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¿En qué se nota que estoy bautizado?

EL BAUTISMO DEL SEÑOR

Traduce tu bautismo en buenas acciones

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE DOMINGO DEL BAUTISMO DEL SEÑOR?

Isaías 40, 1-5. 9-11: El profeta Isaías anuncia que el Espíritu de Dios guiará a su siervo fiel para traerle al mundo la justicia y el respeto, el consuelo y el amor tierno y compasivo… Esta profecía se cumplirá en Jesús… Su misión es también nuestra…

Salmo 103: Mi alma te bendice, oh Señor, porque eres grandioso y te vistes de belleza, majestad y luz… Los elementos naturales te sirven… Tu creación es maravillosa y Tú la sostienes… Tu Espíritu da vida y renueva la tierra…

Tito 2, 11-14; 3, 4-7: La voluntad de Dios, por su amor y bondad, es que vivamos de una manera sobria, justa y siéndole fieles… Cristo, por su misericordia y sin que hayamos hecho nada para merecerlo, nos redimió, nos purificó y nos hizo su pueblo dedicado a practicar el bien… Todo esto lo hizo mediante el bautismo que nos regeneró y renovó…

Lucas 3, 15-16. 21-22: En esta narración del bautismo de Jesús por Juan el Bautista, el Padre lo proclama como su Hijo amado y el Espíritu Santo desciende sobre él… El Padre y el Espíritu le dan a Jesús la investidura para su misión como Salvador… Y a nosotros nos ordena escucharlo, es decir, seguirlo y continuar su misión…

REFLEXIONEMOS JUNTOS:

[Continuamos con el tema de la epifanía de Jesús que nos es presentado como el hombre, Hijo de Dios y lleno del Espíritu.

La celebración del Bautismo del Señor marca una transición entre el Tiempo de Navidad y el Ordinario.  Hoy en el evangelio se nos habla de cómo Jesús experimentó lo que era él para Dios y lo que era Dios para él.  Así descubrió el sentido de su vida y misión: Es el Hijo amado en quien su Padre se complace.

Celebramos el verdadero nacimiento de Jesús ya que él mismo nos dijo que lo verdaderamente importante era nacer del agua y del Espíritu.

El Bautismo de Jesús es conocido por los cuatro evangelistas.  Marcos y Juan comienzan su evangelio a partir de este acontecimiento que nos catapulta más allá de lo sensible y cronológico.  Lucas se centra en el símbolo del cielo abierto, el descendimiento del Espíritu y la voz del Padre que define quién es Jesús, imágenes que desde el AT se ligaban al Mesías esperado.

Según la mentalidad religiosa judía Dios moraba en los cielos, por eso, el que los cielos se abran y descienda el Espíritu es interpretado fácilmente como una manifestación (teofanía) de que Dios mismo se aproxima a los seres humanos de forma “sensible” para que se den cuenta de ello… Y, obviamente Dios reafirma su relación con su enviado… Y los cuatro evangelios hablan de la experiencia interna de Jesús y la presencia del Espíritu en Jesús.

El protagonista de las tres lecturas hoy es el Espíritu Santo.  El Espíritu y Jesús están íntimamente implicados: no podemos entender a Jesús sin la acción del Espíritu ni viceversa.

Jesús estaba convencido de que Dios era Espíritu, así lo enseñaba y, al comunicarse con él en la oración con todo su ser, iba esclareciendo su misión.  Nosotros hemos de procurar vivir esa experiencia de Nuestro Señor.

Por los relatos evangélicos sabemos que esta experiencia la vivió Jesús a lo largo de toda su vida y que fue muy difícil para sus seguidores – todos ellos judíos acostumbrados a una religiosidad basada en el cumplimiento externo de la ley – comprender y practicar su relación con Abbá.  La toma de conciencia de quién es Dios para nosotros y quiénes somos nosotros para él y para nuestros hermanos es una tarea para toda la vida…

Esta festividad nos da la oportunidad de profundizar ciertos temas:

•      ¿Cómo puede Jesús ser al mismo tiempo hombre y Dios?  ¿Qué implica eso para nosotros?

