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Secuela del covid vuelve la comida un suplicio

por Nicolle Alcaraz

Imagina que, por tu cumpleaños, te obsequiaron tu pastel preferido. Este, elaborado con cuatro chocolates distintos, hace que a todos lo invitados a tu fiesta se les haga agua la boca. Sin embargo, a la hora de degustar tu rebanada, esta tiene un sabor desagradable. Como a cebolla. Pero, extrañamente, todos a tu alrededor parecen disfrutarlo. ¿qué está pasando?

Este es el caso de 6.5 millones de personas a nivel mundial, según cifras de la asociación AbScent, quienes tras haber enfrentado al covid-19, desarrollaron un cuadro de lo que se denomina parosmia, la cual consiste en “es un cambio en la percepción normal de los olores, por ejemplo, cuando se distorsiona el olor de algo familiar, o cuando algo que normalmente le agradaba de repente se vuelve desagradable” (National Institute on Deafness and Other Communication Disorders, NIDC).

Aunque esta enfermedad ya había sido detectada previo a la pandemia, con el arribo del virus Sars-cov-2 hubo un repunte de casos, lo que hizo que varios investigadores voltearan su mirada a este extraño trastorno.

Vínculo entre el olfato y el gusto

Si podemos oler es gracias a las “neuronas sensoriales olfativas (NSO)”. Estas se encuentran localizadas en una pequeña sección de la parte superior de nuestra nariz, y suelen ser estimuladas por los diferentes olores con los que nos topamos cotidianamente.

Una vez que la información olfativa arriba al hogar de las neuronas, estas comunican la información a nuestro cerebro, y es este quien se encargada de “recordar” y “etiquetar” cada combinación de olores para que, la próxima vez que nos topemos con este, podamos asociarlo con lo que le corresponde.

Estas también trabajan en conjunto con los receptores del gusto, que son los encargados de interpretar lo sabores de la comida que ingerimos, por lo que cuando nos congestionamos o, por alguna otra razón, las NSO no pueden enviar toda la información necesaria nuestro cerebro, estas no pueden “confirmar” la información con los receptores, ocasionando que “no nos sepa” lo que comemos.

Diversos científicos tienen la teoría de que parte del tejido en donde habitan las neuronas sensoriales puede ser dañado por el Covid-19, y que a la hora de reconstruirse estas pueden desarrollar conexiones equivocadas. Por lo que cierto olor, como podría ser el de café, deja de asociarse con la taza que consumimos por la mañana, y termina siendo adjudicado a otro objeto.

Riesgos

A primera instancia, podría parecer que esta condición no es más que una inconveniencia para quien la vive. Sin embargo, el olfato es un sentido que puede alertarnos de diferentes situaciones, como podría ser una fuga de gas, un incendio, o, inclusive, un producto alimenticio caduco. Por lo que el hecho de percibir los aromas de forma distorsionada podría llegar a impedir que los individuos con parosmia se percataran de dichas situaciones.

Por otro lado, al no poder ingerir una gran gama de alimentos, debido a que son asociados con olores putrefactos o desagradables, las personas pueden modificar su dieta, ocasionando ciertos desequilibrios que, a la largo, podrían dañar otros aspectos de su salud.

Asimismo, este trastorno puede también ser síntoma de otros padecimientos más serios, por lo que tomarlo a la ligera permitiría que dichas enfermedades no sean detectadas a tiempo.

Tratamiento

Resulta necesario destacar la importancia de ser diagnosticado por un profesional de la salud, ya que, si bien las personas pueden sentirse identificadas con los síntomas que describen a este trastorno olfativo, las causas de dicha condición pueden variar y, por lo tanto, también el tipo de tratamiento a emplear.

Aunque aún hace falta mucha investigación respecto a esta enfermedad, actualmente los especialistas han optado por tres alternativas. En primer lugar, la suspensión de ciertos medicamentos o sustancias que pueden desencadenar el problema, aplicable en el caso del tabaquismo o en ciertos tratamientos oncológicos.

También, se han reportado casos en donde se prescriben ciertos antibióticos; y, finalmente, existen el “entrenamiento olfativo”, el cual “implica oler intencionalmente cuatro tipos diferentes de olores hasta 15 segundos cada uno (…) proceso se completa dos veces al día durante varios meses” (Kirstie Brewer, BBC).

Acerca de Nicolle Alcaraz Martinez

Comunicóloga y reportera para El Semanario de la Arquidiócesis de Guadalajara.

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