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Música y naturaleza

Sergio Padilla Moreno

En lo personal, cada que recuerdo las celebraciones más significativas que he vivido de la Solemnidad del Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor, me vienen a la memoria días llenos de luz. Quizá sea el gozo de la fe por lo que se celebra, pero también es la época del año en que está en pleno ascenso la estación primaveral. Es por eso que es buena ocasión para hablar de la relación entre la música y la naturaleza, como un modo luminoso de celebrar el triunfo de la Vida de Jesús sobre la muerte.

En la biografía de muchos de los más grandes compositores de la historia se da testimonio de su fascinación y búsqueda de contacto con la naturaleza, tanto para encontrar venas de inspiración para su obra, así como para crear la atmósfera propicia para componer. Sabemos que Ludwig Van Beethoven hacía frecuentes paseos a parajes boscosos cerca de Viena para encontrar momentos de inspiración y sosiego.

El compositor Gustav Mahler hizo construir una pequeña cabaña a orillas del lago Attersee en Austria, donde se alojaba por largos periodos en los veranos para componer sus sinfonías. El italiano Giuseppe Verdi, uno de los más reconocidos compositores operísticos de todos los tiempos, vivió gran parte de su vida en una villa campestre cerca de Busseto, su ciudad natal, pues consideraba fundamental el contacto permanente con la naturaleza.

Cuántas obras musicales se han acercado con sonidos instrumentales y colores orquestales a los ritmos de las estaciones, al discurrir del día desde el amanecer, el ocaso y la noche; el fluir de los ríos, la vida de los animales, la majestuosidad de las montañas, la fuerza de las tormentas y del viento, además de la lucha por la vida de los hombres del campo. La música ha sido un vehículo privilegiado para acercarse a la experiencia kantiana de lo sublime, esto es, cuando el ser humano no puede expresar con palabras, ni conceptos, su fascinación ante la naturaleza.

Una de las obras más famosas en el campo de la música barroca –y quizá de todos los tiempos- es el ciclo de Cuatro conciertos para violín y orquesta, conocido como Las cuatro estaciones de Antonio Vivaldi (1678-1741). De manera magistral, el compositor va pintando y describiendo con música diversas escenas de la naturaleza, sus matices, sus sonidos y sus cambios a lo largo de las estaciones.

Otra de las obras más paradigmáticas de la relación entre la música y la naturaleza es la Sinfonía no. 6 en Fa mayor, op. 68, compuesta en 1808 por Ludwig Van Beethoven (1770-1827), y que es conocida con el título de “Pastoral”. Esta sinfonía es uno de los primeros intentos en el romanticismo musical por describir con sonidos las más diversas realidades; aunque el propio Beethoven dijo que esta sinfonía, más que describir ciertos paisajes naturales y escenas bucólicas, quiso expresar los sentimientos y emociones que la naturaleza provocaba en su alma.  

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx

Beethoven: 6. Sinfonie (»Pastorale«) ∙ hr-Sinfonieorchester ∙ Ariane Matiakhhttps://www.youtube.com/watch?v=xWDIwsfgQnE

Acerca de Miroslava Flores Torres

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