Home / Cultura y Formación / Justicia, Misericordia y Verdad

Justicia, Misericordia y Verdad

Cristina Parra Aguirre

Cuando la gente no quiere ser molestada por su conducta -aunque en conciencia saben que están obrando mal-, te dicen: “¿Quién te crees tú para juzgar a la gente?”, y ya con eso no permite que se emita opinión, corrección o comentario alguno. Igual piensa la gente que no quiere comprometerse, que no quiere involucrarse con la salvación de su prójimo; prefiere mantenerse al margen y no juzgar.

Se nos exige ser perfectos para poder entonces emitir un juicio o corrección al prójimo ¿Qué acaso tú no te equivocas? “¿Cómo puedes decir a tu hermano: Hermano deja que te saque la pelusa que tienes en el ojo, siendo que tú no ves la viga en el tuyo?” (Lc. 6, 42). No es necesario estar libre de faltas para poder ayudar al otro a corregirse… de hecho nos ayudamos todo el tiempo unos a otros a superar nuestras faltas, defectos y limitaciones.Otra palabra mal usada es la Misericordia. Debiéndose entender como la disposición a compadecerse de las miserias ajenas para sentir compasión, empatía y amor por las personas que sufren; se quiere utilizar para que se permita hacer todo lo que la persona quiera sin restricciones, límites o consecuencias. “Al cabo Dios es misericordioso y bueno, Él me perdonará sin duda todo lo que haga”.

            Sin embargo, las Obras de Misericordia Espirituales nos dicen que debemos perdonar las ofensas del otro, soportar sus defectos con paciencia, pero también ACONSEJAR AL QUE LO NECESITA, CORREGIR AL QUE SE EQUIVOCA Y ENSEÑAR AL QUE NO SABE.

            El libro de los Proverbios en la Escritura dice: “El que ahorra el castigo a su hijo, no lo quiere; el que lo ama se dedica a enderezarlo” (Prov. 13, 24) y el Evangelio de Mateo: “Si tu hermano ha pecado contra ti, anda a hablar con él a solas. Si te escucha, has ganado a tu hermano. Si no te escucha, lleva contigo a dos o tres de modo que el caso se decida por boca de dos o tres testigos. Si se niega a escucharlos, dilo a la Iglesia reunida. Y si tampoco lo hace con la Iglesia, será para ti como un pagano o un publicano” (Mt. 18, 15-20).

            Entonces si sabes que tu hermano, hijo, amigo o conocido está haciendo algo que lo perjudica, lo daña, no le conviene, no debemos quedarnos con los brazos cruzados, indiferentes; hay que ayudarle, haciéndole ver en qué está fallando, pero con caridad. ¿Y si vieras que esta persona está peligro de irse a un barranco, de morir? ¿Cómo lo detendrías? Quizás a veces es necesario usar la fuerza, actuar de inmediato con tal de que no se pierda. Pide al Espíritu Santo te ilumine para saber amonestar amorosamente, pero también pídele humildad para aceptar cuando otro te hace ver tus errores.

Resaltar frase, bañada por TXT

 “Quien busca la justicia y la misericordia, hallará vida, prosperidad y honor”.

 (Prov. 21, 21).

Acerca de David Hernandez

Lic. en Filosofía por el Seminario de Guadalajara | Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Veracruz | Especialista en temas religiosos | Social Media Manager

Revisa También

Celebración de la Palabra ¿En qué se nota que he experimentado el amor de Dios?

Ofrecemos un esquema para realizar una celebración familiar o grupal, sin la presencia del presbítero, …