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¡Jesús, alimento del Cielo que nos hace nuevos!

XVIII DOMINGO del TIEMPO ORDINARIO

¿Cómo alimento y renuevo mi espíritu?

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE DOMINGO?

Éxodo 16, 2-4. 12-15: En la marcha hacia la Tierra Prometida, Dios alimenta al pueblo cada día con codornices y maná (pan del cielo)… Sólo deben confiar, y no acumular…

Salmo 77: Dios nos sacia con dones celestiales… Eso es lo que aprendimos y lo que anunciaremos a la próxima generación…

Efesios 4, 17. 20-24: Dios, a través de San Pablo, nos exhorta a dejar nuestra “antigua naturaleza” que se basaba en criterios que buscan sólo el placer… y a vivir un “nuevo yo”, basándonos en la verdadera doctrina de Cristo y dejándonos mover por el Espíritu, en justicia, santidad y verdad…

Juan 6, 24-35: Jesús nos invita a que trabajemos por el alimento que permanece y que da la Vida eterna, es decir, a que lo busquemos y le creamos pues esa es la comida y la bebida que sacian de verdad y nos hacen como él…

REFLEXIONEMOS:

[Entre el evangelio del domingo pasado y el de hoy se narra la travesía del mar de Galilea – el Tiberíades – hacia Cafarnaúm.  Los discípulos van en barca y Jesús caminando sobre las aguas, cual nuevo Moisés que cruza un nuevo mar Rojo hacia una nueva libertad… (Infelizmente, no escuchamos este texto en esta lectura que estamos haciendo del capítulo 6 de S. Juan.  Nos ayudaría mucho para entender las referencias al maná en el desierto y a la ley que vienen luego).

Hoy se nos narra el inicio de una larga y dura discusión entre Jesús y los judíos.  En ella se profundiza en las exigencias del auténtico seguimiento de Jesús.  A lo largo de esta discusión y el discurso subsiguiente las reacciones de los oyentes irán cambiando: entusiasmo → duda → desencanto →desilusión → oposición →rechazo → abandono…

Jesús les hace ver que no lo buscan a él sino a la satisfacción de sus necesidades, que lo que realmente quieren es ponerlo a su servicio y no aceptan su invitación a trabajar en su capacidad de compartir, a no quedarse encerrados en lo material y a conseguir el verdadero pan de la Vida… “Trabajar” implica lucha, superación, purificación, muerte y renacimiento… Parece que a aquellas personas no les interesa “trabajar”.  ¡La verdad es que a ellos y a nosotros nos interesa más lo que queremos de Dios que lo que él pueda querer de nosotros!

Jesús quiere que “trabajemos” en nuestra fe-confianza en él.  Ellos no creían que él (su estilo de vida y su doctrina) fuera el verdadero pan/alimento y, por eso, le pedían señales… Y nosotros, ¿sí lo creemos?

Para los rabinos la Torah era el pan que Dios les había dado… Por eso, cuando Jesús dice que él es el verdadero Pan del cielo, se debe entender que él (su vida y sus enseñanzas) es la verdadera ley-doctrina de Dios… Y por eso dice que quien se aproxima a él ya no pasará hambre ni sed, porque descubrirá (por experiencia propia) el camino que lo llevó a tener la Vida de Dios él, se nutrirá de ese “Pan”, lo asimilará y se convertirá a su vez en comida Viva para que otros puedan comerlo y saciarse, y así se podrán donar también…

Jesús no nos está invitando (sólo) a perfeccionarnos sino a desarrollar nuestra capacidad de donación porque quien se da supera el individualismo que mata y alcanza la unidad que Vivifica.]

El pueblo de Israel camina por el desierto… han salido de Egipto y van camino a la tierra prometida; un punto de partida y un punto de llegada. En el inter, hay pruebas y dificultades; tienen hambre y sufren, olvidan a donde van y quieren regresarse…

Nosotros, como nos enseña Pablo, también vamos del hombre antiguo al hombre nuevo… tenemos una ruta que va marcada por nuestro proceso de vida. Nuestra meta: desarrollar las cualidades y las actitudes de Jesús… aunque, en este camino tenemos dificultades y resistencias.

