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Vacaciones: Paz para un mundo de ocupados.

Uno sólo le dedica un tiempo gratuito y sin prisa a las cosas o a las personas que ama”, Papa Francisco (Evangelii Gaudium, 73)

Fernando Díaz de Sandi Mora

Ir y venir, levantarse, correr, meterse al tráfico, responder llamadas, atender mensajes, enviar correos, preparar los alimentos, hacer la despensa, realizar las tareas, son solo algunos cuantos puntos en la interminable lista de pendientes y actividades a que nos vemos sometidos en la rutina diaria de nuestras vidas.

Las extensivas y saturadas jornadas diarias nos dejan muy poco espacio para la convivencia, el descanso, incluso para la atención de nuestra propia integridad y siempre nos vamos dejando para después. Todo esto, si bien nos hace pensar en que todo lo que hacemos nos va asegurando éxito y una mejor vida, nos impide enfocarnos y mantener la atención en lo que realmente importa, lo que es una prioridad real y no necesidades fantasma que nos ahuyentan el gozo y el disfrute de la vida misma.

Vivimos en un mundo de gente ocupada, con prisas, sin tiempo, con muchas metas y poca vida, muchas cosas pero escaso acercamiento a los seres queridos. Piensa por un momento, de todo el día, cuánto tiempo dejas para ti, para tu descanso, acercarte y escuchar a tu pareja, a tus hijos, leer un buen libro, orar; para atender ese dolor que hace tiempo te está avisando que algo anda raro en tu cuerpo. Un día, sin más, tu mente o tu cuerpo ya no soportan y estallan en enfermedades, o simplemente, aquellos que amas ya no están más a tu lado, se han ido mientras andabas afanado en otros menesteres.

El mundo actual es muy competitivo. Tanto en la vida laboral como en la personal hay que ser productivos, eficientes, correctos, tener un alto rendimiento, cumplir con fechas límite, hacer frente a situaciones difíciles, tomar decisiones, renovarse, actualizarse continuamente; todo ello induce un estado de estrés que, si bien inicialmente nos impulsa y motiva a permanecer atentos y dar lo mejor de nosotros mismos, de mantenerse continuamente conduce a un descenso de la motivación, una baja en el rendimiento y el disfrute de las actividades.

Te invito a que te tomes un respiro. Vacacionar no significa propiamente llenar las maletas e irte a un buen hotel a la playa o la montaña; si lo puedes hacer, sería muy bueno; pero si no, lo importante es que atiendas lo que has desatendido: familia, descanso, salud, amigos, pasatiempo, y claro está, tu tiempo con Dios; colocar la vida en su lugar, reordenar las prioridades y hacer un plan para evitar caer de nuevo en ese ritmo de vida que no es vida.

Desocúpate un poco y goza del maravilloso regalo de vivir, que como bien dice mi abuela, una hermosa mujer de 98 años: “la vida es un suspiro”.

Acerca de Rebeca Ortega Camacho

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