•      ¿Qué compromiso real y profundo tengo por haber sido bautizado y confirmado?

•      ¿De qué manera mi comunión eucarística con Jesús se traduce en comunión real con sus proyectos y sus valores, con su modo de vivir y servir y con sus y mis hermanos?

•      ¿Cómo ha ido evolucionando me concepto de la identidad y la misión de Jesús a medida que voy creciendo?  ¿Quién es hoy Jesús para mí?

•      Al reflexionar en la “vocación” de Jesús, ¿qué pienso de mi propia “vocación”?]

Han quedado atrás las fiestas de Navidad, nos hemos llenado de la ternura y la gracia de Dios, es el momento de comenzar la travesía del tiempo ordinario… Es el momento de lanzarnos a cumplir nuestra misión cristiana en nuestras tareas cotidianas…

El rememorar el bautismo de Nuestro Señor Jesucristo nos da la oportunidad de profundizar en lo que nuestro bautismo significa y las implicaciones que tiene en todos los aspectos de nuestra vida concreta… Un bautizado no puede vivir como un no bautizado… Un bautizado debe estar convencido de que ha sido renovado y que toda su vida está impulsada por el Espíritu de Dios…

Los textos bíblicos por los que hoy Dios nos ha hablado son muy contundentes en afirmar que los bautizados debemos promover una serie de actitudes y valores positivos en el mundo: la justicia, el respeto, el consuelo, el amor tierno y compasivo, la sobriedad y generosidad, la fidelidad total a Dios, etc.… ¿Cuáles de estos ya los practico y promuevo a diario en mi vida? ¿Qué significa para mí el que esté bautizado? ¿Reconozco que, así como yo soy “sagrado”, también mis prójimos lo son y por lo tanto debo respetarlos y cuidarlos? ¿El saberme hermano de Jesucristo me ayuda a ser hermano de mis prójimos en sus situaciones concretas?

La Palabra de hoy nos ofrece a los bautizados todo un proyecto que podemos de asumir… Pero, tristemente, mirando a nuestro alrededor, quizá incluso recordando a nuestras amistades más cercanas o nuestros familiares, encontraremos personas que, en lugar de crecer, van “degenerándose” con el tiempo: quebrando sus relaciones familiares, entregándose cada vez más a una vida rutinaria o conductas autodestructivas, evadiendo sus compromisos, en fin, alejándose de la práctica religiosa, aislándose de la convivencia social, llevando vidas cada vez más mediocres y sin sentido…. En un tiempo estaban bien, se veían cercanas a Dios, pero, según parece, su espiritualidad no les fue suficiente para mantener e impulsar su equilibrio y crecimiento integral… Uno se pregunta:

¿Qué les pasó? ¿Qué le faltó a su fe para que no perdieran el camino?

Es claro que, como creyentes bautizados, deberíamos cimentar toda nuestra vida en la dimensión espiritual y que a partir de ahí habríamos de desarrollar nuestras cualidades humanas, nuestra vida familiar, nuestras relaciones sociales, nuestros criterios de administración del tiempo y de los bienes económicos, etc.…

Por eso, dejemos de ver a nuestro alrededor y observémonos a nosotros mismos… Hagamos un ejercicio de memoria y un examen de conciencia desde que tenemos uso de razón… ¿En qué aspectos de mi vida he ido creciendo y en cuales he ido decreciendo? ¿Son los criterios de Dios o los del mundo los que han marcado mi desarrollo? ¿Mi fe me impulsa a crecer y a servir?

