos, observar, acercarnos a Dios y escuchar su palabra que nos libera… ¿Acepto a Dios en mi vida y me convierto?  Una vez realizado mi propio proceso y aceptado la vida comunitaria, ¿quiero ayudarle a liberar a otros?

Hoy se escuchan muchas voces y opiniones; hay mucho ruido a nuestro alrededor… Y, entre todo ese barullo, a veces, ya no distinguimos la palabra de Dios… Necesitamos guardar silencio exteriormente y distinguir las voces en nuestro interior… escuchar atentamente y dejar entrar la voz de Dios en nuestra vida… La palabra de Dios no debería ser una opinión más entre otras… ¿Me doy espacios y tiempos para reflexionar y tomar decisiones?  ¿Consigo descubrir la voz de Dios que me llama a profetizar y me envía a curar/cuidar a mis prójimos?  Puede resultar muy impactante saber que Dios quiere ser ayudado por mí… ¿Acepto ayudarle a “curar” al mundo?  ¿Me capacito para entender la Biblia como palabra de Dios?

Debemos convencernos de que ser discípulo de Jesús no es un privilegio sino un compromiso y de que seguirlo es aceptar su misión.  La eficacia de la Iglesia hoy depende de la conversión de cada creyente, de su relación de absoluta confianza con Dios, de su libertad personal, de la superación del mal en su vida, de cómo ayude a quienes están a su alrededor a liberarse de las ataduras del mal y de cómo y qué comparte con sus hermanos.  Los buenos discípulos dan ejemplo con su vida de que Reino ya ha llegado… ¿Cómo y en dónde acepto colaborar en la misión a la que Jesús me envía?  ¿Cómo me preparo personalmente para ser su discípulo misionero?

Terminamos citando a la mística judía holandesa Etty Hillesum, que, sumergida en los horrores del campo de concentración y sabiendo ya su inevitable destino, escribió: «Una cosa se hace cada vez más evidente para mí, y es que tú, Dios mío, no nos puedes ayudar, sino que nosotros tenemos que ayudarte a ti, y así nos ayudaremos a nosotros mismos.  Lo único que podemos salvar en estos tiempos, lo único que realmente importa, es tener una pequeña parte de ti en nosotros… Nos toca a nosotros ayudarte a ti, defendiendo hasta el final tu casa en nosotros».

PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS, TE PROPONEMOS ALGUNOS EJERCICIOS PARA ESTA SEMANA:

1.     Haz, cada día, espacios de silencio para escuchar tu voz interior sobre los temas desarrollados en esta reflexión…

Escribe: ¿De qué me voy dando cuenta?

¿Qué me dice Dios de todos esto?

2.     Observa a las personas cercanas a ti…

¿En qué actividades procuran saciar su sed de felicidad?  ¿En las compras?  ¿En el entretenimiento, los espectáculos, el cine, la TV, Etc.?

Obsérvate a ti mismo también… ¿Estoy en el mismo nivel que ellos?  ¿Encuentro felicidad y sentido a mi vida en Dios, en su palabra y en la misión que Él tiene para mí?

¿Cómo puedo ayudarle a Dios siendo su profeta/apóstol en favor de los demás?

3.     Durante la semana, relee cada día la Palabra de este domingo y fíjate en las frases que más te llamen la atención y en la relación de unas con otras…

¿Qué me estará diciendo Dios a través de estas ideas?

Haz oración sobre estos temas…

Luego, toma decisiones… y sigue hablando con tu amigo Jesús…

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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