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Pequeños sin miedo a servir

Francisco Josué Navarro Godínez, 3° de Filosofía

Uno de los servicios más notorios en las celebraciones litúrgicas tiene un rostro pueril… con un halo de inocencia y alegría los monaguillos se encuentran siempre dispuestos a ayudar al sacerdote tanto en la Misa como en los otros sacramentos que lo requieran.

Monaguillo proviene del latín monachus que significa monje. Son niños y niñas que a falta de “acólitos” (ministros instituidos para el servicio al altar) se ponen al servicio para el buen desarrollo de las celebraciones litúrgicas, ¡qué gran dicha poder vivir de tan cerca los sagrados misterios!

He visitado muchas parroquias y me he encontrado con estos pequeños, sin duda existen diferentes tipos, unos bien metidos en su papel, muy conscientes de la gran responsabilidad que tienen, a otros les ganan la inquietud y las ocurrencias propias de su edad, pero la intención es la misma: servir.

Todos somos parte de esta gran familia de los hijos de Dios que es la Iglesia, y muchos son miembros activos en los grupos parroquiales, allí regalan su tiempo, ponen al servicio sus talentos, todo cuanto el Señor les ha dado, y la motivación es el amor, el querer llevar el anuncio del Evangelio a los demás, y es justo que se agradezca este gesto, por tal motivo el pasado siete de mayo la sección de Promoción Vocacional del Seminario de Guadalajara, realizó la celebración del “Día Diocesano del Monaguillo”.

Desde poco antes de las diez de la mañana fueron arribando a la casa del Seminario Auxiliar Anacleto González Flores cientos de pequeños amigos de Jesús, con la compañía de sus formadores, algunos sacerdotes y padres de familia. Poco a poco el recinto fue inundándose de algarabía y frescura, hasta que a las diez y media se dio inicio a la celebración Eucarística que tuvo a bien presidir el Señor Obispo Eduardo Muñoz Ochoa, quien se encarga de la dimensión vocacional en nuestra Arquidiócesis.

Mons. Eduardo invitaba a los cerca de mil monaguillos allí presentes a que a pesar de los problemas que surjan en los grupos, en las comunidades, no dejen de servir, que la formación que allí han recibido lo trasladen a su vida diaria, así como sirven en casa, siempre obedientes a sus padres, así ofrezcan su servicio a Dios, les agradecía pues su labor.

Después de la Misa, estalló el asombro y las risas gracias al show de magia, que no sólo cautivó a los más pequeños, sino que también a los mayores nos logró envolver y hacernos sentir nuevamente niños. Las rifas y sorpresas no faltaron. Todos los monaguillos recibieron un juguete como agradecimiento y partieron de regreso a sus comunidades parroquiales dándose cuenta que son muchos los que sirven al Señor de esta manera tan especial, que deben seguir formándose para crecer en amistad con ese amigo que tienen, tenemos, en común: Jesús.

Quiera Dios que la visita de estos pequeños varones a la casa del Seminario y la convivencia con los seminaristas y sacerdotes, tenga efecto en ellos, y en el futuro dispongan su corazón a la voz del Maestro, ya que quizás más de uno será llamado a entregar su vida en el sacerdocio ministerial. Y que las chicas, también se animen a consagrarse al servicio de sus hermanos a través de la vida religiosa.

Confiamos a la intercesión de san Tarsicio, santo Domingo Savio y santo Dominguito del Val, patronos de los monaguillos, a todos los niños que se les ha encomendado este servicio, para que sigan entregándose con generosidad y que den testimonio de Cristo en un mundo patas arriba.

Querido lector, no dudemos en servir, donde sea que estemos, vivamos con intensidad la Eucaristía y demos testimonio de lo allí vivido, que nunca perdamos la pureza, la alegría, la inocencia de los pequeños amigos de Jesús.

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