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Dios nos quiere siempre abiertos para caminar y crecer

II DOMINGO DE ADVIENTO

¿Experimento la necesidad de acercarme a Dios y a su Salvación?

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO?

Baruc 5, 1-9: El pueblo de Israel se convertirá en signo radiante de la salvación de Dios mientras vuelve del destierro… Dios le prepara el camino, lo guía y lo protege de vuelta a su tierra y a él mismo…

Salmo 125: El regreso del cautiverio provoca alegría, cantos y admiración por la acción de Dios a favor de su pueblo; él lo hace florecer y fructificar…

Filipenses 1, 4-6. 8-11: Pablo agradece muy afectuosamente a los filipenses su compromiso con el evangelio y les pide crecer en el entendimiento y amor por los auténticos valores, para que sean limpios, irreprochables y den frutos de justicia…

Lucas 3, 1-6: Las intervenciones de Dios se dan en la Historia concreta… Juan el Bautista anuncia cómo debemos preparar el camino para que Jesús pueda venir y traernos su salvación…

REFLEXIONEMOS JUNTOS:

[Parece que Juan, el “butizador”, influyó mucho en la religiosidad del tiempo de Jesús.  Incluso él se sintió atraído por su mensaje y acude a “bautizarse”… Los cuatro evangelistas indican la importancia de Juan como precursor y la superioridad de la persona y del mensaje de Jesús presentado como aquel que había de venir a restaurar-salvar a su pueblo.

El evangelio de hoy está tomado del principio del capítulo 3 de San Lucas.  Hasta ahora, nos había hablado, con el lenguaje teológico de la época, del nacimiento y la infancia de Jesús.  Ahora, quiere situar históricamente su narración, como para significar que la salvación está destinada a personas concretas y que es anunciada por alguien, muy concreto también, Juan, que vive en el desierto, alejado de los centros de poder y de influencia de la época, no es un sacerdote pero le es dirigida la Palabra y comienza proponiendo un cambio de actitud en relación a Dios y a los demás.  Desde ahí su mensaje se extenderá a todos.

Las predicaciones de Juan y de Jesús coinciden en la crítica al ritualismo cultual, al cumplimiento externo de la ley y a la esperanza de salvación basada sólo en la pertenencia a un grupo y sin compromiso personal.  Sin embargo, hay aspectos muy diferentes en cada una de ellas: Juan invita a escapar de la ira de Dios y Jesús anuncia la buena nueva de la salvación hablándonos de su Abbá-Papá que no amenaza ni condena ni castiga sino que nos atrae con su amor hacia la salvación total… ¿Cuál predicación me gusta más?

Según invitación de Pablo, hoy necesitamos desarrollar nuestra sensibilidad espiritual para poder descubrir y seguir los verdaderos valores.  Por eso necesitamos experimentar personalmente a Dios y su salvación, pues, como en tantos otros aspectos de la vida, no podemos vivir de experiencias ajenas.  Pues el mensaje de Jesús no trata de teorías (doctrinas) sino de un compromiso sincero con él que se debe traducir en un estilo de vida.  Muchas veces somos incoherentes.  Para muestra, un botón: Por la navidad decimos que queremos celebrar la “venida” (manifestación-descubrimiento-cercanía-testimonio) de nuestro Señor pobre y solidario… pero, muy probablemente terminamos celebrando lo contrario: el consumismo, los excesos, la gula, la borrachera, la hipocresía, la satisfacción de nuestros sentidos, la acepción de personas, la falsa religiosidad… terminamos usando la religión para justificar una serie de abusos y nos olvidamos de la salvación que Jesús nos trae, pues si todo lo que necesito en estas fechas lo encuentro en los centros comerciales, ¿para qué quiero a Jesús?

En estos días nos conviene entrar dentro de nosotros y descubrir de qué tenemos que ser salvados individual y comunitariamente pues Jesús sigue y seguirá viniendo con nuevas salvaciones adecuadas a cada momento de nuestras historias… Por ejemplo, hoy Baruc y Pablo nos proponen la justicia como señal de que estamos en el verdadero camino de la salvación.  Pero, la justicia que da a cada uno según la medida del amor…

Otra línea de reflexión puede ser que nos fijemos en la Palabra que Dios nos dirige en Juan y en Jesús.  Pudiéramos decir que la historia de Israel y de la Iglesia son la crónica de la presencia de la Palabra y las respuestas que le hemos dado.  Dios es Palabra siempre presente que acompaña, ilumina, corrige, anima…  La Palabra siempre es presentada de acuerdo a los diferentes momentos históricos por diferentes profetas.  Y, aunque la revelación es progresiva, es decir, que la Palabra se fue revelando cada vez más luminosa, siempre fue (y será) aceptada por los sencillos que la esperaban y se dejaron moldear por ella y siempre fue rechazada por los importantes y los expertos que no estaban dispuestos a dejarse cuestionar por ella…  Aunque las Palabras de Juan y de Jesús son muy distintas, recibieron las mismas reacciones de las mismas personas…

El Adviento es Tiempo de espera de la Palabra (hecha carne)… ¿Soy de los oyentes que esperan y responden o de los que son incapaces de recibir nuevas Palabras por estar autosatisfechos o demasiado ocupados?

Pero, el Adviento no es sólo un Tiempo litúrgico que pasa sino una oportunidad para cultivar una alegre y confiada actitud ante la vida que consiste en estar siempre atentos a la Palabra que está viniendo siempre ya que Dios es incansable en el amor… Hoy las lecturas nos señalan (al menos) tres motivos para desarrollar esta actitud: los desterrados regresan, en la comunidad hay bondad y se nos anuncia la salvación.

