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Conocer a Jesús, renunciar a mí mismo y seguirlo

XXIV DOMINGO del TIEMPO ORDINARIO

¿Quién soy yo para ti?  Me pregunta Dios ¿Quién soy yo para Dios y para mis prójimos?  Me pregunto yo.

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ NOS DICE DIOS ESTE DOMINGO?

Isaías 50, 5-9a: Isaías ha escuchado la Palabra del Señor y, a pesar de que ha sido probado con diversos sufrimientos, sigue confiando en Dios porque lo defiende y le hace justicia…

Salmo 114: Amo al Señor porque me escucha y me salva, es benigno, justo y compasivo, protege a los sencillos… Caminaré ante él…

Santiago 2, 14-18: Una fe viva debe traducirse en obras concretas en favor del hermano…

Marcos 8, 27-35: Jesús cuestiona a sus discípulos sobre quién cree la gente y ellos que él es.  Pedro confiesa: “Tú eres el Mesías”… En seguida, el Maestro les comparte detalles dolorosos del desenlace de su misión y Pedro quiere disuadirlo de ese camino, por eso, Jesús le dice: “Satanás, tú no piensas según Dios…”  Y, luego, dice a sus discípulos y a la multitud: “El que quiera venir conmigo, renuncie a sí mismo, cargue su cruz y sígame”…

REFLEXIONEMOS:

[En el evangelio, nos hemos saltado las narraciones de la segunda multiplicación de los panes y de la curación del ciego de Betsaida.  El texto de hoy divide en dos el evangelio de Marcos.  Jesús comienza a hablar de un tema nuevo e incomprensible para sus oyentes (y para nosotros), el de la cruz, y también comienza su camino hacia Jerusalén.

Jesús plantea dos preguntas a sus discípulos.  Es obvio que él no necesitaba saber qué pensaban los demás sino que quería ayudarlos a reflexionar.  La respuesta de Pedro parece correcta, pero lo era sólo en parte, pues el estilo de mesías que él intuía no correspondía con el que Jesús les estaba revelando.  Pedro no acepta un mesías derrotado y humillado; no acepta la cruz en su misión.  La visión de Jesús – que busca servicio y no poder, perdón y no venganza – choca con las expectativas de los judíos y de los discípulos.  Pedro le propone un ministerio contrario a los pensamientos de Dios, sin sacrificios y lleno de triunfo, lo mismo que Satanás en la narración de las tentaciones, por eso Jesús lo llama así.  Aclarado quién es él y cómo realizará su misión, Jesús aclara también cómo hemos de ser sus seguidores: personas capaces de renunciar al individualismo y de adoptar la forma de pensar de Dios.

Las preguntas parecen ser: ¿quiénes somos para Jesús?  ¿Cuál es nuestra verdadera identidad?  ¿Cómo podemos alcanzar nuestra plenitud humana?  Las respuestas no son sencillas…  Simplificando demasiado, digamos que los seres humanos evolucionamos por dos mecanismos muy sencillos: evitar el dolor y procurar la satisfacción de nuestras necesidades.  Así nos convertimos en homo sapiens, pero sólo con esos dos mecanismos no podemos ser cristianos.  Y, básicamente, eso es lo que quería Pedro y lo que buscamos para nosotros y nuestros seres queridos.  Cuando Jesús nos pide renunciar a nosotros mismos y tomar nuestra cruz, nos está proponiendo que avancemos más en la evolución humana hacia la plenitud, que renunciemos a la mera satisfacción de nuestros impulsos biológicos de supervivencia, a la búsqueda del placer por el placer y al éxito individual y nos propone ser capaces de desgastarnos por los demás… Y no nos está comunicando sólo una idea sino que nos habla de su propia experiencia.  Él vivió así.]

En la primera lectura escuchamos un cántico del Siervo de Yahvé… Un Siervo sufriente y confiante…

Con el Salmo entendemos que, una vez que constatamos que Dios es bueno con nosotros, debemos obedecerlo…

En la segunda lectura se nos invita percibir la vida desde la fe traducida en obras de solidaridad, justicia y amor…

Jesús en el Evangelio, nos invita a tomar nuestra cruz y seguirlo… Quiere que cambiemos nuestra percepción sobre Él y nuestra manera de actuar con nuestros prójimos…

La Palabra de hoy cuestiona, por lo menos, tres “conceptos” básicos en nuestra vida: ¿Quién es Dios para mí?  ¿Para qué sirve el sufrimiento en mi vida?  Y ¿qué obras debo realizar por ser creyente?

