Home / Contigo en casa / ¿Cómo es que el amor de Dios me ayuda a amar a mi prójimo?

¿Cómo es que el amor de Dios me ayuda a amar a mi prójimo?

II      DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

JESÚS, EL ESPOSO AMOROSO Y SERVICIAL DE LA IGLESIA

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE DOMINGO?

Isaías 62, 1-5: Dios es como un joven enamorado de su pueblo, se casa con él, por eso está siempre dispuesto a perdonarlo y a ayudarle a ser justo… Dios es el esposo de nuestras almas…

Salmo 95: Cantemos al Señor… proclamemos su amor día tras día… Él gobierna con justicia…

1 Corintios 12, 4-11: Dios suscita en la iglesia diferentes dones, servicios y actividades para el bien común…

Juan 2, 1-11: La mirada atenta de María la madre de Jesús descubre que falta el vino del amor en una boda… Jesús, el novio, realiza su primer “signo”: convertir el agua de la antigua ley en vino de salvación, así trae plenitud de vida y felicidad…

REFLEXIONEMOS JUNTOS:

[Meditamos en la tercera epifanía, por eso leemos a Juan que es el único evangelista que nos cuenta sobre estas bodas.  En Juan no podemos separar la narración – una intervención de María y Jesús en favor de unos novios en Caná – de su contenido teológico, su significado espiritual y su simbolismo.  Juan no nos narra lo que parece que pasó sino que trata de comunicarnos lo que “realmente” aconteció para nuestra fe.

Hay dos claves para entender este texto: Un trasfondo del Antiguo Testamente y la frase con la comienza “a los tres días”, es decir, la hora de la glorificación de Jesús en la cruz.

Fijémonos en algunos símbolos:

•      La boda.  Desde Oseas, la alianza entre Dios y su pueblo se describe como una boda y un banquete suculento y con vino, símbolo del amor y el favor de Dios por sus elegidos.

•      La madre de Jesús.  María y Jesús no aparecen en esta narración tan sólo por su familiaridad.  María representa lo mejor de la Antigua Alianza, al verdadero Israel que espera la liberación del Mesías y Jesús y sus discípulos representan al nuevo pueblo de Dios.

•      El vino.  Es símbolo del amor entre los esposos y, si la boda es entre Dios y su pueblo, quiere decir que en el Antiguo Testamento faltaba amor.  Por eso es que la madre-“mujer” se da cuenta de que falta ese ingrediente fundamental y lo pide a Jesús: “no tienen vino”.  Jesús es el único que puede aportar el amor que salva verdaderamente.  Pero Jesús se resiste a remendar la Alianza Antigua que ya estaba caduca e invita a esperar una salvación que no es inmediata y que comenzara en la hora de la cruz.  (El que Jesús llame “mujer” a María, su madre, no es ofensivo, recordemos que también llama así a la samaritana y a la magdalena.  Tres mujeres-símbolo).

•      “Hagan lo que él les diga”.  El faraón ordenó a los servidores: “hagan lo que él (José) les diga”.  El pueblo dijo en el Sinaí: “haremos todo lo que dice el Señor”.  El secreto del éxito en la relación entre Dios y su pueblo-esposa consiste en se descubra y se cumpla su voluntad.

•      Las tinajas.  Eran seis, numero incompleto.  Juan nos habla en su evangelio de seis fiestas de los judíos y la séptima es la Pascua de Jesús.  Eran de piedra como las tablas de la antigua ley.  De piedra, sin misericordia, sin amor.  Estaban vacías, ni siquiera tenían agua para purificar.  Representan un sistema de purificación ineficaz.  Su presencia vacía hace sentirse sucio a quien las ve.  Sólo Jesús ofrece una salvación verdadera que no depende del cumplimiento de la ley.  Es importante notar que el vino no aparece dentro de las tinajas…

Cuando el “agua” es probada por el maestresala se da cuenta que ya no se trata de agua para lavar el exterior sino de un vino nuevo que transforma desde el interior; sólo lo aprecia hasta que lo prueba.  El maestresala, que ni siquiera se había dado cuenta de que faltaba el vino, representa a las autoridades religiosas a las que no les importaba que el pueblo no experimentara el amor de Dios.  En cambio, los sirvientes sí que reconocieron el don de este amor que salva.  La actitud del maestresala de no aceptar la excelencia de este vino que se ofrecería en un tiempo no habitual y que no puede creer que lo nuevo es superior a lo antiguo representa a aquellos que se cerraron al mensaje de Jesús.

•      En el último versículo, Juan aclara que esta narración inicia una saga de siete “signos” que se van a desarrollar en su evangelio.  Así podemos entender que los restantes signos se deberán comprender a la luz de éste.  Este primer signo ha sido toda una epifanía.]

