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Preparando mi liturgia: María, bienaventurada y servidora

ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

IDEAS PARA EL CELEBRANTE

“La liturgia de hoy nos invita a dirigir nuestra mirada hacia la Virgen, a la que todas las generaciones llaman bienaventurada, porque el Poderoso hizo obras grandes por ella.

Esta antiquísima y querida solemnidad de la Virgen, que año tras año vuelve a alegrar el corazón de los creyentes, es una invitación a mirar hacia lo alto, a mirar a María glorificada también en su cuerpo, para que recuperemos el auténtico sentido de la existencia y nos animemos nuevamente a caminar con confianza por los caminos de la vida”.

Celebrar que  María ha llegado en cuerpo y alma a los cielos es una señal de las maravillas que Dios ha de obrar en aquellos que creen y esperan en Él.

Es una señal que nos llama a desarrollar la actitud de la esperanza, aún en medio de las dificultades de este mundo y nos llama al compromiso en el servicio a tantos hermanos que necesitan de nuestra presencia y de nuestra ayuda.

ACTO PENITENCIAL

Con la humildad que María nos ha enseñado, en silencio, reconozcamos nuestros pecados delante de Dios e invoquemos su misericordia.  (Pausa)

•      Hijo de Dios, que, nacido de María, te hiciste nuestro hermano: Señor, ten piedad.  R/ Señor, ten piedad.

•      Hijo del hombre, que conoces y comprendes nuestra debilidad: Cristo, ten piedad.  R/ Cristo ten piedad.

•      Hijo primogénito del Padre, que haces de nosotros una sola familia. Señor, ten piedad.  R/ Señor ten piedad.

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. R/ Amén.

LECTURAS

Apocalipsis 11, 19a; 12, 1-6a. 10ab: En la mujer de esta visión, vemos a María como figura de la Iglesia porque dio a luz al que sería el rey de todos los pueblos.  Su asunción es signo para toda la humanidad de la victoria de nuestro Dios sobre el mal, el pecado y la muerte.

Salmo 44, 10b-12. 15b-16: En este cántico para una nueva reina vemos a María que está a la derecha de Dios en los cielos y a su Hijo Reina sobre la tierra.

1 Corintios 15, 20-27a: Cristo es la primicia de los que resucitaron de entre los muertos. María, tan próxima a su Hijo, por su fe y por su maternidad, ha compartido ya también su victoria sobre la muerte.

Lucas 1, 39-56: Juntos con María cantemos la alabanza del Dios que salva a los pobres y humildes y sirvamos a quien nos necesite.

ORACIÓN DE LOS FIELES:

CELEBRANTE: Después de haber escuchado y meditado la palabra de Dios y de guardarla en el corazón, oremos por intercesión de María, por todo aquello que Ella, asunta a los cielos, desea para toda la humanidad.  A cada una de las peticiones responderemos: “Por María, escúchanos Seños”.

1.     Padre, para que tu Iglesia, siendo testimonio de pobreza y humildad, sea enaltecida por la fuerza de tu Espíritu, te pedimos…

2.     Padre, para que podamos formar, junto a nuestro Obispo, una comunidad diocesana verdaderamente comprometida en el servicio a los hermanos, sobre todo a los más pobres y sufrientes, te pedimos…

3.     Padre, para que nuestra Patria vuelva a ser tierra de María, en donde los hambrientos sean colmados de bienes, y los poderosos consideren que sus manos están vacías ante Dios, te pedimos…

4.     Padre, para que todos los pobres, los humildes, encuentren en María la fortaleza en medio de sus necesidades, sabiendo que ellos son los bienaventurados de tu Reino, te pedimos…

5.     Padre, para que todos los católicos, sabiendo que María ya está en el Cielo gloriosa en cuerpo y alma, renovemos la esperanza en nuestra futura inmortalidad y felicidad perfecta para siempre, te pedimos…

CELEBRANTE: Dios y Padre nuestro, escucha las plegarias y anhelos de tu pueblo que te suplica y concédenos ser, como María, servidores de los necesitados.  Te lo pedimos por tu Hijo Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.  R/ Amén.

INVITACIÓN A ORAR CON EL PADRENUESTRO

Unidos en oración con María, hablemos a nuestro Padre con las palabras y actitudes que su Hijo nos enseñó: Padre nuestro…

INVITACIÓN A LA COMUNIÓN

Este es Jesucristo resucitado, el hijo de María Virgen y el verdadero Pan que nos da la plenitud de la Vida, el que hace posible la comunión con Dios y con nuestros hermanos.  Dichosos nosotros por ser invitados a su mesa.  R/ Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa…

DESPEDIDA

Hermanos: Al volver a nuestros hogares, seamos como nuestra madre María.  Sirvamos a nuestros hermanos y ayudémosles a vivir con más fe y esperanza, también busquemos en todas las cosas el Reino de Dios.

BENDICIÓN SOLEMNE

El Dios, que en su providencia amorosa quiso salvar al género humano por el fruto bendito del seno de la Virgen María, los colme de sus bendiciones.  R/ Amén.

Que los acompañe siempre la protección de la Virgen, por quien han recibido al Autor de la vida.  R/ Amén.

Y a todos ustedes, reunidos hoy para celebrar con devoción esta fiesta de María, el Señor les conceda la alegría del Espíritu y los bienes en su reino.  R/ Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.  R/ Amén.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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