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¿Realmente Jesús hacía milagros?

Dicen algunos que Jesús poseía un poder de seducción tan alto que sus milagros no eran milagros, sino prodigios de sugestión.

Roberto O´Farrill Corona

Dicen que Jesús fue un gran filósofo que supo traducir sus pensamientos en una enseñanza de vida para sus discípulos; es cierto. Y dicen que de las manos de Jesús salían milagros que curaban enfermedades y sanaban emociones con un poder tal que expulsaba a los demonios; también es cierto. Pero dicen algunos que sus milagros no eran milagros, sino fenómenos de sugestión.

¿Sugestión colectiva?

¿Quién podría sugestionar al agua hasta transformarla en vino? Sirvamos un vaso de agua y aunque con la mirada fija y penetrante mil veces le digamos que es vino, seguirá siendo agua por siempre. La sugestión no transmuta ni transforma la materia.

¿Quién podría sugestionar a un cadáver para que vuelva a vivir? Mil veces le podemos repetir a un muerto que no está muerto, que no es un cuerpo abandonado del alma, y aunque le digamos mil veces que espontáneamente vuelva a animarse de vida, seguirá siendo un cadáver.

En la persona de Jesús, la divinidad se hizo humana, pues es Dios y es hombre. Como Dios, eterno e inmortal; como hombre, sujeto al tiempo y a la muerte.

Jesús tenía un amigo de nombre Lázaro, que un día enfermó gravemente hasta morir. Sus hermanas, María y Marta, habían pedido a Jesús que lo curara, pero cuando llegó a Betania, su aldea, se encontró con que su amigo ya había muerto y llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Jesús, conmovido en su interior, fue al lugar donde lo habían sepultado, pidió que retiraran la piedra y “gritó con fuerte voz: -¡Lázaro, sal fuera! El muerto salió, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Jesús les dijo: -Desátenlo y déjenlo andar” (Jn 11,43-44). Esto es más que una sugestión, es más que una enseñanza; esto es ser dueño y creador de la vida, es tener poder sobre la muerte.

Más allá de la muerte

En la India, una mujer de nombre Kisa Gotami, tenía un hijo que la llenaba de alegría, pero que enfermó hasta que murió, a pesar de todos sus esfuerzos por salvarlo. Luego de recorrer toda su aldea en busca de una medicina que lo volviera a la vida, acudió con Buda, quien por su fama de estar dotado de toda clase de poderes, pensó que podría ayudarle. Buda le respondió que para hacer la medicina necesitaría una semilla de mostaza, pero le indicó una condición precisa: “La semilla debe venir de un hogar donde nadie nunca haya muerto”. Los textos de la tradición budista refieren que ella encontró semillas de mostaza en muchas casas, pero ninguna en la que no hubiese muerto nunca alguien. Entendió, entonces, que la muerte es para todos, incineró a su hijo y volvió con Buda, de quien se hizo discípula suya.

En un pueblo llamado Naín, cuando Jesús se acercaba a sus puertas, “sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de una viuda. La acompañaba mucha gente del pueblo. Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: -No llores. Luego, acercándose, tocó el féretro, y los que lo llevaban se pararon. Dijo Jesús: -Joven, a ti te digo, levántate. El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él se lo dio a su madre” (Lc 7, 12-15).

Una mujer le llevó a Buda a su hijo muerto y en respuesta recibió una enseñanza de desapego para poder librarse del sufrimiento. Un par de hermanas llevaron a Jesús al sepulcro de su hermano y él se los regresó vivo; y le devolvió vivo a su hijo a una madre sufriente. También volvió a la vida a la hija de Jairo, luego de tomarla de la mano ante sus abatidos padres (Cfr Mc 5,35-43). Jesús, más que mostrar cómo vivir la vida, nos enseña cómo hemos de vivir con la vida, ahora, para seguir viviendo más allá de la muerte.

Acerca de Hugo Rodríguez

Reportero y Community Manager en Arquimedios Guadalajara. | Ciencias de la Comunicación y Administración de la Mercadotecnia. | Periodismo Deportivo. | Locutor en Valora Radio y Radio María. | Reportero y Columnista en TR Fútbol.

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Un comentario

  1. Creo que a Roberto O´Farril le convendría estudiar un curso serio de exégesis bíblica y leer los evangelios desde los modernos plantamientos de John P. Meier, Pagola o Antonio Piñero, por mencionar algunos de ellos. Este texto se me hace demasiado anclado en visiones preconciliares (por excesivamente literalistas) y con una muy mala, y sesgada, lectura del budismo.

    El tema del agua convertido en vino y la revivificación de Lázaro (que no resurrección) son pasajes que nada más están en el evangelio de Juan (¿por qué los evangelistas sinópticos no hablan de tales “portentos”?). Y es que más que entenderlos como “portentos” literales, son signos que traen una profunda catequesis. Por lo que preguntas si son milagros reales o fenómenos de sugestión es un dilema falso.