Conforme vamos viviendo descubrimos que crecer causa dolor, pues para hacerlo debemos salir de lo ya conocido que nos da seguridad; debemos salir de nuestra zona de confort y no siempre estamos dispuestos a pagar ese precio (como si dijésemos: “más vale malo por conocido, que bueno por conocer”)…

Para crecer, para avanzar en la vida, debemos perder nuestra vieja identidad y construir una nueva… pero, en ocasiones, nos sentimos angustiados durante el proceso… nos cuesta mucho trabajo cambiar y liberarnos… Recuerda por un momento las veces que has querido cambiar y que te has regresado a medio camino… Sabemos que hay cambios muy difíciles porque representan una amenaza para mi viejo yo… No sabemos lo que nos vamos a encontrar del otro lado, si nos va a gustar o si por el contrario, nos va a provocar arrepentimiento.

Pero vamos un poco más al fondo: ¿Reconozco que tengo ideas, pensamientos y actitudes que en su momento me sirvieron de defensa pero que ya no las necesito más y, al contrario, ahora me estorban?  ¿Cómo puedo enfrentar el miedo a soltar lo viejo y cómo puedo prepararme para lo nuevo?  ¿Cómo puedo “fluir” entre estos dos puntos de apoyo?  Abrir las manos para soltar, implica también que las manos queden abiertas para recibir.

Vemos en el Evangelio de hoy que la gente le pedía signos a Jesús… no se atrevían a confiar en él, no querían caminar a ciegas… ¿Estaré yo igual que ellos, necesitando seguridades humanas, o puedo dar saltos de fe? ¿Es Jesús mi modelo de desarrollo personal?

Jesús nos invita a confiar aunque no haya señales, aunque tengamos miedo… Sólo contamos con la promesa de su presencia y de que su persona (su mensaje y compañía), es el pan que nos alimenta para seguir sorteando los peligros del camino que nos lleva a nuestro destino final… ¿Encuentro que su palabra es nutritiva para mi mente y corazón?

El Señor nos invita a ser diferentes, a no tomar decisiones sólo basándonos en lo que nos es agradable, sino que abandonemos nuestro antiguo modo de vivirquiere que fortalezcamos nuestro espíritu y nuestra mente para que surja una nueva persona, un nuevo yo, capaz de guiarse por los criterios de la verdad, capaz de obrar justamente y capaz de ser santo, de donarse y de dejarse consumir por el bien de los hermanos… ¿Soy un “hombre viejo” o un “hombre nuevo”?

Después de todo lo reflexionado… ¿Somos capaces de interpretar los signos de la presencia de Dios, especialmente en tiempos y situaciones difíciles? También en los signos adversos Dios está presente y quiere fortalecer nuestro espíritu y hacernos crecer…

Las pruebas, como el hambre de Israel en el desierto, son oportunidades para transformarnos… Para poder llegar a la tierra prometida, para poder crecer y para llegar al cielo, es necesario superar las pruebas, confiar en Dios y nutrirnos de Él… ¿Qué dificultades mías o ajenas me acicatean para seguir adelante?

PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS, TE PROPONEMOS ALGUNOS EJERCICIOS PARA ESTA SEMANA:

1.     Haz un recuento de las veces en que has dejado a medias algunos proyectos de crecimiento personal… (la dieta, el gimnasio, los estudios, algún negocio que emprendiste… tu propia conversión)…

2.     En una hoja en blanco, dibuja tu camino por tu propio desierto (una línea de tiempo entre tu nacimiento y tu muerte), señala en dónde vas actualmente y las tentaciones en las que has claudicado…

3.     El Salmo 77 nos invita a contar a otros lo que Dios va haciendo en nuestras vidas… Haz una lista escrita de las características con las que describes a Dios cuando hablas de Él a la nueva generación…

Cuando ores durante esta semana, pide a Dios el alimento, el maná, la Eucaristía, la Palabra y la comunión que te fortalezca para seguir convirtiéndote en Pan de Vida

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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