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¿Voy sonámbulo por las sendas de mi vida?

¡Se acerca nuestra liberación!

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO?

Jeremías 33, 14-16: A un pueblo desanimado, el profeta le anuncia que el Señor cumplirá su promesa de darles un Salvador descendiente del rey David… Con él se aplicará el derecho y habrá justicia…

Salmo 24: Señor, Tú que eres bueno y recto, instrúyeme en tus caminos de misericordia y lealtad,  quiero ser humilde, convertirme de mis pecados y cumplir tus mandamientos…

1 Tesalonicenses 3, 12-4, 2: Amémonos mutuamente porque esto afianza nuestros corazones para que seamos santos e irreprochables en nuestro comportamiento cristiano…

Lucas 21, 25-28. 34-36: En tiempos de crisis inesperadas no debemos desfallecer a causa del miedo y la ansiedad, tampoco debemos entregarnos a los vicios… Sino que debemos tener ánimo y mantenernos de pie ante el Señor Jesús…

REFLEXIONEMOS JUNTOS:

[Cuando una fiesta es importante debemos prepararla bien y con la suficiente antelación.  La Navidad es importante porque en ella celebramos no sólo que Jesús de Nazaret nació hace veinte siglos sino que sigue vivo y que su mensaje y presencia son importantes para nosotros… Esta celebración es tan importante que nos preparamos con el Tiempo de Adviento cultivando nuestra esperanza, acrecentando y purificando nuestra fe, renovando nuestros compromisos con el evangelio y motivándonos a trabajar por los demás a pesar de nuestras desilusiones previas…

Los textos bíblicos y litúrgicos de este Tiempo son extremadamente ricos, y es que el pueblo de Israel vivió toda su historia como un largo adviento y la Iglesia vive su historia esperando la segunda y definitiva venida de Cristo… Quizá el lenguaje de algunos pasajes parezca extraño a nuestros oídos modernos, pero el mensaje es muy sencillo: “No importa lo situación por la que estemos pasando, debemos confiar que la salvación de Dios ya está actuando en nosotros”.  Nosotros hemos de creer, confiar y dejarnos guiar.  Pero, sabemos que esta salvación no acontecerá sin nuestra colaboración, por eso hemos de desarrollar la vigilancia y la esperanza activa confiando en las lecturas de este Tiempo que – cargadas de metáforas, alegorías e imágenes poéticas – nos aseguran que el proyecto de Dios para cada uno de nosotros y para toda la humanidad acabará bien.  Por ejemplo, de eso tratan hoy las tres lecturas y el Evangelio nos habla de “señales” que nos inspiran confianza y esperanza en medio de las tragedias…

La liturgia de este Tiempo nos invita a lograr dos actitudes: vigilancia para “sembrar” la segunda y venida de Nuestro Señor y reverencia para celebrar su primera venida como el inicio de su presencia actuante entre nosotros.

Sólo tiene sentido recordar la primera venida de Jesús si su vida continúa cuestionándonos y comprometiéndonos y sólo tiene sentido recordar su segunda venida entendiendo que él ya vive entre nosotros aquí y ahora… No se trata, pues, sólo de que recordemos hechos históricos o de que anticipemos el futuro sino de que cambiemos nuestra perspectiva y nuestro actuar en el presente.

Tengamos cuidado de que no nos suceda lo que al pueblo de Israel que esperó por muchos siglos al salvador y cuando vino no aceptó su estilo de salvación… Dios está viniendo siempre con su salvación y nosotros podemos estar “dormidos”, distraídos en otras cosas o con expectativas irreales.

En este Tiempo se nos recuerda que vivimos en un “ya, pero todavía no”.  “Ya” porque Dios ya nos dio todo lo que requerimos para salvarnos.  “Todavía no” porque nos falta activar esa salvación en nosotros y ponerla a trabajar a nuestro alrededor.  Por eso, el Adviento nos ofrece la oportunidad de evaluar y redefinir nuestro concepto de salvación.  Puede ser que aspiremos sólo a una salvación que consista en obtener mayor bienestar, riquezas y seguridades materiales…

Según la Palabra, la salvación no depende de la situación en que nos encontremos o del estado del mundo sino de cuán cercano experimentemos a Dios, cuánto le creemos, cómo confiamos en él y en qué invirtamos nuestros esfuerzos esperanzados… No podemos seguir pensando que Dios sólo está presente en nuestra vida cuando todo marcha bien sino que debemos descubrirlo también en la cruz (en el dolor, en la muerte, en los problemas y limitaciones).  Descubramos que la salvación de Dios ya está presente en nuestra vida – sea en el nacimiento o en la muerte – y que la podemos (y debemos) compartir.  Ningún mal puede derrotar a la humanidad porque Dios es humano.  Y tengamos presente que los problemas que encontramos en nuestra vida sólo pueden ser resueltos viviendo y enseñando los valores y las actitudes humanas que nos “modeló” Aquel cuyo nacimiento, presencia y venida celebramos en la Navidad.

