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La bailarina de Auschwitz

Sergio Padilla Moreno

Vale la pena leer y reflexionar el magnífico libro de Edith Eger titulado “La bailarina de Auschwitz”, donde ella recupera y reflexiona sobre su terrible experiencia en el más famoso de los campos de concentración. No quisiera abundar más en su contenido para invitar a hacer la propia experiencia de lectura, pero me centro en algo que la autora señala al principio del libro: “Recientemente, en el aeropuerto me senté y estudié los rostros de todos los desconocidos que pasaban. Lo que vi me conmovió profundamente. Vi aburrimiento, rabia, tensión, preocupación, confusión, desánimo, decepción, tristeza y, lo más preocupante de todo, vacío. Me entristeció mucho ver tan poca alegría y risa. Incluso los momentos más insulsos de nuestra vida son oportunidades para experimentar esperanza, optimismo y felicidad. La vida mundana también es vida. Igual que la vida dolorosa y la vida estresante. ¿Por qué a menudo nos causa desasosiego sentirnos vivos, o nos alejamos de la posibilidad de sentir la vida plenamente?” Preguntas llenas de autoridad en una persona que padeció y sobrevivió al horror del Holocausto. Pero también nos invita a hacer esa propia experiencia de mirar en nuestras plazas y calles para constatar que no hay mucha diferencia entre lo que ella vio y lo que nosotros mismos podemos ver cualquier día y lugar. Y verlo también en cada uno de nosotros.

Sigue diciendo Edith: “Cosas malas, me temo, le pasan a todo el mundo. Eso no lo podemos cambiar. Si miras tu certificado de nacimiento, ¿dice en algún sitio que la vida vaya a ser fácil? No.” Palabras que apuntan a lo dicho por Jesús cuando reconoció que la vida conlleva siempre un yugo, pero invitándonos a cargarlo al modo de él, lo que lo hace suave y ligero (cfr. Mateo 11, 28-29). Y aquí está el reto para nuestra fe, pues se trata de situarnos con los ojos, las actitudes y las estrategias de Jesús de Nazareth de cara a nuestros yugos; pero los auténticos, no las cadenas que, muchas veces, nosotros mismos nos ponemos.

Todo esto se confronta con una noticia publicada en Aciprensa el pasado 21 de julio: “Iglesia Católica en Alemania perdió más de 216 mil fieles en 2018 […] En el caso de los sacerdotes que sirven en las 27 diócesis del país, actualmente el número ha descendido a 1,161 en 2018, cuando eran más de 17 mil en el año 2000.” A pesar de estos datos, sabemos que el Evangelio sigue siendo luz, camino y vida, pero hay que discernir valiente y humildemente como Iglesia los signos de los tiempos y constatar, críticamente, qué mensaje y testimonio estamos dando a los hombres y mujeres de hoy que sienten desasosiego por la vida, pero que no encuentran en la Iglesia un hogar para habitar.

padilla@iteso.mx

Henyrck Górecki – Sinfonía nº3 Op. 36 “Sinfonía de las Lamentaciones”

Acerca de Rebeca Ortega Camacho

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