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¿Cómo podría yo demostrar que amo a Dios y a mis hermanos?

VI DOMINGO DE PASCUA

EL QUE AMA A DIOS CUMPLE SU PALABRA

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE SEXTO DOMINGO DE PASCUA?

Hechos 15, 1-2. 22-29: Se realizó el primer concilio de Jerusalén para resolver una cuestión grave y urgente: algunos querían obligar a los paganos que se convertían al cristianismo a que primero se hicieran judíos. Pero, el Espíritu Liberador hizo entender a la iglesia que no tenía que ser así…

Salmo 66: El Señor ofrece a todas las naciones de la tierra sus bendiciones, su palabra, su juicio y rectitud, su salvación…

Apocalipsis 21, 10-14. 22-23: San Juan ve la Nueva Jerusalén, es decir, la Iglesia, que desciende del cielo, luminosa, fortificada, con doce puertas con los nombres de las tribus de Israel, es decir, abierta a todos, y asentada sobre los apóstoles, su templo es la presencia de Dios y del Cordero, la ilumina la gloria de Dios y Jesús resucitado es su antorcha…

Juan 14, 23-29: En la sobremesa de la Última Cena, Jesús nos dice que el amor a él se manifiesta siendo fieles a su mensaje… Quien esto haga será amado por el Padre y se convertirá en morada del Padre y del Hijo y será ayudado por el Espíritu a recordar y comprender todo el evangelio… Además, Jesús no quiere que estemos angustiados ni con miedo, sino que tengamos su paz…

REFLEXIONEMOS JUNTOS:

Si alguien nos preguntara que si amamos a Dios, es casi seguro que responderíamos inmediatamente que sí… pero… el amor al Señor no se limita al cumplimiento externo de ciertos ritos o tradiciones o a pronunciar palabras bonitas (aunque sean oraciones) o a experimentar sólo sentimientos agradables cuando realizamos nuestras devociones o al participar en actos de culto, no, el amor a Dios debe estar enraizado en su misma palabra y debe ser traducido en obras concretas que ayuden y liberen a nuestros prójimos; el amor a Dios consiste en orientar nuestra vida, por amor, a promover la justicia, el bien y el crecimiento del hermano, en contribuir a su salvación buscando lo esencial y dejando de lado lo periférico… Quien actúa así realmente ama a Dios y Dios no sólo lo ama sino que habita en él… Y una comunidad formada por individuos amantes y amados de Dios brillará y será sólida; iluminará y atraerá… Porque una comunidad así es templo de Dios Padre, Hijo y Espíritu… Se deja iluminar y tejer por el Espíritu…

Por otro lado, quienes no aman como el Señor nos enseña, están “fundidos” y confundidos y confunden a los que los rodean sembrando su confusión al rededor suyo… ¿Tengo yo la luz del Espíritu de Dios que me ayuda a ser luminiscente?  ¿Me dejo guiar por el Espíritu de Dios o por el espíritu del mundo?  ¿Puedo decir que yo “amo” verdaderamente a Dios, es decir, cumplo su palabra, me esfuerzo – iluminado por el Espíritu – en comprender la voluntad de Dios en las situaciones que se me van presentando?  ¿Dios habita en mí y se nota en mi manera de ayudar a mis hermanos o les complico la vida aún por motivos morales y “religiosos”?

En definitiva, el amor a Dios y el cumplimiento de su palabra bien entendida – con del auxilio del Espíritu Santo – no se pueden separar… Si entre nosotros es verdad aquello de que “obras son amores y no buenas razones”, en el caso del amor a Dios también lo es…

En la primera lectura de hoy se nos invita a “evolucionar” en la fe… Se nos narra cómo algunos querían judaizar a los nuevos miembros de la iglesia, es decir, atarlos a leyes y prácticas del antiguo testamento, otros, en cambio – iluminados por el Espíritu – querían liberarlos y comenzar con ellos algo nuevo… Podemos entender y ampliar esta invitación para revisar en qué aspectos de nuestra vida queremos seguir sólo repitiendo viejas prácticas y no nos atrevemos a revisarnos verdaderamente y a renovarnos desde el interior… ¿Soy capaz de cuestionarme para descubrir lo que ya no me sirve?  ¿Puedo soltar ideas obsoletas y responderle a Dios en lo que me pide a través de las nuevas realidades que me envuelven?  ¿Cómo puedo, concretamente, renovar mi fe hoy?  ¿Mis creencias sobre Dios siguen siendo las que me enseñaron cuando era pequeño?  ¿Mis prácticas religiosas son sólo tradiciones externas o realmente me van fortaleciendo y transformando?  ¿Permito que mi fe se desarrolle rompiendo algunos esquemas?  ¿Me analizo a la luz del Espíritu para renovarme?  ¿Me siento estimulado a abrirme a la acción de Dios en diversos acontecimientos?

Nuestra fe personal debe ser un instrumento al servicio de la sociedad y la Iglesia… escuchamos en la primera lectura que “se provocó una violenta discusión”… Somos capaces de esclavizar y matar por nuestras ideas, principalmente religiosas; somos capaces de pelear con los que no piensan como nosotros… Cuando algunas realidades nuevas amenazan nuestras creencias tendemos a encerrarnos y/o a condenar… Necesitamos espacios de reflexión, diálogo y oración… ¿Cómo descubrir los cuestionamientos de Dios en las contrariedades de la vida?  ¿Cómo descubrir que es Dios el que, muchas veces, me pide un crecimiento en mi forma de pensar y de tratar a los demás?  ¿Querrá Dios cuestionarme en los desafíos que se me van presentando?

Jesús, que aparece en el evangelio de hoy como alguien que se está despidiendo y dejando sus últimas consejos y regalos, nos anima a tener valor, tranquilidad y paz a la luz del su palabra y con la ayuda de su Espíritu… Con esta convicción podemos crear una Iglesia que acoja e ilumine al mundo; que no lo condene, sino que lo guíe y lo libere…

Ahora sí, después de esta meditación, ¿puedo decir con certeza que amo a Dios?

TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA SEMANA:

1.     Haz un sencillo ejercicio:

Toma un trozo de plastilina o cera y amásala, haz una figura con este material…

Luego, trata dar forma a algo rígido como una lapicera o un trozo de madera…

Descubre cuáles áreas de tu mente y espíritu son rígidas y cuáles son más maleables…

Date cuenta de cuáles de tus comportamientos son siempre iguales y en cuáles eres flexible… Escribe tus descubrimientos…

¿Ante qué acontecimientos te vuelves rígido?

¿Qué y quiénes te ayudan a ser más flexible?

¿Qué crees que te está pidiendo Dios en este momento de tu vida ante estos acontecimientos?

2.     En tu oración de esta semana, descubre signos de la presencia cercana y comprensiva de Dios en tu vida personal y en la Iglesia… Alégrate por eso… Contagia a los demás de esta alegría ayudándolos a acercarse a este Dios amoroso… Pide al Espíritu que te conduzca para comprender mejor la Buena Noticia y para que puedas promover la paz auténtica que el Maestro nos enseñó…

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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