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San Julio Álvarez

Pbro. Adrián Ramos Ruelas

Julio Álvarez Mendoza es uno de los santos mártires mexicanos canonizados por San Juan Pablo II aquél 21 de mayo del Año Jubilar 2000. Nació en Guadalajara, Jalisco, el 20 de diciembre de 1886. Sus padres fueron Atanasio y Dolores. Su familia era de bajos recursos económicos. La generosidad de unos bienhechores y el aprovechamiento del muchacho en sus estudios le permitieron formarse en un colegio antes de ingresar, en 1880, al Seminario Conciliar de Guadalajara.

Fue ordenado presbítero el 2 de diciembre de 1894 por Pedro Loza y Pardavé.

Fue párroco de Mechoacanejo, Jalisco, de la Diócesis de Aguascalientes. Ahí pasó toda su vida sacerdotal.

Se distinguió por ser un párroco cariñoso, padre y amigo de los niños, pobre entre los pobres y sencillo. No escatimaba corregir a alguien con firmeza.

Enseñó trabajos de artesanía a sus fieles para que pudieran superarse. Su oficio de sastre le sirvió para hacer ropa a los más necesitados.

Fue un gran devoto de María Santísima de Guadalupe.

Cuando los obispos decretaron la suspensión del culto público en 1926, el padre Julio decidió permanecer en su parroquia. Administró los sacramentos a hurtadillas. No tardaría en comenzar su Calvario.

Fue apresado por miembros del ejército, camino de un rancho. Allí inició propiamente su martirio. Fue llevado a Villa Hidalgo, Jalisco, a Aguascalientes, a León, Guanajuato y por último a San Julián, Jalisco. En León, el general Amaro dio la sentencia para que lo fusilaran.

El 30 de marzo de 1927 fue colocado sobre un montón de basura para ser fusilado y dijo suavemente: “Voy a morir inocente. No he hecho ningún mal. Mi delito es ser ministro de Dios. Yo les perdono a ustedes”.

Cruzó los brazos y esperó la descarga. Su cadáver fue abandonado. Los habitantes de San Julián, enterados de que habían dado muerte al sacerdote, procedieron a velarlo y darle sepultura.

En el lugar donde lo aprehendieron colocaron una lápida y una cruz, lo mismo que en el lugar de su martirio. Sus restos fueron trasladados a Mechoacanejo.

¿Qué podemos aprender de este santo mártir?

  1. Su dedicación al estudio. En medio de su pobreza pudo ser reconocido y promovido para hacer estudios superiores.
  2. Su entereza. No obstante la persecución religiosa, se mantuvo fiel en su parroquia, haciendo lo que podía con su feligresía, a escondidas.
  3. Su nobleza. En el momento de su martirio perdonó de corazón a sus verdugos.

Acerca de Hugo Rodríguez

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