Necesitamos que la dimensión espiritual se tome en serio y sea así el motor de nuestro proceso de completarnos integral y progresivamente… Mientras más espirituales seamos, seremos más fuertes y equilibrados en todos los demás campos… ¿Es mi fe cristiana lo que me sostiene y me motiva a ser mejor en todo? ¿Es mi fe la que sostiene mis compromisos personales, familiares, sociales e, incluso, políticos?

Vale la pena recalcar que cuando hablamos de nuestra dimensión espiritual no estamos refiriéndonos solamente al cultivo de actividades “piadosas” sino a la capacidad de actuar con la fuerza del Espíritu regenerando y renovando nuestra persona y nuestros ambientes… El bautismo nos hace hombres y mujeres renovados y capacitados para cumplir la misión que él nos encomienda: Que actuemos como hijo de Dios en nuestras familias, en nuestros negocios, en nuestras relaciones sociales y transacciones y económicas… ¿Cómo concretamente estoy fortaleciendo mi espiritualidad?

¿Entiendo que la espiritualidad es vitalidad; que promover la espiritualidad es hacer que la vida sea más plena?

Nuestro proyecto de vida personal debe incluir el objetivo de cultivar una sólida espiritualidad capaz de ayudarnos a lograr sanos y santos objetivos… Esa espiritualidad debe ser medida y evaluada periódicamente a lo largo de nuestra vida, por lo tanto, debe traducirse en acciones concretísimas y verificables (en lo personal, en lo familiar, en los apostolados, en la acción social, etc.)… ¿Sé que por mi bautismo soy coheredero del cielo y que, por lo tanto, debo vivir en este mundo discerniendo cómo santificarlo más cada día?

Por último, queremos insistir una vez más en que, además de las tareas personales que esta reflexión nos inspire, nuestra identidad de bautizados tiene una repercusión y traducción en serios compromisos sociales y eclesiales… Si nos sabemos hijos amados de Dios, debemos trabajar por nuestros prójimos desde este amor… ¿Me siento amado por Dios? ¿Cómo manifiesto a los demás este amor que Dios me tiene? ¿Mi proyecto de vida incluye compromisos por el bien de mi sociedad?

¿Qué puedo hacer para que todos se sientan amados por Dios? ¿El amor que Dios me tiene y me hace sentir pleno me lleva a transmitirlo a mis prójimos, especialmente a los más carenciados, acompañándolos, sanándolos y liberándolos? ¿Cómo puedo contribuir al desarrollo de los demás en mi comunidad?

Comportémonos de tal manera que Dios pueda decirnos a cada uno de nosotros: “Eres mi hijo amado… en ti me complazco…”

TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA SEMANA:

1.     Describe qué es la espiritualidad cristiana para ti… Luego, responde a las siguientes preguntas:

¿En qué se nota que soy una persona con espiritualidad? ¿En qué aspectos de mi vida influye mi espiritualidad? ¿Es Jesucristo el modelo de mi desarrollo espiritual?

2.     Busca una foto de tu bautismo… Pregunta a tus familiares o padrinos detalles sobre el día te tu bautismo… Piensa en cómo ese día ha marcado tu existencia… ¿Qué te inspira lo que vas “viendo” y sabiendo del hecho de ser un/a bautizado/a?

3.     Investiga la fecha en que fuiste bautizado/a… ¿Podrías celebrar el aniversario de tu nacimiento cristiano con una “fiesta”? ¿Qué harás?

4.     Piensa… ¿Qué sería para ti el renovar tu bautismo?

5.     Revisa las metas que te propusiste al iniciar este Tiempo de Navidad… ¿Qué hiciste para alcanzarlas?  ¿Qué te faltó?

6.     También revisa lo que fuiste reflexionando en cada lección… ¿Qué aprendizajes recibiste? ¿En qué, en dónde y con quiénes los aplicarás?

7.     Durante esta semana, en tu oración,

•      Pide por la santificación de tus padrinos y del sacerdote (o la persona) que te bautizó…

•      Pide al Señor que su Espíritu renueve tu vida para que seas portador de buenas noticias para tu mundo…

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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