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Franca inmensidad: la Barranca del Río Santiago

Pbro. Tomás de Híjar Ornelas

Apenas este jueves 31 de octubre de 2019 se inauguró, en el Centro Cultural Casa ITESO Clavigero (calle José Guadalupe Zuno 2083, entre la avenida Chapultepec y la calle de Marsella, en la colonia Americana de Guadalajara) una exposición de pinturas y textos que podrá visitarse, con entrada libre y horarios muy amplios, en lo que resta del año, especialmente dedicada a esa “franca inmensidad” que es la Barranca del Río Santiago, lindero norte y noreste de la capital de Jalisco.

Pinceles de artistas tan importantes como José Vizcarra (1868-1956), Carlos Orozco Romero (1896-1984), Tomás Coffeen (1910-1985), Armando Salas Portugal (1916-1995), Alfonso de Lara Gallardo (1922-2013), que quiso vivir al borde de ella, y Jorge Navarro (1922-2013) podrán admirarse junto con fotografías de respetables artistas y la recreación literaria de Agustín Yáñez, que tan honda huella tuvo de ese hábitat en la primera parte de su vida, sabiamente combinados gracias a la inmejorable atención de Gutierre Aceves, director de la Casa.

Abrió la exposición la enjundiosa charla de Juan José Doñán, uno de los pocos habitantes de la zona metropolitana de Guadalajara que más ha aprovechado la también llamada Barranca de Huentitán o de Oblatos, por haber sido el pueblo de indios de aquel nombre y la hacienda de la Congregación religiosa del segundo, el balcón desde el cual los tapatíos de antaño podían asomarse a un cañón que fue cavando el caudal del Río Santiago hace millones de años, y que alcanza hasta 600 metros de profundidad.

No pudo faltar en lo que dijo el sentimiento de pena de lo que también, por la indolencia y falta de atención a la cultura ecológica, ha terminado siendo un vertedero para las aguas negras de los moradores de la urbe y también, proyecto fallido y costoso para un abortado dique propuesto para dotar de agua a quienes vivimos en la mancha urbana.

Disfrutar lo que vieron las pupilas atentas y sensibles de los artistas, cuyas obras se reúnen por primera y tal vez única vez, y perpetuaron en manchas, policromía, veladuras, colores apastelados, contrastes lumínicos y texturas este tema, ha de ser, para todos, la ocasión de valorar ese entorno que tantas consecuencias seguirá teniendo para la capital de Jalisco.

Y es que de poco o de nada servirá, que sus mil 136 hectáreas tengan, desde 1997, la categoría de área natural protegida, si eso no redunda en acciones puntuales que la preserven como un ecosistema invaluable.

Acerca de David Hernandez

Lic. en Filosofía por el Seminario de Guadalajara | Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Veracruz | Especialista en temas religiosos | Social Media Manager

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