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Glorifiquen a Dios con su cuerpo

II DOMINGO del TIEMPO ORDINARIO

¿Sirvo a Dios con todo mí ser?

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE DOMINGO?

Samuel 3, 3b-10-19: Dios llama a Samuel, pero él es joven y no había aprendido aún a distinguir quién lo llamaba… Elí lo ayuda a descubrir a Dios y sus llamados… Dios quiere que lo reconozcamos y nos dispongamos a seguirlo y a servirlo: “habla Señor, te escucho”…

Salmo 39: Dios aprecia que llevemos su ley en nuestras entrañas y que nos dispongamos a hacer su voluntad y a anunciarlo a todos…

1 Corintios 6, 13c-15a. 17-20: Nuestro cuerpo le pertenece a Dios, en él habita el Espíritu Santo y es un miembro del cuerpo de Cristo… Por eso, debemos glorificar a Dios con nuestro cuerpo…

Juan 1, 35-42: Juan el Bautista muestra a Jesús… Jesús invita a Andrés (y al otro discípulo) a “venir y ver” para que lo conozcan… No sólo se quedan ellos con él, sino que atraen a otros también, por ejemplo, Andrés trae a su hermano Pedro… Jesús le da una nueva misión y, por eso, le cambia el nombre…

REFLEXIONEMOS:

[El texto evangélico de hoy, de Juan, es una interesante inserción en la lectura semicontinua de Marcos.  Nos sirve para, entre otras cosas, comparar las narraciones de las vocaciones de los primeros apóstoles en estos dos evangelios pues el próximo domingo leeremos la versión de Marcos.

Hoy, además, es necesario tener en cuenta que el evangelista Juan va más allá de las narraciones periodísticas, siempre hay que pensar más alto cuando lo leemos.  En esta sección inicial de su evangelio, notándose la reflexión teológica pospascual de finales del siglo I, va enumerando (por boca de diversos personajes) algunos de los títulos cristológicos para que quede claro de quién hablará en su libro: Cordero e Hijo de Dios, Rabí/Maestro, Mesías/Ungido, Rey de Israel, aquel de quien hablaron la Ley y los Profetas, Hijo de Hombre, etc…

El título “Cordero de Dios” nos recuerda que Jesucristo es quien nos libera de la esclavitud…]

Samuel era pequeño, no se conocía a sí mismo ni conocía a Dios.  Debe recorrer un camino orientado por el sacerdote Elí… debe “crecer” en atención y disponer sus sentidos, su cuerpo, para responderle a Dios con todo lo que él es… “Samuel creció y el Señor estaba con él”… creció integralmente: en su cuerpo y en su sabiduría… El sacerdote Elí lo ayuda a “escuchar” y a “responder”… ¿Escucho y distingo la voz de Dios? ¿Le respondo?

En el Evangelio los discípulos reconocen, desde el principio a Jesús como el “Maestro”… Quieren saber “¿dónde (cómo) vives?”… Jesús los invita a entrar en su espacio “vengan a ver (experimentar)” y fueron y “se quedaron con (como) Él”… también a nosotros nos invita a quedarnos con Él, a percibirlo con nuestros sentidos en su intimidad… ¿Qué tanto conozco a Jesús?

Tanto Samuel como los discípulos debieron recorrer este proceso de “percibir” a Dios hasta llegar a convertirse ellos mismos en maestros, profetas, apóstoles…

La segunda lectura nos invita a entender, con un lenguaje muy propio del contexto donde se expandió el cristianismo, que este seguimiento y misión de Dios se realiza a través del cuerpo… Hoy se dice en la antropología teológica que somos un espíritu encarnado o un cuerpo espiritualizado…

Nuestra cultura actual tiene una relación conflictiva con el cuerpo; con la dimensión corporal en general.  Parece que se quiere endiosar al cuerpo, pero realmente lo cosificamos… queremos transformarlo porque no lo aceptamos como es… ¿Qué es mi cuerpo para mí? ¿Lo aprecio y lo amo? ¿Qué pienso el él?

La Palabra de Dios, en cambio, nos da una imagen muy positiva del cuerpo: la vida humana, el seguimiento del Señor y la Salvación suceden a través de nuestro cuerpo… La relación con el prójimo y la misericordia se realizan a través del cuerpo… el cuerpo es, por lo tanto, el lugar donde acontece la Salvación…

Amar a nuestro cuerpo requiere estar más en contacto con él, “escucharlo”, aceptarlo y darle cuidados… No puedo decir que amo a mi cuerpo cuando lo daño con excesos de actividades (de riesgo), comidas, bebidas, sustancias tóxicas, etc…

Cómo Samuel y los apóstoles el Señor nos está llamando hoy para que lo sigamos y sirvamos con nuestros cuerpos…

TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA SEMANA:

1.     Pablo nos dice que nuestro cuerpo no es para fornicar, ni para destruirlo, sino para glorificar a Dios… ¿Qué relación tengo con mi cuerpo? ¿siento que tengo un cuerpo o percibo que soy un cuerpo? ¿qué visiones equivocadas tengo sobre el cuerpo? ¿Percibo a mi cuerpo como el lugar donde me encuentro con Dios y el instrumento con el que lo sirvo?

2.     ¿Hay algo en tu cuerpo que no aceptas? Haz una carta dirigida a tu cuerpo expresándole tu aceptación, gratitud por todo lo que hace por ti, y pídele perdón si no has terminado de amarlo tal cual es…

3.     Respecto al tema de la sexualidad planteado hoy por San Pablo, te sugerimos que tengas y/o actualices un proyecto para madurar en este aspecto y que te hagas acompañar espiritual y/o psicológicamente…

4.     Ora para madurar, para poder ofrecer tu cuerpo a Dios y para servirlo integralmente…

También para que sepas conducir a otros hacia Jesús como lo hicieron, con respeto y sin protagonismos, Elí, Juan el Bautista y Andrés…

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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