Si nos preparamos bien en este Tiempo de Adviento, al llegar la Navidad podremos:

•      Celebrar que seguimos viendo al Dios-con-nosotros en todas las personas que siembran su Reino.

•      Celebrar nuestra fe en Dios y, sobre, todo, la fe de Dios en cada uno de nosotros que lo hizo encarnarse y que nos hace percibir el valor divino de lo humano y el rostro humano de lo divino.

•      Celebrar la comunión con Aquel que comulgó con nosotros; comulgando con sus proyectos y trabajando para realizarlos entendiendo nuestra vida como misión y compromiso.]

Hoy iniciamos el tiempo del adviento (y también un nuevo año litúrgico)… Y la Palabra se nos ofrece como un delicioso banquete, ayudándonos a reflexionar en cómo trabaja Dios en nuestro corazón y en nuestro mundo…

Él – en medio de nuestra vida cotidiana con sus alegrías y sus penas – va ayudándonos a realizar un proceso interior paso a pasito… fortalece nuestra esperanza y hace que “surjan” obras para beneficio de nuestros hermanos; desde nuestras experiencias íntimas y personales, cultiva nuestro ser en y para la comunidad, no sólo para estar físicamente cerca, sino para que podamos actuar los unos a favor de los otros… ¿Le permito a Dios que me vaya modelando desde dentro, modificando mis pensamientos y sentimientos?  ¿Qué obras del Reino brotan de mí hacia mi entorno?  ¿Qué cosas concretas me estará pidiendo Dios que yo haga por su pueblo?

Podemos pensar en Dios como en un escultor que va “sacando” de dentro del mármol diversas figuras… ¿Qué está esculpiendo en este momento en mi vida?

Si meditamos, con calma y sin defendernos, el salmo responsorial, descubriremos, con reverencia, cómo el Señor nos enseña a andar por sus caminos y nos lleva a descubrir que estamos unidos a él por una alianza de amor… En la vida, por tanto, hemos de buscar agradarlo… ¿Cómo puedo agradar cada vez más al Señor mi Dios?  ¿Qué hábitos espirituales puedo ir desarrollando?  ¿En qué comportamientos concretos puedo notar que estoy caminando por las sendas que Dios me marca?

¿Qué debo hacer para progresar en el cumplimiento de su voluntad?

Finalmente, todos sabemos que en nuestra vida tenemos días hermosos y también momentos de prueba… El evangelio de hoy nos previene contra dos falsas salidas: llenarnos de miedo o entregarnos a las pasiones desordenadas… En cambio nos dice que la verdadera solución llegará si nos mantenemos con el ánimo firme y de pie ante nuestro Señor Jesucristo… ¿Cómo reacciono cuando llegan las crisis?  ¿Qué me falta cultivar?

Dejemos a Dios trabajar en nuestra vida hasta que surja la versión de nosotros que él espera… No le opongamos resistencia… Él viene a salvarnos…

TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA SEMANA:

Para este ejercicio de oración necesitarás entre 15 y 30 minutos cada vez que lo realices: Busca un espacio y un tiempo adecuado para relajarte y dialogar contigo mismo y con Dios…

Siéntate en silencio y, con los ojos cerrados, revisa mentalmente cómo se encuentra tu cuerpo y tu mente… luego ve relajándote mientras respiras lenta, profunda y uniformemente…

Cada vez que inhales ve repitiendo una de las siguientes frases: “Quiero agradarte Señor” o “Muéstrame Señor el sentido de tu alianza conmigo”.

Permanece así por un tiempo no inferior a 15 minutos…

Al terminar el ejercicio, escribe lo que vayas descubriendo y después, si gustas, compártelo con alguien significativo en tu vida espiritual…

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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