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La escritura como ejercicio espiritual

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

El jueves 21 de noviembre se llevó a cabo en el ITESO la charla “La escritura como ejercicio espiritual”, impartida por el sacerdote jesuita Pablo d’Ors (Madrid, 1963), quien a la fecha ha publicado 11 libros la mayoría de ellos en el género de novela.

El poder de cambiar y cambiarnos

Durante su exposición d’Ors, quien fue criado en un ambiente cultural alemán pues es descendiente de alemanes, señaló que silencio y palabra son las dos caras de una misma moneda, y enfatizó que la palabra tiene un poder de transformación muy grande.

Explicó que el silencio nos cambia a nosotros mismos y las palabras transforman al mundo.

Respecto a la narrativa el padre d’Ors dijo que para que haya cuento, debe haber un problema. Un buen narrador sabe dilatar la información e irla dosificando dando lugar al suspenso.

En referencia al ser espiritual, el expositor refirió que el ser humano tiene tres dimensiones que deben aprovecharse para escribir: cuerpo – mente – espíritu. “El alma es la dimensión de misterio que nos da consciencia del cuerpo y de la mente”.

Ser escritor es una vocación

Señaló que respecto a la vocación literaria, los escritores son en su mayoría personas espirituales. “Un escritor nace de una vocación, un oficio, un estilo de vida”. La vocación es el llamado de una voz interior.

La escritura es una respuesta una vocación y convertirlo en un oficio es una práctica diaria a la que hay que dedicarle tiempo.

Refirió que la tarea de escribir es bastante frustrante pues da la sensación de estar perdiendo el tiempo, sin embargo es una actitud creativa.

En una segunda triada a tomar en cuenta para abrazar la escritura como vocación señaló: los libros – los otros – el escritorio.

Dijo que la escritura es la otra cara de la moneda de la lectura. “No se puede escribir sin que te apasionen los libros. Los libros nacen de los libros”.

Añadió que quienes inician en el oficio de la escritura tienden a copiar el estilo literario de quienes admiran. “Es el otro el que te conduce a escribir al estilo de… así es como se aprende”.

Dijo que si bien el escritor tiene interés por los otros y por el mundo y abre su visión mediante los viajes, las lecturas, los diálogos; sin una dosis de autoafirmación personal no ha escritor. El escritor tiene un ego fuerte.

Un ejercicio de autoconocimiento

“Un libro es una declaración de lo que hemos vivido”.

Precisó que hemos venido a este mundo para escuchar lo que somos

Explicó que el escritorio es el templo del escritor y es un espacio metafórico de lo que va a ser el libro: entre el orden y el caos.

Escribir con la mano es primordialmente un oficio manual. “La escritura te revela lo que tú no sabes que sabías. Es fiarse de la mano, del cuerpo.

“Casi todo lo que se escribe es muy malo, son tonterías. Un escritor es alguien capaz de soportar mucho tiempo su propia estupidez. Los verdaderos libros nacen de la muerte de la vanidad. La escritura espiritual se consigue amando el camino. Más allá de conseguir escribir un libro, hay que seguir escribiendo; amar el oficio con independencia del resultado. No se puede escribir con prisa”.

El conflicto de la escritura

Dijo que al escribir hay que plantearse el género y la temática. Respecto a los géneros, señaló la ficción y la charla, es decir, la novela y el ensayo. “En el ensayo se vierte la propia opinión, en la novela se vierte la opinión de muchos, pues es un género democrático que utiliza la presencia de muchos personajes”.

Señaló que en la literatura existen tres grandes temáticas: amor, vida y muerte. “Los libros nos enseñan a vivir, amar o morir”. Dijo que de ahí se desprenden otras temáticas como el drama de la separación.

“La separación más conflictiva es entre los instintos y los ideales, entre el cuerpo y la mente, entre el misticismo y el erotismo. Se debe conciliar la cabeza con los instintos desde el alma”.

“El escritor puede deslumbrar o alumbrar. El sentido más profundo de la literatura es alumbrar”.

Añadió que la modernidad era el sueño de la razón y la postmodernidad es el despertar de este sueño, “que nos lleva a la realidad de que la razón no lo es todo. La poética necesita de la mística.

“La escritura es una concreción del pensamiento. Escribir es terapéutico porque expresa, y nos ayuda a tener consciencia de la propia historia.

“No se escribe solo lo que se ha vivido, sino lo que vamos a vivir. La escritura es profética”.

Finalizó diciendo que la sabiduría de la vida está en el camino: el horizonte, hacia dónde vas, y el tener los pies en la tierra.

¿Quién es?

Pablo d’Ors nació en Madrid, en 1963. Es nieto del ensayista y crítico de arte Eugenio d’Ors, hijo de Juan Pablo d’Ors Pérez-Peix, médico humanista, y de María Luisa Führer. Es discípulo del monje y teólogo Elmar Salmann.

Tras graduarse en Nueva York y estudiar Filosofía y Teología en Roma, Praga y Viena —donde se especializó en germanística—, se doctoró en Roma en 1996 con una tesis titulada «Teopoética. Teología de la experiencia literaria». Fue ordenado sacerdote en 1991.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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Un comentario

  1. Me parece un articulo muy interesante y resaltar el valor que tiene, que plasmemos nuestra inquietudes por escrito.
    Un saludo