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Según la Iglesia, ¿Qué pasa con las personas que se suicidan?

El problema teológico detrás del atentado contra la propia vida

Sem. Hugo Gaucín

En la sociedad tenemos muchos temas “tabú”, es decir, temas que desagrada a la gente tocar en una conversación. Distintas emociones generan la barrera psicológica que prohíbe comentar ciertas situaciones en una cultura: vergüenza, miedo, asco, desagrado, etcétera.

De verdad, no existen palabras

Frente a la muerte, la sensibilidad humana prefiere en ocasiones callar, nos descubrimos sin palabras para confortar; cuando nos atrevemos decir algo, lanzamos frases aparentemente inofensivas: “Dios se lo llevó”, “Dios lo necesitaba allá”, “es la voluntad de Dios”, “sólo Dios sabe”. Estos consuelos no tienen una intención malvada, pero sin querer, producen en las personas crisis de fe, un profundo enojo dirigido Dios. Es evidente que no poseemos vocabulario para enfrentar el sin-sentido de la muerte.

El impacto que nos causa el suicidio Más confuso aún, pues no hay un “alguien” a quien culpar, es cuando una persona atenta contra su vida.

El suicidio es desconcertante no sólo para los cercanos, sin lugar a dudas todos hemos experimentado el estremecimiento ante la noticia de que alguien se ha suicidado, un vecino, un compañero de trabajo, algún famoso, pudiéramos ni conocerlo, pero el suicidio nos hace a todos cuestionar qué estamos haciendo, qué dejamos de hacer o no hacemos.

Las personas cercanas a quienes atentaron contra su vida sienten una carga terrible; además del silencio social, las cuestiones que vienen y van en la mente giran en torno a impotencias, dudas, confusiones, sentimientos de culpa. Se experimenta el límite cruento de la fórmula: “si tan solo hubiera”, en una omisión real o sólo imaginaria, pero al fin culposa.

Se llevan sus motivaciones a la tumba

Con misterios que bajan a la tumba y nunca se resolverán, la pregunta ahora es ¿Qué pasa con quienes se suicidan?

La Iglesia enseña que el suicidio es malo en todo caso porque desdice a Dios: la vida es un don de Dios, Dios es el dueño de la vida (Cf. Gn 9,5), el suicidio es rechazar el don de Dios, rechazar el dominio de Dios sobre nuestra vida. Es contranatural y antisocial, una deserción y privación a la humanidad de ese don. El suicidio, dirá Papa Pio XII: «es un pecado particularmente grave, como un contrasigno de la ausencia de la fe o de la esperanza cristiana». Lo crudo de las sentencias canónicas no tienen por finalidad excluir y condenar, buscan generar conciencia, en el Código de Derecho Canónico (en latín Codex Iuris Canonici, abreviado CIC) anteriormente estaba prohibido la celebración de exequias a un suicida (Cf. CIC de 1917, can. 1240, § 1, 3.) actualmente, el CIC vigente desde el 25 de enero de 1993, promulgado por Papa San Juan Pablo II, reconoce que la situación moral y el derecho de la sepultura cristiana a quien se ha quitado la vida son independientes, es decir:

Los creyentes que lamentablemente atentaron con éxito contra su vida, pueden ser sepultados acompañados con todos con ritos cristianos, y en atención pastoral, se pide ser respetuosos del dolor y desconcierto de aquellos cercanos que sufren la pérdida.

Dios puede perdonarles y acogerles

En el Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), recupera este sentido de administración del don de Dios (Cf. 2280), la contradicción que implica el suicidio a la voluntad creadora de Dios y sus repercusiones sociales (Cf. 2281), el agravante del escándalo en el suicidio cuando alguien incita o da ejemplo de realización o cooperación, además de advertir aquello que disminuye la responsabilidad como los trastornos psíquicos o temores subsecuentes a presiones sociales (Cf. 2282).

En su atención pastoral, se dirige principalmente a los cercanos «no desesperar (dudar/desconfiar) de la salvación eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado por caminos que Él solo conoce la ocasión de un arrepentimiento salvador» (CEC. 2283). No sabemos la condición mental del suicida en específico, poseemos generalidades, pero no el último pensamiento de aquel, único e irrepetible, que atentó contra su vida.

Acerca de Hugo Rodríguez

Reportero y Community Manager en Arquimedios Guadalajara. | Ciencias de la Comunicación y Administración de la Mercadotecnia. | Periodismo Deportivo. | Locutor en Valora Radio y Radio María. | Reportero y Columnista en TR Fútbol.

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