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Desarrollo Espiritual: ¿Cómo puedo generar cambios en mí que vayan en la dirección correcta?

III DOMINGO del TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS

RESPUESTA AL LLAMADO: CRECIMIENTO CONSTANTE

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ ME DICE DIOS EN ESTE DOMINGO?

Jonás 3, 1-5. 10: El profeta, que pensaba que la salvación estaba reservada sólo para los judíos, anuncia a los ninivitas el castigo que les espera a causa de sus pecados… ellos creyeron, ayunaron e hicieron penitencia… se convirtieron de su mala vida y Dios tuvo misericordia de ellos…

Salmo 24: Muéstrame, Señor, tus caminos, instrúyeme en tus sendas… para llegar al destino correcto…

1 Corintios 7, 29-31: San Pablo nos invita a que, teniendo en cuenta que la vida es corta, nos convirtamos urgentemente, comenzando por cambiar nuestra manera de percibir la realidad…

Marcos 1, 14-20: Jesús anuncia que el Reino ha llegado por eso debemos convertirnos y creer en su Palabra, además, para poder seguirlo, debemos dejar nuestros proyectos personales para asumir una nueva identidad…

REFLEXIONEMOS:

[Hoy meditamos en la llamada de Jesús a los primeros discípulos a orillas del Mar de Galilea – acontecimiento que para ellos marcó el inicio de una conversión constante y una íntima amistad con Jesús – esto es una oportunidad para renovar nuestro compromiso de seguir y dar testimonio de Jesús a pesar de nuestra propia fragilidad.  Dejemos que Marcos, nuestro guía en el Ciclo B, nos provoque con esta narración para que entendamos que este es el tiempo oportuno, que debemos confiar hoy en la increíble noticia traída por Jesús y que debemos cambiar constantemente nuestra mentalidad según la Palabra de Dios.]

A lo largo de la vida, muchas veces nos descubrimos muy metidos en nuestros sentimientos, en nuestros problemas… como si percibiéramos la vida sólo desde dentro de nosotros mismos… ¿Recuerdas momentos así en tu vida?

Hoy, Jonás nos invita a darnos cuenta de nuestras conductas negativas y a convertirnos.  Y Jesús, por su parte, nos invita a expandir nuestros horizontes y a crecer hasta convertirnos en personas nuevas, con oficios nuevos (“pescadores de hombres”)… Parece que la invitación de estos textos es a que nos demos cuenta de que algunas de nuestras conductas nos están llevando a malos resultados o, mejor, de que podemos dar más y mejores resultados en nuestra vida…

Podemos notar en estas lecturas dos diferentes modos de cambiar:

1) El de los ninivitas fue por miedo a las amenazas de destrucción… ¿De qué situaciones negativas quiero salir? ¿Qué señales me indican que algo debe cambiar?

2) El de los discípulos fue por amor a Aquel que los había fascinado… ¿A dónde quiero llegar en mi vida cristiana? ¿Qué señales me indican que voy por buen camino haciendo nacer y crecer algo nuevo en mi persona, en mi matrimonio o familia, en mi trabajo, en mi espiritualidad, etc.? ¿Qué actitudes nuevas y diferentes debo desarrollar? ¿Qué nuevas conductas debo generar?

San Pablo nos da dos razones para cambiar: 1) El mundo, lo que hacemos y lo que tenemos es pasajero y 2) La vida es corta.  A veces, conviene captar nuestra vida desde esta perspectiva y “tomar distancia” puede modificar nuestro ser y quehacer…

(Necesitamos un conocimiento profundo de nosotros y de nuestras contradicciones… Luego, debemos desarrollar una estrategia para trabajar en un proyecto de vida y, si es necesario, pedir ayuda humana en consejería, terapia o dirección espiritual; también ayuda divina a través de la meditación la Palabra de Dios…)

Todo va cambiando a nuestro alrededor y, sin embargo, a veces, nosotros no queremos ni siquiera adaptarnos sino que queremos seguir inamovibles… Presentamos resistencia al cambio pues no nos parece fácil ni natural que evolucionemos… Con todo, en ocasiones la realidad nos “obliga” a cambiar y este proceso nos llena de angustia y de estrés… Sabemos que deberíamos ser capaces de anticipar y planear las mudanzas que debemos realizar.  Pero, parece que siempre nos repetimos: “más vale malo por conocido que bueno por conocer”… Otras veces, podemos ser presa de nuestros miedos… ¿Puedo decir, sinceramente, que promuevo en mí un proceso de cambio y mejora continua? O más bien, ¿sólo me adapto (lo menos posible) cuando se me presentan crisis o desafíos fuertes o toco fondo?

