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El Señor nos enseña a amar

XXVII DOMINGO del TIEMPO ORDINARIO

¿Mi familia me entrena para vivir la espiritualidad de comunión con todos?

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ NOS DICE DIOS ESTE DOMINGO?

Génesis 2, 18-24: Dios crea al ser humano: varón y mujer… Él no quiere que estén solos sino que se complementen el uno al otro por amor…

Salmo 127: A quien sigue los caminos del Señor, Él lo bendice con una buena familia…

Hebreos 2, 8-11: Jesús es la fuente y modelo de todo amor,  se hizo humano para hermanarse con nosotros  y fue capaz de padecer por obediencia y para nuestra salvación…

Marcos 10, 2-16: Jesús nos recuerda el plan original de indisolubilidad que Dios diseñó para el matrimonio y ordenó a sus discípulos que permitieran a los niños acercarse a él, los presentó como modelos para recibir el Reino y los abrazaba y bendecía imponiéndoles las manos…

REFLEXIONEMOS:

[En el evangelio, continuamos en el contexto de la subida a Jerusalén y la instrucción especial a los discípulos.  Hoy se nos narra una polémica con los fariseos seguida de puntualizaciones para los discípulos en particular.

En los tiempos de Jesús, los varones podían repudiar a sus mujeres, aunque se discutían las razones válidas para justificar esa costumbre (humana), incluso se sacaban de contexto algunos textos del AT para ello.  Los fariseos querían involucrar a Jesús en una discusión teórica al respecto y, de paso, poner en evidencia sus opiniones contrarias a (su interpretación de) la ley…  Sabemos que para Jesús lo que importa es la persona y su desarrollo integral y que él está en contra de todo lo que la oprima.  Esta no fue la excepción, Jesús salió en defensa de la mujer.  Él maneja las escrituras mejor que ellos; ellos argumentan con el Deuteronomio, él con el Génesis…

Marcos escribe para una sociedad romanizada y por eso también abre la posibilidad de que una mujer también pueda divorciarse de su marido, acción que era imposible entre los judíos.

Para comprender este texto y sus paralelos hemos de tener en cuenta que, para un judío varón, repudio, divorcio y adulterio representaban realidades iguales y con las mismas consecuencias para la mujer, nunca para él… Jesús va más allá de toda ley y tradición cultural y se remonta a la naturaleza misma del ser humano tal y como fue creado por Dios y ratifica que el hombre y la mujer sólo pueden perfeccionarse en una auténtica, profunda y estable relación de amor…

Para profundizar en el mensaje que hoy nos transmiten las lecturas bíblicas, sería bueno reflexionar (ayudados por las ciencias humanas) sobre cuatro aspectos fundamentales del ser humano: … De no hacerlo, caeremos en el fariseísmo y no podremos pensar, sentir, opinar y comportarnos lúcidamente.  Así que reflexionemos: ¿Estas realidades (sexualidad, amor, matrimonio y familia) están humanizándome o deshumanizándome?  ¿Estaré cumpliendo en mí y en los que me rodean el plan que Dios imprimió en mi naturaleza desde que me creó?  ¿En mis relaciones amorosas busco siempre el bien de los otros involucrados o sólo satisfaces a mi hedonismo?  ¿Estoy convencido de que lo único verdaderamente humano y humanizador es el amor que consiste en donarse para el bien del otro?

Algunas consideraciones:

•      Nunca debemos dar por sentado el amor, siempre debe cultivarse…

•      El amor sólo surge en los individuos que han desarrollado su humanidad y que sólo se mantendrá si las partes involucradas se acompañan y ayudan en sus procesos de humanización permanentemente…

•      Tampoco hay que esperar a que el amor sea perfecto sino que hay que procurar que sea auténtico, es decir, que nos empeñemos en crecer en él a lo largo de toda la vida…

•      La unión del matrimonio se funda en el amor, no en la conveniencia, en el interés o en la atracción…

•      El matrimonio es un sacramento porque Dios, con su amor, está presente y activo en los esposos y porque ellos lo manifiestan como signo vivo y eficaz de su amor en el mundo…]

Hoy las lecturas, en general, nos presentan un proyecto de comunión más concreto que el de la semana pasada: la comunión comienza consigo mismos, con la pareja y con los hijos y hermanos… y alcanza a la comunidad…