En la narración evangélica, aparece San Pedro confesando que conoce a Jesús, pero cuando éste les va explicando algunas implicaciones que no sabían sobre su misión, entonces, aquel no acepta y no quiere seguirlo… Pedro tuvo que hacer un largo proceso para ir aceptando a Jesús como es y no como le hubiera gustado que fuera… Pedro quería un Jesús sin dolor, sin retos, sin cruz… Y yo, ¿cómo me he imaginado que es Jesús?  ¿Corresponde el Jesús de mi cabeza con el Jesús del evangelio?

Hoy, para comenzar, se nos pide clarificar nuestras imágenes de Dios… A veces, la idea que tenemos de Él no corresponde a lo que Él mismo nos ha revelado de sí: ¿Tengo la idea de un Dios que me resuelve la vida, que no me pide nada a cambio de cuidarme y resolverme la vida, que no me “mueve” a ninguna opción y no me hace crecer?  O, ¿tengo la idea de un Dios que me purifica, me enseña, me pide que dé fruto y me quiere llevar a la salvación?

Revisemos, por poner un ejemplo, nuestras motivaciones para rezar o asistir a misa: ¿Quiero que Él me bendiga para que me vaya bien en todo? O, ¿quiero “encontrarme” profundamente con Él y aprender sus enseñanzas y para que me ordene y yo lo obedezca?

Sabemos que aun cuando no nos vaya bien él nos está bendiciendo, porque nos está enseñando cosas…

Cuando juzgamos desde el punto de vista de Dios, el dolor, la enfermedad, la muerte e incluso las injusticias son oportunidades de purificación, aprendizaje, crecimiento y Salvación… Cuando juzgamos con los criterios de los hombres o de Satanás, se entienden como maldiciones y signos de la ausencia o la indiferencia de Dios…

Por eso la fe nos ayuda a valorar la cruz de Cristo y nuestras cruces (y no nos referimos a una relación tóxica, a un trabajo injusto o a una enfermedad mal cuidada) como oportunidades para transformarnos a través de la superación del egoísmo… Por eso, ante la prueba dolorosa, dice el Siervo en la primera lectura: “no he opuesto resistencia ni me he echado para atrás, me he fortalecido… El Señor me ayuda…”  ¿Cómo reacciono ante las adversidades?  ¿Las percibo como castigos y amenazas o como oportunidades?

Sabemos que hay procesos que son dolorosos de vivir y que no pueden ser de otra manera; nos forjan el carácter y nos purifican “como al oro en el crisol”…

Nuestra vida puede hacerse más valiosa y útil cuando pasa por el esfuerzo y el sacrificio… El dolor puede hacernos más fuertes y capaces de empatía y generosidad… Los problemas pueden hacernos más inteligentes… las caídas pueden hacernos más humildes… Las pérdidas pueden despertar en nosotros la gratitud por lo que sí tenemos… Son la cruz que debemos cargar y nos trae la Salvación desde aquí y cada día…

Entender nuestra vida así tiene un maravilloso sentido… Para salvarla hay que ir más allá de la búsqueda inmediata de satisfacciones sensibles o psicológicas y hay que entregarla… ¿Qué prefiero?

Por eso, nuestro amigo Jesús nos enseña a servir como un estilo de vida que nos hará sentirnos útiles, felices e incluidos en el plan de Dios… ¿Quiero dejar de resistirme a la adversidad?  ¿Quiero caminar en la presencia del Señor?  ¿Quiero traducir mi fe en obras a favor de mis hermanos?  ¿Acepto transformarme cargando mi cruz de cada día y caminando por la vida al estilo de Jesús?

PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS, TE PROPONEMOS ALGUNOS EJERCICIOS PARA ESTA SEMANA:

1.     Te invitamos a revisar (y escribir) el concepto de Dios para ti: ¿Quién es Dios para mí?

Al ir descubriendo quién es Dios, también ve entendiendo tu propia identidad y misión: ¿Quién soy yo para Dios?  ¿Quién soy yo para la sociedad y para la iglesia?

(Sólo recuerda que no puedes responder a estas preguntas con teorías sino con vivencias).

2.     A propósito de tomar la cruz y seguir a Jesús… Haz una lista por escrito de tu respuesta a la siguiente pregunta: ¿Qué frutos he sacado de mis experiencias dolorosas luchando contra mi egoísmo y autosatisfacción?

3.     En tu oración de esta semana pide al Señor una mayor comprensión del misterio del sufrimiento en tu vida, especialmente, cuando más te pese la cruz…

También pídele que puedas seguir sus pasos, es decir, su estilo de vida y su entrega constante…

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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