Nos resistimos al cambio, nos cuesta evolucionar

Sin duda, la conversión es un proceso hermoso y, aunque no siempre es fácil, nos lleva siempre a más y mejor… En el Evangelio, Jesús invita a los discípulos a transformarse de pescadores de peces a pescadores de hombres… algo en parte igual y en parte diferente… A mí, concretamente, ¿en qué me quiere convertir? ¿Cómo puedo seguir siendo yo mismo pero en una versión mejorada? ¿Qué me pide este evangelio y cómo le respondo?

Todo cambia siempre y, por tanto, siempre (para bien o para mal) estamos cambiando nosotros también… pero, ¿soy yo quién controla o decide los cambios? ¿Llevo alguna dirección en estas mudanzas o sólo doy vueltas sin sentido? ¿Soy consciente y responsable de esta transformación? ¿Yo cambio la vida o la vida me cambia a mí?

Sin duda, puedo descubrir que no todos los cambios que he hecho hasta ahora son positivos ni para mí y los que me rodean… ¿Qué puedo hacer hoy para corregirlos? ¿Qué necesito para ir en la dirección correcta que Dios me marca para mi felicidad y la de aquellos que Dios ha puesto cerca de mí? ¿A dónde quiero llegar en mi vida?

Puede ser que alguna de las siguientes palabras te inspiren para pensar en ti y en tu proceso de vida con Cristo… repítelas lentamente: Conversión, transformación, mutación, cambio, evolución, mudanza, metamorfosis… metas, objetivos, proyecto de vida…

Finalmente, recuerda algún momento en que te has encontrado a tu amigo Jesús y has sentido su llamado para ser su discípulo misionero… ¿He sentido su amor?  ¿Con qué actitud he respondido?  ¿Cómo colaboro para que Jesús se encuentre con otras personas y las llame a su servicio?  ¿Qué tengo que cambiar en mí para ser cada día más fiel a la llamada que he recibido y a la misión que se me confió?

TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA SEMANA:

1.     Date cuenta de que a veces estás envuelto y apretado por el torbellino de tus emociones o pensamientos y sólo te percibes desde dentro de ti mismo… y de que, otras veces, puedes percibirte desde afuera, con calma, como tomando distancia de ti mismo y con neutralidad, como si observaras a otra persona…

Practica conscientemente este ejercicio varias veces: percibe tus emociones, pensamientos y acciones desde estas dos perspectivas…

Esto te dará muchos aprendizajes y libertad…

¿Qué aprendes de la persona que eres y de la que quieres llegar a ser?

2.     Para que puedas descubrir tu necesidad de cambiar y la dirección en la que debes ir, te sugerimos que registres por escrito cinco emociones, cinco pensamientos y cinco sensaciones corporales que te están invitando a mejorar algo en tu vida… ¿De qué te das cuenta? ¿Qué harás con esta información? ¿Esto que descubres te ayuda a ir clarificando más los objetivos de tu vida?

3.     Revisa algún aspecto en el que has ido cambiando a lo largo de tu vida.  Anota los resultados que has obtenido¿Has cambiado porque tú lo decidiste o porque te fue impuesto fuertemente por las circunstancias? (Por ejemplo, el internet y las redes sociales, ciertos cuidados de salud después de una enfermedad, situaciones económicas, problemas familiares, por quedar bien, etc.).

¿Qué aprendes de ti mismo? ¿Qué quieres para tu futuro próximo y distante?

4.     Pide a Dios la gracia de seguir creciendo y respondiendo libre y responsablemente a tu vocación a la felicidad y a la santidad… Imagina, como en una película, cómo serás cuando hayas incorporado en tu ser y actuar todo lo que has aprendido con esta reflexión y estos ejercicios… Pide la bendición de Dios para este proyecto…

También puedes ir rezando y personalizando la siguiente oración:

“Señor Jesús, aquí estoy, me invitas a dejar mis redes y seguirte.  Millones de personas necesitan escuchar tu palabra.  Me invitas a ser un pescador de hombres con creatividad y entusiasmo, con iniciativa y riesgo, con valor y audacia.  Reconozco que no siempre he tenido la voluntad de dejar lo que es un obstáculo para seguirte con total disponibilidad.  Sin embargo, te estoy infinitamente agradecido por tu llamado.  Deseo conocerte cada vez más, para que tu criterio ilumine y guíe mis pensamientos, intenciones y acciones.  Dame la pasión que necesito para darte a conocer a todas las personas con las que estoy en contacto cada día.  Sólo deseo que los demás, cuando me miren o me escuchen, puedan descubrirte, Jesús, pescador incansable de seres humanos”.  Amén.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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