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¿Dejo que la Palabra de Dios actúe en mi vida?

III    DOMINGO

La fuerza de la Palabra

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE DOMINGO?

Nehemías 8, 2-4. 5-6. 8-10: (Parece que este pasaje es el origen de nuestra práctica de proclamar la Palabra en público).  El Pueblo de Dios se reúne por horas para escuchar y comprender la palabra de Dios… Y, aunque el mensaje de Dios puede ser exigente y los mueve a las lágrimas, son invitados a convertirse gozosamente, a festejar y a compartir en el día del Señor…

Salmo 18: La ley del Señor es perfecta, recta, nítida y comunica santidad… Hace sabio a quien la medita con sencillez, alegran su corazón, le dan luz y lo fortalecen…

1 Corintios 12, 12-30: Por el Bautismo, cada uno de nosotros es un miembro del Cuerpo de Cristo… Y cada uno de nosotros, con sus cualidades y funciones, debe contribuir al bien de todos en la Iglesia

Lucas 1, 1-4; 4, 14-21: Lucas expresa su intención de presentarnos una historia ordenada de la vida y ministerio de Jesús para ayudarnos a reconocer la autenticidad de las enseñanzas que hemos recibido… Y lo primero que hoy se nos relata es cómo Jesús, en la Sinagoga de Nazaret, basándose en algunos textos proféticos de Isaías, expone su programa de salvación concreta y liberadora… Y deja claro que en él se cumplen las profecías… Él es la buena noticia y la verdadera libertad… Él plenifica y supera el Antiguo Testamento…

(El próximo domingo veremos el desenlace trágico de este pasaje.)

(Notemos que hasta este domingo comenzamos la lectura semi-continuada del Evangelio de San Lucas que es el que corresponde a los domingos del Ciclo C.  El domingo pasado todavía estábamos en la órbita de la manifestación del Señor.)

REFLEXIONEMOS JUNTOS:

[En el evangelio de hoy aparecen dos partes:

1.     El prólogo: 1, 1-4.  Presenta la intención y el método del autor – Lucas, médico de origen griego convertido por Pablo y, luego, su discípulo y compañero de misión – que ha investigado a testigos fidedignos para reafirmar la fe de quien ama a Dios (Teo-filo).

(Nos saltamos los relatos de la infancia, la predicación de Juan el “Bautizador”, el bautismo de Jesús y su experiencia mística, los cuarenta días en el desierto y las tentaciones.)

2.     El inicio del ministerio público de Jesús: 4, 14-21.  Va enseñando por las sinagogas de Galilea y va a al pueblo donde había crecido.  En la sinagoga, se levanta para leer Isaías 61, 1-2 que dice: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido.  Me ha enviado para dar una buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la liberación a los cautivos y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor, el día de la venganza de nuestro Dios; para consolar a los afligidos”, pero omite la frase “el día de la venganza de nuestro Dios”, así incumple la prohibición de añadir o quitar nada al texto sagrado… Jesús se “atreve” a corregir las escrituras… Esta historia continuará el próximo domingo…

En el judaísmo se distinguían los textos de la Torá/ley y los proféticos.  Se consideraban más sagrados los primeros.  Jesús, en cambio, se basa más en los profetas que en la ley.  Él, movido por el mismo Espíritu que inspiró las escrituras, enseñó apertura al futuro y amplio el concepto de la religión exclusiva para unos cuantos privilegiados y la imagen que sus vecinos tenían de Dios.  Al aplicarse a sí mismo la profecía se declaró “ungido”/mesías, por eso, los veremos sorprenderse y portarse agresivos ya que, como creían conocerlo bien, no son capaces de descubrir su verdadera identidad…

Jesús contrapone las promesas a los hechos: “hoy se ha cumplido”.  Ya nos ha anunciado la buena nueva, ya nos ha liberado y curado, ya nos ha dado su gracia… ahora sólo tenemos que vivir de acuerdo a esta verdad integralmente… Debemos creer en el Dios de Jesús, el que es bueno con los débiles y necesitados…

En Lucas, Jesús comienza su ministerio anunciando gracia y liberaciónPor él comprendemos lo grave que es oprimir a otros o dejarnos oprimir y que hay que liberarnos a nosotros mismos antes de intentar liberar a otros.  Esta misión se logra dejándose conducir por el Espíritu, el mismo que condujo a Jesús y el mismo en el que, según nos dice Pablo hoy, hemos sido bautizado y del cual bebimos para experimentar la comunión sintiéndonos y actuando como lo que en realidad somos: miembros del cuerpo del Señor.  Un cuerpo en el que la diversidad, unificada por el Espíritu, es una riqueza.  Un cuerpo en el que entendemos que la división es una de las mayores opresiones y por eso nos liberamos de ella.

Con estos textos reafirmamos que Dios va en sentido contrario a las ambiciones humanas.  Su buena noticia de salvación/liberación se convierte “mala noticia” para quienes buscan el poder, oprimir a otros, la riqueza mal habida y no compartida, el prestigio, la autosuficiencia.  Éstos llevarán a Jesús a la muerte.

Lo que aconteció en Nazaret nos desafía a reconocer la bondad de Dios en las palabras y los comportamientos de Jesús, a creerle siempre, a seguirlo y a actuar como él promoviendo una sociedad más justa, solidaria y fraterna.]

