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“Padre, ¿puede una persona prometer una ‘manda’ por otra persona?”

En cierta ocasión, llegó un joven y me preguntó: “Padre, ¿puede una
persona prometer una ‘manda’ por otra persona?”. Yo le respondí: “¿Por
qué me preguntas eso?”, entonces, él me dijo: “Es que mi mamá es muy dada a prometer mandas por otros, y quiero saber si la Iglesia permite eso”.
Yo le contesté: “¿Cómo es eso? A ver, explícame, por favor”. Entonces, él
me dijo: “Sí, Padre, mi mamá es muy dada a prometer mandas y penitencias
por nosotros, sus hijos. Por ejemplo, una vez estaba gravemente enfermo
uno de mis hermanos pequeños y mi mamá prometió que si sanaba lo llevaría durante nueve días vestido como san Martín de Porres a la iglesia del mismo santo, mi hermano sanó y así lo llevó.
“Recientemente, me tocó a mí, estaba estudiando para mi examen de titulación, muy preocupado. Mi mamá, sin que me enterara, prometió que si me iba bien en el examen, iría caminando a un Santuario de la Virgen, que está muy lejos; le dije que yo no había prometido nada y que por tanto no tenía obligación de cumplir. Creo que una persona no debería prometer mandas o promesas por otra, ¿qué dice la Iglesia en estos casos? Yo le respondí:

“Sobre este tema, el Catecismo de la Iglesia Católica dice que hay dos tipos de promesas: las que la Iglesia exige hacer en algunas celebraciones sacramentales (el Bautismo, el Matrimonio, el Orden), y las que el cristiano puede hacer por devoción, por ejemplo, un acto, una oración, una limosna, una peregrinación, etc.

PROMESAS SOLO POR UNO MISMO
Es este segundo tipo de promesas al que se refieren “las mandas”. Una “manda” es una promesa que una persona hace a Dios, a la Virgen o a un santo, por tanto, queda claro que, en principio, la promesa se hace en primera persona y nadie debería prometer una “manda” por terceros,
ya que las penitencias y “mandas” son un compromiso personal y no un compromiso que una persona hace por otra. Hay que aclarar que uno no está obligado a cumplir una manda hecha por otro”.
Entonces, él me dijo: “Entiendo, Padre, le agradezco mucho su explicación”.

La manda es una promesa que suele estar relacionada con la piedad popular o con las peregrinaciones; puede tener carácter penitencial, de petición de un favor o de agradecimiento por una gracia concedida, según los casos. En todos es fundamental la actitud del creyente que se fía de Dios y se ofrece a sí mismo. No es tanto lo que se entrega sino el significado de la ofrenda. Cumplir las promesas que hacemos a Dios es una muestra de nuestro amor y respeto de hijos a quien es siempre fiel a su alianza con nosotros.

Hasta la semana próxima, si Dios lo permite.

VOTOS, PROMESAS Y MANDAS
El sentido y el significado de la manda suele estar ligado o relacionado con las peregrinaciones. Generalmente, la manda se cumple con motivo de una peregrinación o de una visita a un lugar sagrado, a un Santuario. También está relacionada la promesa con momentos culminantes de la vida o de la conversión de las personas.
En el lenguaje religioso católico se habla de votos, promesas y mandas. Los votos son promesas formales, privadas o públicas. Los votos son propios de la vida consagrada, particularmente, los tres votos de pobreza, castidad y obediencia. Las promesas, en general, tienen un carácter amplio y abarcan distintos aspectos, ya sea del ámbito público o privado.

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