Home / Cultura y Formación / Gandhi en los ojos de su nieto
El nieto de Mahatma Gandhi dijo que en la búsqueda de la paz, no se debe ver a los otros como enemigos, sino como amigos a los que hay que transformar mediante el amor y el respeto

Gandhi en los ojos de su nieto

Un lápiz viejo fue el pretexto para conocer y entender la dinámica de la violencia y la manera de crear paz.

Javier de Silvia

“Para apagar el fuego de la violencia física tenemos que cambiarnos a nosotros mismos”, afirmó Arun Gandhi, en su charla “Gandhi y desobediencia civil”, ofrecida durante la Feria Internacional del Libro (FIL) que concluye este domingo.

Cuando Arun Gandhi era un niño, miró detenidamente su lápiz viejo, corto y desgastado, y decidió que merecía uno nuevo… uno mucho mejor. Así que lo tiró en la calle y corrió a pedirle uno nuevo a su abuelo Mahatma Gandhi, pues, supuso, se lo daría así, sin más… pero se equivocó.

El gran activista y filósofo de la India no escatimó en darle una lección a su nieto que, después de décadas, aún resuena en su interior.

“Me preguntó insistentemente que dónde lo había dejado, que cómo se me perdió, yo no entendía por qué hacía escándalo por un lapicito. Me dijo: ‘Sal, y búscalo’. Duré como dos horas y cuando lo encontré y se lo llevé, me dijo que me sentara y que aprendería dos lecciones”, relató.

“La primera fue que, incluso el objeto más pequeño necesita de muchos recursos naturales para ser creado, y si no se respeta eso, entonces hacemos violencia contra la naturaleza. La segunda fue que en una sociedad como la nuestra, en la que podemos comprar todo a granel, somos responsables de que nuestro consumo masivo, provoque que otros vivan en pobreza, y eso es violencia contra la humanidad”, recordó.

Arun Gandhi añadió que ambas enseñanzas fueron el comienzo de una serie de tareas que le encomendó, y  ayudaron a comprender el génesis de la violencia.

“Después, me hizo dibujar un árbol genealógico de la violencia, que se dividía en dos: la pasiva y la física, y cada día yo debía examinar todo lo que había experimentado o vivido en el día y examinado sobre el lugar correcto que ello correspondía en este árbol”, compartió.

“La violencia pasiva es el combustible de la violencia física, y entonces, para apagar el fuego de la violencia física, tenemos que cambiarnos a nosotros mismos. A menos de que no veamos cómo contribuimos a la violencia diaria, no podremos darle paz al mundo. La paz es crear armonía en la sociedad y parte de establecer relaciones entre nosotros”, subrayó.

El nieto de Mahatma Gandhi dijo que en la búsqueda de la paz, no se debe ver a los otros como enemigos, sino como amigos a los que hay que transformar mediante el amor y el respeto.

Al expresar que las enseñanzas que le dejó su abuelo, desea esparcirlas en todas las latitudes con la convicción de que la filosofía de paz que constituyó en momentos de violencia y odio aún es necesaria.

Durante la sesión de preguntas, los asistentes cuestionaron al activista sobre cómo proceder con dicha filosofía en situaciones de violencia, como las que se viven en Latinoamérica, a lo que respondió que la sociedad no debe centrarse en el castigo de las personas que cometen algún crimen, sino en enfocarse en lo que originó que actuaran de dicha manera, a fin de detener el círculo de violencia.

“Tenemos que aprender a crear relaciones de respeto, aceptación y apreciación; tenemos que respetarnos a nosotros, a los demás y también la conexión con todas las creaciones. Somos parte de la creación, y sólo así entenderemos quiénes somos, dónde estamos y hacia dónde vamos en este mundo”, concluyó.

“Tenemos que aprender a crear relaciones de respeto, aceptación y apreciación; tenemos que respetarnos a nosotros, a los demás y también la conexión con todas las creaciones. Somos parte de la creación, y sólo así entenderemos quiénes somos, dónde estamos y hacia dónde vamos en este mundo”

Acerca de admin

Revisa También

Celebración de la Palabra: Jesús, el esposo amoroso y servicial de la Iglesia

Ofrecemos un esquema para realizar una celebración familiar o grupal, sin la presencia del presbítero, …