Finalmente, para lograr esta actitud necesitamos dos “conversiones”: convertirnos en personas equilibradas para experimentar la salvación que Dios nos trae y convertirnos a nuestros prójimos, aceptándolos, amándolos, acogiéndolos y orando por ellos.]

La primera lectura y el salmo nos marcan el punto de partida para nuestra reflexión de esta semana: la experiencia del pueblo de Israel al salir del cautiverio y volver al Señor… Con el paso del tiempo, durante el destierro, muchos israelitas ya se habían olvidado de Dios y no querían regresar a la tierra prometida, incluso algunos habían alcanzado buenas posiciones. Es triste constatar que, a veces, nos acostumbramos a estar lejos del Señor… Fue necesaria la acción de Dios a través de sus profetas para despertar en ellos la esperanza y animarlos a emprender el camino de regreso a su patria y a su religión… Los que se convencieron, volvieron con alegría a reconstruir, no sin dificultades, el país y sus estructuras civiles y religiosas… Algunos sintieron la necesidad de cambiar y peregrinaron buscando algo mejor; otros ya se sentían seguros en Babilonia y decidieron permanecer donde habían echado raíces… ¿Yo, en su lugar, que hubiera hecho?

Esta experiencia nos ayudará a reflexionar en torno a nuestros procesos de conversión… ¿Siento yo la necesidad de cambiar o me siento satisfecho de cómo estoy y de dónde me encuentro ahora?

¿Cuándo realmente he cambiado en algo?  ¿Qué motiva los cambios en mi vida?

Si bien la mayor parte del tiempo no hacemos cambios profundos y sólo vamos adaptándonos a las circunstancias, algunas veces, son las situaciones más difíciles, cuando algo se rompe en nuestro interior, las que hacen surgir el deseo o la necesidad de hacer cambios profundos y definitivos en nuestra vida… Los cambios más importantes acontecen ante la muerte de un ser querido, la pérdida de un trabajo, un rompimiento matrimonial o familiar, el tocar fondo, etc… Cuando yo estoy bien (subjetivamente) no quiero cambiar ni que me cambien… Ahora estamos en un cambio de época y muchos paradigmas están mudando lo que provoca diversas y profundas crisis… Estas experiencias límites pueden ser percibidas por nosotros como tragedias o como oportunidades de crecimiento…

Aunque los humanos, por naturaleza, tendemos a adaptarnos psicológica y emocionalmente a la situación en la que nos encontremos, Dios nos invita a permanecer abiertos siempre a dejarnos cuestionar y mover por él… Sólo así podremos sentir la necesidad de que Dios nos rompa, nos quite lo que nos sobra, nos (re)acomode y nos salve…

En medio de las situaciones críticas por las que vamos pasando, podemos dirigir al Señor, parafraseando a Nilos Kazantzakis, una de las siguientes plegarias, según se encuentre nuestra alma:

1.     “Señor, soy un arco en tus manos, ténsame, porque si no lo haces, voy a podrirme…

2.     No me tenses demasiando, Señor, que me puedo romper…

3.     Ténsame lo que quieras… si me rompo, al fin estoy en tus manos”.

¿Con cuál de estas tres plegarias me identifico? ¿Qué tipo de personalidad expresa cada una de estas plegarias? ¿Qué descubro de mí mismo? ¿Qué aprendo?

Primero debemos reconocer nuestra lejanía de Dios y, luego, aceptar su invitación para volver a él… En la segunda lectura, San Pablo nos habla de un amoroso proceso de crecimiento en la comprensión y sensibilidad por los verdaderos valores… Dice que este proceso lo ha iniciado Dios en nosotros y él mismo lo conducirá hasta dar frutos… ¿Quiero entrar o continuar en este proceso de cambio y crecimiento constante? ¿Me quiero acercar a Dios y a sus valores? ¿Quiero contagiar a otros de esta actitud positiva?

Para poder ir al encuentro de Dios (primera lectura) o para que él venga a encontrarse con nosotros (evangelio) se necesitan algunas obras de “ingeniería espiritual” para ir retirando los posibles obstáculos: Hacer rectos los caminos, rellenar los valles y abajar las colinas para hacer terreno plano, enderezar lo tortuoso, limar las asperezas… Para encontrarme con Dios, ¿qué debo hacer con mayor rectitud en mi vida? ¿Qué debo hacer más “plano” ya sea rellenando o abajando? ¿Qué debo enderezar? ¿Qué debo pulir?

TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA SEMANA:

1.     Te invitamos a hacer una revisión sobre tus procesos de conversión: Recuerda alguna vez que has hecho cambios profundos en tu vida para bien…

¿Qué me ha motivado a hacerlos?

¿Mis cambios han sido para generar algo nuevo o sólo para mantener el status en el que me encontraba?

¿Qué te ha hecho entender sobre ti mismo este ejercicio? Escribe tus respuestas…

2.     Y ahora… ¿Me siento llamado por Dios para hacer algunos cambios en esta etapa de mi vida? Escríbelos…

3.     Durante esta semana, pide al Señor que quiebre tus (falsas) seguridades… Que te haga sentir la  necesidad de “algo más”: más espiritual, más humano, más capaz de donación, más capaz de crecimiento y de ponerte en marcha hacia la plenitud humana y cristiana… Hacia el encuentro con él y su Buena Noticia en este advenimiento suyo…

Agradécele que siempre está ahí, que no se cansa de esperar, que siempre te dedica su Palabra esperando que la recibas y que la dejes germinar y transformarte…

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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