Sabemos que nuestro Dios es un Dios de comunión y de fidelidad y que nos invita a vivir igual que él, es decir, a asumir, por amor, un compromiso libre de buscar el bien de las otras personas y a buscar caminos para crecer juntos… Desde la semana pasada hablábamos de la Espiritualidad de Comunión que debemos cultivar en la sociedad, ahora lo concretamos en la familia… y a partir de ahí al mundo entero

Antes de continuar, conviene aclarar que la palabra del Señor pide desarrollar ciertos valores a los esposos, a los hijos y a los hermanos, y que estos valores también deben ser cultivados por quienes viven en solitario… Por ejemplo, aunque tú vivas solo/a, también debes vivir el amor y la fidelidad contigo mismo, y también debes aprender a dialogar constructivamente con tus prójimos, etc… Además, para aplicar lo propuesto en esta reflexión, podrás hacer un acuerdo explícito con un grupo de amigos cercanos o con tu grupo de apostolado o tu Pequeña Comunidad de Fe… Siempre encontrarás a alguien para platicar sobre estos temas y/o para realizar los ejercicios propuestos… (Dicho esto, donde en este texto aparezca la palabra familia o relativa a, tú coloca la palabra que mejor se acomode a tu situación…).

 Ahora sí, ¿qué cosa es la espiritualidad de comunión? San Juan Pablo II la definió así:

•      Una mirada del corazón hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado.

•      (la) capacidad de sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo místico y, por tanto, como «uno que me pertenece», para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad.

•      (la) capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un “don para mí”, además de ser un don para el hermano que lo ha recibido directamente.

•      es saber “dar espacio” al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros (Cf. Ga 6,2) y rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos asechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidias. (Cf. NMI 43).

Todo esto debe comenzar a vivirse en el ambiente familiar, ya que en él aprendemos lo que luego enfrentaremos en la sociedad… ¿Cuáles de las ideas anteriores que nos enseñó S. Juan Pablo II ya las vivo en mi familia y con otras personas?  ¿Cuáles me faltan?

Entendemos que, para aprender a vivir la Espiritualidad de Comunión, las familias son (o deberían ser) escuelas que promueven de diálogo, la tolerancia, el respeto, la aceptación y, en definitiva, el amor… especialmente con los más pequeños y frágiles… Profundicemos…

•      Diálogo: En mi familia, ¿se sabe crecer a través del diálogo?  ¿Los hijos ven a los padres dialogando?  ¿Encontramos soluciones y crecimiento a través del diálogo?  ¿Cuántos de nuestros diálogos nos llevan a buenos resultados?

•      Tolerancia: ¿Tengo la capacidad de llevar con paciencia los diferencias de los otros?  ¿Puedo respetar el ritmo de los procesos ajenos?

•      Respeto: ¿Entiendo que el respeto me lleva a descubrir en el otro la presencia de Dios y de sus dones?  ¿Me siento respetado por todos los miembros de mi familia?  ¿Me doy cuenta que el respeto se aprende viviéndolo?  ¿Respeto la individualidad de los demás miembros de mi familia?

•      Aceptación: ¿De qué manera se vive la aceptación en mi familia?  ¿Me siento integrado y acogido con mis diferencias?

•      Amor: ¿Nos amamos siempre o sólo en público o cuando tenemos visitas en casa?  ¿Intercambiamos expresiones de amor genuinas en casa y fuera de ella?  ¿Nos expresamos el amor directamente, en persona, o solamente por medio de Facebook o de WhatsApp?  ¿Sabemos corregirnos y retroalimentarnos mutuamente con amor?

Esta tarea no es sencilla… el mismo Jesús sufrió mucho por amor… Pero el resultado es espléndido…

PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS, TE PROPONEMOS ALGUNOS EJERCICIOS PARA ESTA SEMANA:

1.     Examina tu familia durante esta semana, escribe cosas muy concretas:

–       ¿Cuántos momentos de diálogo hubo en esta semana?  ¿Entre quiénes?

–       ¿En qué específicamente se notó la tolerancia entre los miembros de mi familia?

–       ¿Cómo concretamente nos respetamos durante esta semana?

–       ¿En qué he notado la aceptación entre todos los miembros de mi familia?

–       ¿Qué acciones concretas de amor pude notar entre los miembros de mi familia?

Al releer tus constataciones, ¿qué nuevas tareas descubres?

2.     En tu oración de esta semana preséntale a Dios la realidad de tu familia tal cual es… Y ponte a su disposición para que te vaya moldeando con su Palabra…

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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