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Un centenar de razones para estar agradecido

Juan Jesús Espinosa Pascoe
3° de filosofía

El lunes 20 de septiembre tuvimos una visita muy especial que nos llenó
de alegría y emoción, pues el Obispo emérito de Saltillo, quien es
originario de Guadalajara, quiso culminar en nuestro Seminario la
cincuentena de celebraciones por el 50 aniversario de su ordenación
episcopal y sus 100 años de vida.
El 1° de febrero de 1921 nació un tapatío ejemplar, se trata del Mons.
Francisco Raúl Villalobos Padilla, quien fue Vicerrector del Seminario
Diocesano de Guadalajara del año 1968 a 1971, cuando fue consagrado
como Obispo el 3 de agosto, por la oración consagratoria del señor
Obispo don Luis Guízar en la Catedral de Saltillo.
Toda una vida
La celebración por sus “bodas de oro” episcopales y su centenario de
vida giró en torno a la Santa Eucaristía que él mismo presidió en punto
de las 7:00 pm en la capilla del Seminario Mayor, algunos de sus
familiares y amigos cercanos estuvieron presentes para compartir la
alegría de un suceso tan peculiar. Participaron también Mons. José Raúl
Vera López, emérito de la diócesis de Saltillo; Mons. José Guadalupe
Martín Rabago, también emérito, de la diócesis de León; Mons. Hilario
González García, actual Obispo de la diócesis Saltillo y los señores
Obispos Auxiliares de la diócesis de Guadalajara.


A todos los asistentes nos conmovió ver celebrar a Mons.
Francisco Raúl el misterio de nuestra fe, pues contemplar a un
sacerdote que ha dedicado su vida entera al servicio de Cristo en
su Iglesia es, sin duda, una muy grande motivación para
nosotros que nos preparamos también para ser otros Cristos en
la Tierra.

Me gustaría destacar que durante la homilía Mons. Francisco Raúl nos
compartió un interesante recorrido a través de su propia historia, pues
comenzó a narrarnos algunos de los acontecimientos que más marcaron
su vida sacerdotal, especialmente los momentos más relevantes como
Obispo a cargo de la Diócesis de Saltillo.

De manteles largos
De la Misa pasamos a la mesa, era una noche especial que ameritaba
una cena especial. Algunos de nuestros compañeros pertenecientes a la
banda y al mariachi del Seminario amenizaron la ocasión con gran
variedad de canciones.
Finalmente todos juntos brindamos en honor de Mons. Francisco
Raúl y compartimos con él la alegría y gratitud hacia con Dios
quien le ha bendecido abundantemente en el transcurrir de su
vida.

Una breve reflexión personal
Cuando veo a un sacerdote anciano suelo sentir curiosidad por conocer
la historia de su vida, algunas veces he tenido la oportunidad de hablar
con algunos de ellos, y en todas esas ocasiones termino gustosamente
sorprendido por sus palabras y sus anécdotas.

No me queda duda de que con el pasar de los años las personas se
vuelven más sabias y, me atrevo a decir, más humanas.
Ojalá sepamos valorar a cada uno de los ancianos presentes en nuestras
vidas, pues dentro de cada uno de ellos encontraremos un tesoro lleno
de enseñanzas y buenos valores.
El testimonio del Mons. Francisco Raúl Villalobos Padilla me ha dejado
maravillado, él es un vivo ejemplo de que Dios hace grandes obras en
las personas sencillas y dóciles de corazón.

Acerca de Miroslava Flores Torres

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