Hoy, las lecturas nos cuentan que el pueblo lloraba al escuchar la Palabra (primera lectura), nos enlistan una serie de cualidades de la Palabra y lo que provoca en el oyente atento (salmo), nos dicen que Jesús cumple en su vida y ministerio lo que la Palabra anunciaba (evangelio) y nos describen cómo el cuerpo de Cristo se construye poniendo en práctica las enseñanzas de la Palabra (segunda lectura)…

Hoy, proponemos que nuestra reflexión gire en torno a la fuerza que posee la palabra de Dios en nuestras vidas… Diremos de entrada que la Palabra no es sólo para ser escuchada sino también entendida y meditada, hemos de dejar que nos cale interiormente, ha de transformar nuestra manera de sentir y de pensar, nos debe ayudar a encontrar nuestro lugar y a cumplir nuestra tarea en la comunidad para el bien de todos y cada uno de nuestros hermanos… ¿Qué impacto tiene la palabra de Dios, especialmente la que es proclamada y explicada los domingos en misa y compartida en la comunidad, en mi vida de todos los días?

¿Cuál es el proceso mediante el cual la palabra de Dios se puede convertir en nuestra fuerza? Simplificando mucho, podemos decir que son tres pasos: Escucharla, meditarla y practicarla:

1.     Escucharla: Escuchar puede ser nuestra fuerza o nuestra debilidad mortal… Hemos de saber “escuchar” la Palabra, no basta con oírla… Pensemos en un domingo cualquiera en una Iglesia… Mientras se proclaman las lecturas en la misa podremos observar ciertas conductas: Hay quienes ni se deja “tocar” por la Palabra, hay quienes la oyen y la olvidan, hay quienes, se nota, están pensando en otras cosas y preocupaciones… ¿Sé escuchar? ¿Normalmente escucho a mis prójimos? ¿Sé escuchar a Dios? ¿Cuánto alcanzo a retener en mi corazón de lo que escucho de la Palabra proclamada en las celebraciones o leída por mí?

Todos sabemos que, aun estando en la era de la comunicación, muchas veces no sabemos comunicarnos… la comunicación comienza por la escucha… ¿Cómo quiero comunicarme con Dios si ni siquiera lo escucho?

2.     Meditarla: No necesitamos ser muy perspicaces para darnos cuenta que vivimos en una sociedad formada por individuos acelerados que no se dan tiempo para pensar y hacer silencio, para preguntarse si van en la dirección correcta, para evaluar y buscar alternativas más saludables para sus vidas ni, mucho menos, para buscar mejores formas de actuar para el bien de otros… No parecen ser los nuestros unos tiempos propicios para la meditación… Necesitamos hacer un esfuerzo consciente para meditar, para luchar contra el ruido y la dispersión… si no reflexiono, ¿tendré algo valioso en mi corazón y en mis pensamientos para compartir con los demás?

Meditar es difícil porque a veces no hemos aprendido las técnicas adecuadas o no tenemos el hábito de la escucha y el silencio para re-pensar, no nos damos el tiempo y el espacio adecuados o huimos por falsas salidas: pensar que la meditación no es importante, confundirla con erudición o lecturas de autores instruidos en algún tema especial, caer en la superficialidad general o en el activismo, es decir, un afán de hacer y hacer sin detenernos un momento para serenar nuestro espíritu… En general, ¿Sé meditar? ¿Me doy tiempos para meditar sobre la vida que estoy llevando? ¿Medito la palabra de Dios? ¿Comparo mi estilo de vida con el que me propone Dios en su palabra?

3.     Ponerla en práctica: La consecuencia de haber realizado bien los pasos anteriores es la práctica… La Palabra guiará naturalmente los pensamientos y los comportamientos de quien la escucha y la medita; el meditar la Palabra y estar de acuerdo con ella hace que actuemos según sus ideas y enseñanzas… Si alimentamos nuestros pensamientos de la Palabra de Dios actuaremos conforme a ella…

Analicemos nuestra forma cotidiana de actuar: ¿Obtengo buenos o malos resultados en mi vida?

¿Actúo de acuerdo a la palabra de Dios o motivado por otros impulsos y deseos? ¿Qué papel juegan los otros en mis proyectos personales?

La palabra de Dios, escuchada y meditada correctamente, nos llevará no solamente a desarrollar nuestra individualidad correcta y armoniosamente, sino a actuar generosamente en favor de los otros como Jesús lo entendió y lo realizó:

•      Anunciando buenas nuevas a quienes las necesiten,

•      Luchando por la liberación integral de las personas,

•      Ayudando a todos a ver con claridad,

•      Y Proclamando la gracia y la misericordia de nuestro Padre Dios.

Sólo así construiremos y cuidaremos el cuerpo de Cristo desde nuestros carismas y funciones en nuestras familias, en la sociedad y en la Iglesia…

TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA SEMANA:

1.     Te proponemos una sencilla tarea: Piensa en una situación crítica por la que estás pasando…

a)     Escribe qué sensaciones corporales tienes, qué emociones sientes, qué estás pensando al respecto…

b)     Relee lo que has escrito y pregúntate: Lo que voy descubriendo, ¿qué me dice de mí mismo? ¿Qué me dice de los demás? Y ¿qué me dice de Dios?

c)     ¿Qué acciones concretas puedo desarrollar de acuerdo con lo que Dios me ha enseñado en su Palabra?

2.     Durante esta semana, en tu oración, no pidas nada… sólo haz momentos de silencio para escuchar a Dios… “Háblame, Señor, que te escucho…”

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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