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El arte de hacer el bien según el Padre Chuyito

Pbro. Elías Morales Enríquez

El viernes 17 de septiembre, a las 18.45 horas y en el marco de la pandemia que nos aflige se durmió en el Señor el presbítero don Jesús Macías Pérez, decano del clero de Guadalajara. Tenía 99 años de edad (nació en San Martín de Bolaños el 6 de febrero de 1922) y 75 de ministerio presbiteral (que recibió en la capilla del Seminario Interdiocesano de Montezuma, Nuevo México, el 5 de abril de 1946), habiendo iniciado su formación en el Seminario Auxiliar de Nuestra Señora de Guadalupe de Totatiche en 1934), todavía en la etapa de los Seminarios clandestinos y muy fresco en el ambiente el martirio de San Cristóbal Magallanes y San Agustín Caloca.

Ya ordenado presbítero cursó la carrera de profesor normalista,
dedicándose a crear y atender escuelas parroquiales en
Tamazulita (1950), Apozol (1955) y Ameca (1960). Siendo
párroco de esta última (de Santiago Apóstol), fue nombrado
Director del colegio tapatío Francisco Gómez de Mendiola (1970)
que tuvo a su cargo hasta el año 2011.

El Padre Chuyito
Así nos dirigíamos a él ya en la recta final de su vida, cuando conocí a
este hombre de Dios en el sentido más pleno, tan solicitado por niños y
jóvenes ávidos de su consejo.
Cantar era su gusto. Cuando lo conocí, ya nonagenario, todavía tenía
ánimo y pulso para tañer las cuerdas de la guitarra. Austero en su
presentación y sobrio en su dieta, colaboró en la pastoral parroquial
hasta hace poco menos de un mes, pidiéndome que le exonerara por
habérsele venido un cansancio grandísimo –muchas veces me pidió
encomendarlo a Dios para que ya se lo llevara–. “Amigo –así me decía–
ya estoy solo en este mundo, sólo lo tengo a usted. Ayúdeme a cumplir
la voluntad de Dios. No me deje en los últimos momentos”. Y así fue.


En la enfermedad, sereno y aceptando la voluntad de Dios, fue
un varón lleno de cultura y amor a la educación pero de índole
noble y sencilla, ánimo conciliador y en pro de la fraternidad, la
plegaria y el conocimiento.

Lúcido hasta el final, le asistía una familia que sin parentesco de sangre
con él lo acogió como un miembro más y que le tuvo respeto y amor sin
límite.

Modelo de buen pastor
Fui su párroco y su confesor los últimos seis años de su vida. Si tenía
necesidad de ausentarse lo hacía siempre con mi venia. Era pobre, no
acumuló ni dinero ni bienes. El único objeto valioso que retuvo, su cáliz,
ya lo había donado a la parroquia, pues de su biblioteca y objetos
personales se deshizo hace muchos años y su corta pensión se iba en
medicamentos –y hasta me la ofreció cuando comencé obras de
remodelación en el templo, cosa que no acepté–.
Tuve en él un evangelio y puedo afirmar que murió sin nada que
reprocharse y habiéndolo dado todo, como Fray Antonio Alcalde.
Todavía pudo presidir, el domingo 6 de abril del 2021, en el templo
parroquial de María, la Virgen Fiel, de la colonia Jardines del Nilo, en
San Pedro Tlaquepaque, su Misa de acción de gracias en sus bodas de
diamante como presbítero y regalarnos una muy emotiva homilía. Murió
con pocas horas de diferencia de su anfitrión y sus exequias fueron en
ese lugar, el domingo 26 de septiembre del año en curso.
Descanse ya de sus fatigas en las moradas eternas un justo que hizo
tanto bien con su palabra, su ejemplo y su vida.

Acerca de Miroslava Flores Torres

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