Home / Cultura y Formación / “Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a sus campos…” (Mt 9,38)

“Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a sus campos…” (Mt 9,38)

Pablo César Rodríguez Román

1° de Teología

La adoración nocturna nos visita año con año en el corazón de la Diócesis, el Seminario de Guadalajara, donde nos estamos formando los jóvenes que sentimos el llamado de parte de Cristo nuestro Maestro y Señor, a seguirlo para en un futuro servir a la Iglesia en el ministerio sacerdotal.

En esta vigilia de espigas, se ha rogado a Dios siga enviando operarios a su mies, que nuestra Arquidiócesis siga dando abundante fruto en vocaciones al orden sacerdotal , y que sea una cosecha abundante para nuestra Iglesia, es de gran gozo para nosotros los seminaristas recibir a la adoración nocturna, representada en todos aquellos que han participado y que, sin duda, todos y cada uno vinieron con gran alegría para unirnos como hermanos y miembros de una misma Iglesia a elevar así a una sola voz y con un mismo sentir, nuestra oración ante Jesús sacramentado.

¡Adoremos a Cristo Rey!

Adorar al Rey de reyes es el objetivo principal de esta vigilia, y este objetivo sin duda se ha cumplido a lo largo de toda la historia de la adoración nocturna, haciendo guardia de adoración durante las horas de la noche a Cristo presente en las especies sacramentales, y haciendo reparación a su sacratísimo corazón, orando por el mundo entero, pero orando siempre de manera especial por las vocaciones sacerdotales ante el Rey del universo realmente presente en el pan consagrado.

Un solo corazón, un gran motivo de alegría…

El compartir es sumamente importante en nuestras vidas, y es algo que siempre nos ha marcado como cristianos desde los primeros pasos de la Iglesia «la multitud de creyentes tenía un solo corazón y un solo espíritu» (Hch 4, 32), el compartir alegre y generoso con el prójimo es el primer momento de nuestra noche de adoración, al compartir la cena para tomar fuerza y energía suficiente para el encuentro con aquel que es nuestra fuerza y nuestro pilar en todas nuestras dificultades y angustias, y nuestro motivo de alegría al sabernos amados por Él.

El segundo momento sumamente importante es la celebración eucarística, nuestra capilla totalmente embellecida con flores y una gran asamblea deseosa de adorar al Señor y esto se demostró en el fervor con el cual se vivió la santa misa, los cantos interpretados por la Schola Cantorum de nuestro seminario, y la participación activa y piadosa de cada uno de los miembros adoradores y de los seminaristas, uniéndonos también a la alegría de que algunos compañeros nuestros recibieran el distintivo de la adoración nocturna mexicana, y que al escuchar su nombre se ponían de pie y exclamando:¡Viva Jesús! Pasaban gustosos a recibir el distintivo de adoradores añadiéndose así a este gran apostolado de adoración a Jesús sacramentado.

Frente a su Divina majestad, Jesús sacramentado…

El momento tan esperado, la vigilia llegó y todos con mucho entusiasmo y espíritu de recogimiento saludamos al Rey, a nuestro Dios y Señor ya expuesto en la custodia para colocarse en su altar preparado para esta ocasión tan solemne, entre flores y velas, y una fuente que nos recordaba que Él es el agua viva, aquel que sacia nuestra sed, es la fuente de la vida y que sin Él nada podemos, y con Él todo nos es posible

 Por ello nos unimos en oración como comunidad en reparación y súplica por todo el mundo y por el aumento de las vocaciones sacerdotales, por todos los sacerdotes y por las necesidades de nuestro mundo.

 Oremos para que envíe obreros a sus campos…

No dejemos de orar al dueño de la mies para que envíe más obreros a sus campos, el Señor nunca desatiende nuestras súplicas, que siga llamando a más jóvenes a seguirlo en el ministerio sacerdotal y que los que ya han escuchado su llamado sean y seamos valientes, nos llene de su gracia y fortaleza para responderle con alegría y generosidad.

Acerca de Miroslava Flores Torres

Revisa También

Somos enviados a consolar y renovar

XIV DOMINGO ¿Me doy cuenta que el Señor me envía a continuar su misión en …