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“Padre, ¿es verdad que la Iglesia eximió de la confesión por la pandemia?”.

Pbro. Eduardo Michel Flores

Una vez una señora me preguntó: “Padre, ¿es verdad que la Iglesia eximió de la confesión por la pandemia?”, yo le pregunté extrañado: “¿Por qué me pregunta eso? ¿Quién se lo dijo?”, y ella me respondió: “Lo que sucede es que yo soy viuda, madre de tres hijos y una de mis hijas anda de novia con un joven que es católico, pero no es muy practicante, hace poco celebramos una misa en el primer aniversario de la muerte de mi esposo y este joven se acercó a recibir la comunión, lo cual me extrañó, porque no asiste muy seguido a la Iglesia, no quise quedarme con la duda y le dije a mi hija que por qué su novio había comulgado si seguramente no estaba preparado.

Entonces ella le preguntó y él le dijo que efectivamente hace mucho que no iba a misa, pero que no se había confesado porque la Iglesia había dispensado de la confesión por la pandemia y que cualquier persona que quisiera comulgar solo necesitaba arrepentirse en su interior y eso bastaba para poder comulgar.

Yo le dije que nunca había oído que la Iglesia hubiera hecho una concesión de esa naturaleza, pero como lo dijo con tanta seguridad me hizo dudar, así que por eso quise venir a preguntar”.

LA IGLESIA NO HA EXIMIDO DEL SACRAMENTO DE LA CONFESIÓN

Yo le dije: “Mire, la Iglesia es nuestra madre, y efectivamente ha buscado durante la pandemia facilitar la participación en los sacramentos, como por ejemplo la eucaristía, por eso, cuando las autoridades decretaron el cierre de los templos por el aumento de contagios, la Iglesia concedió a los fieles la oportunidad de cumplir con el precepto dominical siguiendo la misa a través de los medios de comunicación, sin embargo, respecto al sacramento de la confesión las disposiciones han sido otras, no existe la posibilidad de realizarlo más que presencialmente, durante la pandemia la Iglesia ha recomendado buscar este sacramento a diversas horas y en diferentes días, pero la Iglesia no ha eximido del sacramento de la confesión a nadie, menos ahora que tenemos de nuevo los templos abiertos y el culto funcionando normalmente”.

Ella me dijo: “Padre, entonces quien dice haber pedido perdón en su interior teniendo pecados mortales y se acerca a comulgar sin haberse confesado ¿Cuál es su situación?”.

Yo le respondí: “La Iglesia es muy clara al respecto, quien tiene pecados mortales tiene que acercarse a confesar con un sacerdote si quiere recibir el perdón de ellos, no existe otro camino, y si dice que le pidió perdón a Dios y se acerca a comulgar comete un sacrilegio, que es un pecado más grave que el pecado mortal, esa es su situación”, ella me respondió: “Entonces estaba yo en lo correcto, ahora, no sé si será bueno que le diga a este joven que está equivocado para que enmiende su actitud o mejor no le digo nada para no meterme en problemas”.

PECADO DE OMISIÓN

Yo le respondí: “Mire, si usted se entera de que alguien está en un error y pudiendo corregirlo no lo hace, se hace tan culpable como él por no corregirlo, pero si lo corrige y no cambia esa ya no es responsabilidad de usted, sino solo de él”, ella me dijo: “De acuerdo padre, entonces eso haré, muchas gracias”.

El Profeta Ezequiel advierte que quien sabe de una falta de otra persona, debe cumplir con su deber de denunciar la conducta equivocada o de lo contrario deberá rendir cuentas ante Dios de su omisión:

«Hijo de hombre, yo te he puesto como centinela de la casa de Israel. Oirás de mi boca la palabra y les advertirás de mi parte. Cuando yo diga al malvado: “Vas a morir”, si tú no le adviertes, si no hablas para advertir al malvado que abandone su mala conducta, a fin de que viva, él, el malvado, morirá por su culpa, pero de su sangre yo te pediré cuentas a ti.

Si por el contrario adviertes al malvado y él no se aparta de su maldad y de su mala conducta, morirá él por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida. Cuando el justo se aparte de su justicia para cometer injusticia, yo pondré un obstáculo ante él y morirá; por no haberle advertido tú, morirá él por su pecado y no se recordará la justicia que había practicado, pero de su sangre yo te pediré cuentas a ti.

Si, por el contrario adviertes al justo que no peque, y él no peca, vivirá él por haber sido advertido, y tú habrás salvado tu vida» (Ez 3,17-21). Por tanto, señalar un error ajeno es un deber de caridad.

 Hasta la semana que viene, si Dios quiere.

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