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¿Y la familia? ¡Bien, gracias…!

Padres: ¿Saben “perder el tiempo” con sus hijos? Es una de las cosas más importantes que pueden hacer todos los días. Papa Francisco (Oct., 2015)

Fernando Díaz de Sandi Mora

Es cierto, los compromisos apremian y las necesidades a satisfacer se han incrementado para mantenerse “a tono” en un mundo de cambios, tendencias y apreciaciones que nos urgen a ser cada vez más competitivos, “entrones” y capaces de invertir gran parte de nuestras capacidades y tiempo en intensas y extensas jornadas de trabajo.

Ante la avaricia y ambición desmedida de muchos empresarios y la complicidad de un gobierno que sólo se ocupa de llevar “agua al molino” sin preocuparse por el daño colateral en las familias, exigen cada vez más por el mismo precio, secuestran de manera casi literal a padres y madres de familia, a ambos, a cambio de salarios que “ayudan” a los padres modernos a más o menos ir pagando el derecho de piso en el estrato social en el que viven. El poder adquisitivo de nuestra sociedad se ha ido mermando bajo la lista interminable de caprichos consumistas que nos endilgamos y nos colgamos en el cuello, comprando, gastando, pagando cuentas a diestra y siniestra, siempre bajo las premisas equivocadas que desfilan en nuestras mentes: “que los hijos tengan lo que yo tunca tuve”, “trabajar más para vivir mejor”, “a mis hijos en el trabajo que en casa…”.

No tener bien definido el horario laboral, la sobrecarga de trabajo, la excesiva responsabilidad, llevarse tareas a casa, ocupar tiempo del fin de semana para adelantar asignaciones laborales, todas estas situaciones, y muchas más, propician que la familia se vuelva disfuncional y se creen conflictos entre sus miembros. Los hijos son en gran parte los más afectados cuando en la familia papá y mamá están ausentes por cuestiones laborales. Se pierde el tiempo de verlos crecer, de darles consejos, de compartir con ellos a través de los alimentos, los juegos, las lecturas, etc. Sin equilibrio entre el trabajo y la familia se pierde la comunicación de calidad entre la pareja, y una de las consecuencias puede ser el divorcio. Vivimos en una sociedad de hijos inquietos y exigentes pero con padres ausentes o cansados, sin pensar que el tiempo que pasamos junto a nuestros seres queridos nos ayuda a conocer a nuestros hijos, a que ellos nos conozcan y hace posible una comunicación familiar efectiva. En casa eres irremplazable, en el trabajo no. Muchos padres parecieran ir al hogar de visita y han convertido el espacio laboral en su hogar, en su nueva familia de papeles y pendientes interminables.

Disminuye las necesidades, ordena tus prioridades y piensa cuánto de familia te cuesta ganar una quincena…

“Perder el tiempo” en familia te hará ganar la satisfacción de esas sonrisas, caricias y abrazos que nada en el mundo puede comprar. En familia: amar es suficiente.

Acerca de Rebeca Ortega Camacho

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