En el evangelio de hoy se nos narran acontecimientos peculiares que sucedieron durante una boda en Galilea…  De entrada, llaman la atención dos detalles: no previeron bebida suficiente para todos los invitados durante la fiesta y no se mencionan los habituales protagonistas de un evento así, el novio y la novia… A primera vista, los protagonistas en esta narración serían María y Jesús, pero a Juan no le interesa contarnos sólo una historia sino compartirnos enseñanzas sobre un tipo de amor que se puede recibir practicar como don y que salva…

A la luz de las lecturas de este día reflexionemos sobre nuestra capacidad de relacionarnos amorosamente con Dios y con los demás… Sólo quien es capaz de percibir el amor y de relacionarse profundamente desde él será capaz de salir de su “yo” individualista y trabajar para construir con alegría un “nosotros” comunitario…

La primera lectura nos presenta un Dios que ama a su pueblo y se entrega a él como un novio que se casa con su amada: le entrega su cuerpo, su mente y su alma; es una relación total y envolvente en la que Dios acepta a su pueblo como es, sin disfraces, con sus debilidades, vulnerable… El amor de Dios nos invita a abrirnos confiadamente a él, a dejarnos tocar por él, a sentirnos amados por él, a dejarnos transformar por aquel que aun conociendo nuestras debilidades nos toma y levanta en sus brazos… Somos seres para la comunión… Y a partir de esta relación de amor con Dios hemos de abrirnos a nuestros hermanos… Dios nos “toca” para que seamos capaces de “tocarnos” unos a otros; Dios nos acepta y nos sana para que seamos capaces de aceptar y de sanar; nos devuelve la dignidad para que seamos capaces de vernos inocentes unos a otros y podamos crecer y danzar y servir y cantar en una fiesta sin fin… ¿Cómo vivo yo la apertura al amor de Dios? ¿Me siento amado por Dios? ¿Creo que convivir con los demás es una oportunidad para amar festivamente?

María, aparece hoy como una madre-mujer de ojos atentos que descubren las necesidades específicas de los otros y así puede servirlos de formas muy concretas… Ella ve más allá al descubrir lo que se necesitaba en esa fiesta y va más allá al colaborar para conseguirlo… María no supone que sabe lo que hace falta o que ya está realizando lo que le corresponde; “descubre” la falta de vino, piensa en las consecuencias y busca las soluciones… ¿Yo actúo como María en relación a mis prójimos carenciados?

Jesús aparece como un hombre que es capaz de quebrantar sus propios planes con tal de ayudar… Hace entrar a aquella gente en los nuevos tiempos mesiánicos… Por su flexibilidad es capaz de hacer sentir la felicidad y el amor de Dios en la fiesta de la vida… Tú y yo, ¿a quién, cómo y cuándo servimos? ¿Estamos dispuestos a salir de nuestras rutinas y planes?

Esto del amor a Dios y al prójimo no es algo teórico ni privado.  En la segunda lectura se nos habla de cómo construir el bien común en el Cuerpo de Cristo… Cumplir lo que hoy nos enseña Pablo supone de nuestra parte, entre otras cosas, la capacidad de integrarnos en proyectos comunes para realizar los planes de Dios, respeto por los dones y carismas de los demás, humildad para sentirnos parte y no más grandes que todo el cuerpo de Cristo, aceptación de las necesidades de los demás, capacidad de descubrir las cualidades de otros, etc.… Sólo el cultivo del amor auténtico nos hará poner nuestros dones al servicio de los demás para que nuestra Iglesia sea la esposa luminiscente de Cristo…

TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA SEMANA:

1.     Recuerda las características más valiosas que has experimentado en tus relaciones amorosas y de amistad… ¿Cuáles de estas características puedo aplicar en mi relación con Dios?

2.     Piensa… Cuando se trata de ayudar a otras personas, ¿las ayudo en lo que yo quiero o en lo que ellas necesitan específicamente?

3.     Revisa tu historia de vida y reflexiona en tus temores en relación a abrirte a los demás y vivir la comunión… ¿Me siguen afectando en mi vida presente?

4.     Haz un examen de conciencia sobre tu capacidad de trabajo en equipo y en comunión… ¿Soy capaz de comunión en al amor?

5.     Durante esta semana, en tu oración:

•      pide purificación de tus recuerdos de experiencias dolorosas y sanación para que seas capaz de vivir la comunión según el proyecto de Dios…

•      aprende de tu amigo Jesús a servir mejor a tus prójimos, como Dios te pide, llevándoles el vino del amor y la alegría…

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

Revisa También

Preparando mi liturgia: La Ascensión del Señor

VII DOMINGO DEL TIEMPO DE PASCUA Pbro. J. Jesús Suárez Arellano (Nota: Seguimos la serie …