Home / Contigo en casa / ¿Me dejo educar por Jesús para soportar las pruebas de mi misión en la pequeñez y la paciencia o prefiero construir mi falso “yo”?

¿Me dejo educar por Jesús para soportar las pruebas de mi misión en la pequeñez y la paciencia o prefiero construir mi falso “yo”?

XXV DOMINGO del TIEMPO ORDINARIO

Jesús nos forma para que nos identifiquemos con los servidores insignificantes y sin pretensiones

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ NOS DICE DIOS ESTE DOMINGO?

Sabiduría 2, 12. 17-20: (En un tiempo de lucha entre judíos que querían ser fieles a Dios y otros que renegaban de él, se dice que…) los malvados asechan al justo y quieren poner a prueba su paciencia y moderación, se burlan, lo torturan y planean su muerte deshonrosa… Para ver si el Dios en que confía lo salva…

Salmo 53: Sálvame, Señor, con tu poder de los violentos, arrogantes e impíos… Escúchame… Tú sostienes mi vida por eso te agradeceré…

Santiago 3, 16-4, 3: Las luchas y los conflictos surgen de las pasiones que están en lucha en nuestro interior… La solución es tener la sabiduría que viene de Dios…

Marcos 9, 30-37: Jesús va enseñando a sus discípulos en privado, les habla de las dificultades  de su misión, pero ellos no entienden porque estaban preocupados por quién de ellos sería el más importante.  Por eso Jesús les dice que deben hacerse sencillos, servidores de todos y capaces de acoger a los pequeños…

REFLEXIONEMOS:

[La segunda parte de evangelio de Marcos se estructura alrededor de tres anuncios que hace Jesús de su pasión-muerte-resurrección seguidos de la incomprensión de sus apóstoles.  La semana pasada escuchamos que Pedro no comprendía, hoy, no lo hace ninguno de ellos a pesar de la claridad con la que les hablaba.  El tercer anuncio se nos narrará en 10, 32-45 seguido de la incomprensión de la madre y los hijos de Zebedeo y la envidia de los demás.

Para llegar a la lectura de hoy nos saltamos los relatos de la transfiguración y la curación de aquel joven al que los discípulos no habían podido curar.

Hoy tenemos la oportunidad de profundizar el tema del domingo anterior.  Distingamos varias partes en el texto:

1.     Jesús continúa instruyendo a sus discípulos sobre el sentido de la cruz y ellos siguen sin entender… o, ¿será que no querían entender pues, si lo hicieran, sería el fin de sus pretensiones de mesianismo triunfal?  (Y seguirán sin entender hasta después de la Pascua).

2.     Al contrario de lo que Jesús les está comunicando, ellos, dando a entender que aspiran a rangos de poder, discuten sobre la jerarquía entre ellos y, al llegar a casa, cuando Jesús los cuestiona sobre el tema que trataban, se quedan callados.

3.     Magisterio de Jesús: el texto dice literalmente que Jesús “se sentó”, es decir, va a enseñar como Maestro y que los “llamó” (phoneo), es decir, se trata de una nueva vocación a seguirlo en su estilo de vida, y les dijo: “si alguno quiere ser el primero, que sea el último y el servidor de todos”.  Esta enseñanza se la repetirá también a los Zebedeos.  Estas palabras de Jesús las transmiten todos los evangelistas Mt 18, 1; Lc 9, 46 y Jn 13,1.  No es que Jesús nos invite a ser mediocres, al contrario, quiere que nos esforcemos por ser los primeros en servir humildemente a nuestros hermanos.

4.     Es importante poner atención a varios detalles para percibir que lo que viene enseguida tiene que ver con el tema que nos ocupa en este pasaje: Jesús “tomó al niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó…” Esta estampa no es poética ni romántica sino subversiva.  Los niños eran considerados posesiones o instrumentos de sus mayores.  Además, lo más probable es que no se tratara de un niño pequeño, pues la palabra “paidion” que usa Marcos es un diminutivo que también significa criado o esclavo y también la usa para referirse a la hija de Jairo que explícitamente se dice que tenía 12 años.  Jesús se identifica con él al abrazarlo, “a mí me lo hicieron”, el mesianismo de Jesús es servicio.  Y Jesús propone como ejemplo de servicio al insignificante muchachito al que todos mandaban en la casa, al que sirve sin esperar reconocimiento, al último en la cadena de mando, al que no cuenta…  (Jesús va en contra de las enseñanzas de los rabinos y de los esenios que ni siquiera admitían a los niños en la comunidad.  En Mc 10, 13-16 Jesús, al reprender a sus discípulos por no dejar que los niños se le acercaran para que los bendijera, se los propone como modelo para recibir el Reino.  Infelizmente, este pasaje no se lee en los domingos).  Por lo tanto, el mensaje no es sólo que debamos sentir cariño por los débiles y ayudarlos sino que debemos identificarnos con ellos y aprender de ellos.  El mejor es el que más sirve y el más importante es el que más necesita.  Quien esto entiende ya puede seguir a Jesús identificándose con él y con su Padre que son los primeros servidores del ser humano.

Para pensar un poco más:

•      Tengamos cuidado de no confundir el servicio con el servilismo.  El servil quiere poder y espera manipular al poderoso para robárselo.

•      Si me doy a otros pensando en mí, en mi mérito, no estaré sirviéndolos sino sirviéndome de ellos.

•      Es obvio que el servicio no debe ser usado para controlar a otros o para sentirnos superiores a ellos o para que nos deban un favor, pero tampoco para convencer a Dios de que nos lleve al cielo.  Si queremos servir es porque libremente escogemos ser como nuestro amigo Jesús cuya meta fue entregarse totalmente a los demás.

