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Preparando mi liturgia: Somos enviados a cuidar el mundo

XV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

IDEAS PARA EL CELEBRANTE
Un buen examen para conocer la fuerza y la autenticidad de nuestra fe sería “medir” cuánto vivimos y compartimos la Palabra con la gente que nos rodea.
No podemos guardar para nosotros lo bueno, lo valioso, lo bello. Si el evangelio ha modelado nuestras vidas y sentimos que ha sido algo profundo y precioso para nosotros, ¿por qué no ha de ser Buena Noticia también para otros? No todos podemos ir a predicar el evangelio a pueblos lejanos, pero todos podemos dejarlo hablar por el modo cómo lo vivimos personalmente, en nuestras familias y ambientes laborales.
Conviene recordar que, en los primeros tiempos del cristianismo, la gente se convertía al percatarse de cómo vivían los cristianos, cómo participaban en el culto a Dios, la oración y la enseñanza y cómo se amaban y servían los unos a los otros. ¿No será que necesitamos ver este sencillo y sincero estilo de vida en los católicos actuales?
También necesitamos profetas con valor y audacia que se atrevan a no siempre ser bien aceptados por la gente… ¿Quién de nosotros se atreve a hablar claro al ver en nuestra sociedad o en la comunidad local algo que va contra el evangelio y contra los genuinos valores humanos? Algunos fieles llegan incluso a protestar ante el cristiano comprometido que denuncia e invita a despertar la conciencia política, que pide justicia o defiende a los pobres que no tienen voz… Pero, recordemos que Dios nos ha confiado su palabra…
Fuimos elegidos por Dios en Cristo para que seamos sus hijos e hijas. Nos ha perdonado y nos ha dado vida gratuitamente; todo es gracia. Somos ricos. Somos el pueblo de Dios para llevarlo al mundo.

ACTO PENITENCIAL
En silencio, con sinceridad, reconozcamos que, en muchos aspectos, aún no vencemos al mal en nuestras vidas y que no hemos sido Buena Noticia de salvación para otros. Por eso, pidamos perdón. (Pausa)
• Señor Jesús, en ti hemos sido bendecidos con todo el amor y la gracia del cielo. Señor, ten piedad. R/ Señor, ten piedad.
• Cristo Jesús, en ti hemos sido elegidos para ser santos y sin mancha a los ojos de Dios. Cristo, ten piedad. R/ Cristo, ten piedad.
• Señor Jesús, en ti el Padre nos ha escogido para vivir en su presencia por medio del amor. Señor, ten piedad. R/ Señor, ten piedad.
Señor, perdona todos nuestros pecados y haznos libres para vivir tu elección y cumplir tu misión y llévanos a la vida eterna. R/ Amén.

LECTURAS
Amós 7, 12-15: Dios llama a Amós, a pesar de que no hay tradición profética en su familia, a proclamar su exigente mensaje a un pueblo autosuficiente que le rinde un culto de simple palabrería… Así nos llama también a nosotros…
Salmo 84: Las Palabras del Señor son de paz, misericordia, salvación, justicia, bondad… Hemos de aceptarlas y proclamarlas para dar frutos de justicia y fidelidad…
Efesios 1, 3-14: Dios siempre ha tenido un plan de amor para nosotros: Hacer que todas las cosas tengan a Cristo por cabeza y que seamos herederos con Él… Hemos de creer en su Palabra y ser marcados por el Espíritu… Jesús es una bendición para nosotros, fuimos elegidos en él para ser santos, hemos recibido la redención y el perdón de nuestros pecados, nos ha dado gracia, sabiduría e inteligencia…
Marcos 6, 7-13: Jesús envía a los doce (y a nosotros) con poder para superar al mal, a anunciar la conversión, a ungir y a curar a los enfermos… Nos indica que no confiemos en nuestros recursos materiales sino en el poder que él nos da, en nuestros hermanos y en la caridad de las personas que encontramos en nuestra misión…

ORACIÓN DE LOS FIELES
Todos nosotros somos llamados por el Señor para anunciar y dar a conocer su Buena Nueva de salvación. Oremos los unos por los otros, para que sepamos responder al llamado de Dios. Respondamos a cada petición: R/ Aquí estamos, Señor, envíanos.

  1. Señor, Amós era solamente un pastor y un vendedor de higos, pero tú lo llamaste y pusiste tus palabras en su boca. Danos el valor de proclamar tu palabra. Oremos: R/ Aquí estamos, Señor, envíanos.
  2. Señor, Moisés y Jeremías eran tímidos y tartamudos, pero tú les llamaste para hablar claro, y dirigir a tu pueblo. Danos la gracia de proclamar tu palabra sin vacilación y sin miedo, incluso a los que no estén dispuestos a escucharla. Oremos: R/ Aquí estamos, Señor, envíanos.
  3. Señor, algunos de tus apóstoles eran simples pescadores, que estaban remendando sus redes, pero tú les llamaste para difundir el evangelio. Haznos intrépidos para proclamar tu palabra. Oremos: R/ Aquí estamos, Señor, envíanos.
  4. Señor, el apóstol y evangelista Mateo era un cobrador de impuestos detrás de una mesa, pero tú le llamaste para curar enfermos y arrojar demonios. Aunque estemos heridos interiormente, danos también la gracia de sanar a nuestros hermanos. Oremos: R/ Aquí estamos, Señor, envíanos.
  5. Señor, nosotros también en nuestras comunidades somos gente sencilla: empleados, amas de casa, oficinistas, estudiantes, sacerdotes, maestros, enfermeros, choferes… pero tú nos llamas a no tolerar la injusticia y la corrupción, la inmoralidad y la violencia, a defender y regenerar la dignidad humana de los pobres y marginados. Queremos que tú hables claro, Señor, a través de nosotros en favor de todo lo que es justo, bueno y recto. Oremos: R/ Aquí estamos, Señor, envíanos.
    Oh Dios, Padre nuestro, que la vida y el mensaje de Jesús nos inspiren de tal forma que estemos dispuestos a proclamar audazmente su verdad y a llevar a todo el mundo su auténtica libertad, para que él sea el Señor de todos, ahora y por los siglos de los siglos. R/ Amén.

INVITACIÓN A ORARA CON EL PADRENUESTRO
El Padre nos ha elegido en Cristo para ser sus hijos queridos. Nos dirigimos a él y le damos gracias con las palabras del mismo Jesús. R/ Padre Nuestro…

INVITACIÓN A LA COMUNIÓN
Este es Jesucristo, el Señor, que nos ha perdonado, nos ha llamado y nos ha enviado a anunciar su evangelio. Dichosos nosotros, invitados al banquete de su amor. R/ Señor, yo no soy digno…

DESPEDIDA Y BENDICIÓN
Hermanos:
Dios nos ha confiado la misión de llevar la Buena Nueva de su Hijo a un mundo autosuficiente y materializado, poco dispuesto a recibirlo.
Reconocemos que somos testigos pobres y mediocres y, a pesar de ello, debemos proclamar el evangelio con nuestro estilo de vida y, si es necesario, con nuestras palabras.
Que Dios mismo sea su fuerza y que los bendiga eficazmente para esta misión, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. R/ Amén.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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