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Estética de lo ordinario

Sergio Padilla Moreno

Después de un largo e intenso periodo litúrgico donde la Iglesia se preparó durante la cuaresma para contemplar los misterios centrales de la Semana Santa y, posteriormente, celebrar la Pascua, se entra en el llamado tiempo ordinario, que es el tiempo litúrgico más largo del año. Y es que la vida misma es así, tiene momentos fuertes de celebración, momentos intensos de cierre o inicio de grandes proyectos, pero la gran mayoría del tiempo de nuestras vidas transcurre en las cuestiones ordinarias, en los compromisos cotidianos y el devenir mismo de cada día. 

El franciscano Richard Rohr nos invita a recuperar la densidad de lo ordinario como un modo de encuentro con Dios, que “ te permite, te impulsa, a vivir fácilmente con Dios en todo lugar y todo el tiempo; en una planta en ciernes, la sonrisa de un labrador, la emoción de un adolescente por su nueva novia, la incansable determinación de un científico investigador, el orgullo de un mecánico por su trabajo oculto bajo la capota del auto, las caricias con el hocico de los caballos, la ternura con la cual las águilas alimentan a sus polluelos, y el discurrir descendente de cada arroyo por las montañas […] En el piar de cada ave emocionada por un nuevo amanecer, en la dura belleza de cada acantilado de arenisca, en la profunda satisfacción ante toda tarea bien hecha, e incluso en la sonrisa gratuita de un dependiente a un cliente de una tienda por departamentos, o en la pasividad de la cama del hospital”.

El arte también ha buscado mirar lo ordinario a lo largo de su historia, dejando de lado los temas míticos o legendarios. Por mencionar algunos casos, tenemos al pintor holandés Johannes Vermeer, quien comenzó a pintar escenas ordinarias de, por ejemplo, mujeres leyendo, tocando un instrumento o cocinando. En la literatura tenemos el estilo llamado “realismo literario”, donde autores como Balzac, Flaubert, Dickens o Pérez Galdós, entre muchos otros, escriben sus obras como reflejo de la realidad común de la gente ordinaria, con sus luchas, anhelos, trabajos, logros y fracasos.

En el marco de la música, específicamente en la ópera, destaca el llamado “verismo”, donde los temas de ese tipo de obras dejan a un lado los libretos basado en las grandes obras clásicas de los escritores más famosos de todos los tiempos, además de los temas míticos en que se basan, por ejemplo, las obras de Richard Wagner y, en cambio, las óperas comienzan a reflejar cuestiones ordinarias de personajes ordinarios con todos sus matices. El italiano Ruggero Leoncavallo escribió su famosa ópera Pagliacci (Payasos) basándose en un conflicto de pareja que se da al interior de una compañía de circo que va de pueblo en pueblo.

padilla@iteso.mx

Pagliacci-Placido Domingo

Acerca de Rebeca Ortega Camacho

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