•      El servicio gratuito hace más humano y libre al que lo da y al que lo recibe.]

Jesús va formando a sus discípulos en temas muy duros e importantes, pero ellos van desenfocados, no comprenden sus criterios… Ellos se basan en la jerarquía de valores del mundo que busca triunfos y apariencia, intentan definir quién es el más importante; mientras Jesús intenta presentarles los criterios del justo y les habla de cómo él, como mesías-siervo, va a ser entregado y padecer y morir… Los discípulos buscan un “yo” de apariencias, como quien asume una “pose” que no corresponde con un interior desarrollado espiritualmente según la sabiduría de Dios…

Hoy nos conviene revisar hacia dónde estamos enfocando nuestra energía para construir nuestra imagen, es decir, ¿quiero formar un “yo” que impresione a los demás?  O ¿Estoy construyendo un “yo” según los criterios de Dios?

Actualmente parece como si a las personas no les importara solucionar sus conflictos internos, sino sólo disfrazarlos… y pretendemos ocultarlos detrás de unos bienes materiales deslumbrantes que engañan a los demás, pero no a nosotros mismos… Queremos proyectar la imagen de que somos felices, exitosos, equilibrados, maduros, etc., ¿yo uso alguna de estas máscaras?  ¿Me identifico con las imágenes que proyecto de mí?

Si somos creyentes, es decir, si le creemos a Dios, nuestro “yo” profundo debe cimentarse y construirse sobre la figura:

•      del hombre justo de la primera lectura: es íntegro y coherente, confía en Dios, tiene temple y valor para soportar las pruebas, posee pureza interior, valora la sabiduría que vine de Dios, es amante de la paz, es comprensivo, es dócil a la Palabra de Dios, es misericordioso, es imparcial, es sincero…

•      Y la del niño que Jesús muestra a sus discípulos: desprovisto de valor, sin títulos, frágil y servicial…

¿Cómo puedo construir mi personalidad así?

Jesús quiere que sus seguidores sean esforzados y resistentes, por eso lo vemos hablándoles sobre estas realidades duras y profundas: su entrega, muerte y resurrección y les pide también vulnerabilidad y sencillez… ¿Cómo reacciono cuando Jesús me quiere dar estas enseñanzas?

Estamos, pues, percibiendo dos caminos en la formación de las personas: 1. El superficial y 2. El de Dios… Cada uno de estos caminos da frutos muy diversos… ¿Qué frutos estoy produciendo yo?

En la actualidad se han desestimado los valores que Jesús enseñó a sus seguidores… Si queremos seguir al Señor seremos criticados y puestos a prueba (mínimo, nos llamarán mataditos, beatos, ñoños, ingenuos, soñadores, etc.)… La Pedagogía de Dios es válida en todos los tiempos y la necesitamos hoy… Necesitamos enfocarnos en lo que Dios espera de nosotros y ser esforzados para controlar nuestros impulsos y luchar contra los falsos valores que la sociedad nos propone hoy… ¿Cuál pedagogía quiero seguir, la del mundo superficial o la de Dios?

PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS, TE PROPONEMOS ALGUNOS EJERCICIOS PARA ESTA SEMANA:

1.     Examinando tu interior, como nos enseña Santiago, haz dos listas:

Una con los rasgos de tu “yo” falso… ¿Qué frutos malos obtienes al practicar cada uno de ellos?  ¿Cómo afectan a tu alrededor?

Otra con los rasgos de tu “yo” construido según Dios… ¿Qué frutos buenos para los demás obtienes?

2.     Hazte consciente de los valores que la Palabra de hoy enseña y tú prácticas… enlístalos… luego, responde:

¿Del 1 al 10 cuánto te cuesta practicarlos?  …Mientras más es la dificultad, mayor será la ganancia…

¿Qué crecimiento espiritual obtienes al practicar estos valores?

¿De qué manera concreta impactas a tu entorno practicando estos valores?

3.     En tu oración de esta semana pide al Maestro que te ayude a vivir según sus enseñanzas… Que te ayude a superar tus conflictos internos para contribuir al bien de la sociedad y de la Iglesia… Prométele que, aunque la misión sea dura y pase lo que pase, quieres confiar siempre en Él…

También puedes decirle:

“Amigo Jesús, muchas veces se me ha dicho que sea siempre el primero en todo.  Que saque las mejores notas en la escuela y que sea yo siempre quien rompa la cinta de la meta en todas las competencias.  Que no vea a nadie delante de mis pasos y que nadie se siente delante de mí en los mejores banquetes.  Que impresione a todos luciendo los más caros juguetes de adulto para despistar mi aburrimiento y mi debilidad.  Que siempre alcance el peldaño más alto del podio para mirar hacia abajo a los demás.

Pero tú me has enseñado que, sin importar cómo yo sea o donde me encuentre, tu Padre me mira amorosamente y alienta en mí posibilidades infinitas, me quita los frenos y las amarras, hace que supere mis miedos internos para que pueda enfrentar los rumores en la calle sin que me afecten ni la codicia del consumismo ni las amenazas de los poderosos.

Quiero ser dócil a tu Espíritu y aprender a sentarme en los últimos lugares, a convivir con los pequeños de tu pueblo y a ser como ellos.  Sé que allí encontraré la alegría de crear libertad y vida para todos sin la esclavitud de exhibir un certificado de excelencia.  Porque a la hora de extender tu Reino los últimos de este mundo pueden ser los primeros.  Amén.”

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

Revisa También

Preparando mi liturgia: Dios tiene un plan original para nuestras familias

XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Pbro. J. Jesús Suárez Arellano INTRODUCCIÓN POR EL CELEBRANTE Las …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *