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La depresión de Rachmaninoff

Sergio Padilla Moreno

Sin duda que una de las muchas consecuencias que nos ha dejado la pandemia es la afectación en diversos grados a nuestra salud mental, especialmente el incremento de casos de depresión, la cual debe ser atendida por profesionales de la medicina y la psicología, pero también habrá algo que hacer desde la pastoral, la espiritualidad y el arte.

En la historia de la música hay un compositor, Sergei Rachmaninoff, quien padeció, trató y superó un complejo cuadro depresivo, hecho que luego le llevó a componer una de las obras más hermosas de todos los tiempos: su Concierto No. 2 para piano y orquesta.

Rachmaninoff nació en Onega, Rusia, el 2 de abril de 1873, en el seno de una familia aristocrática que pronto quedó desintegrada por el abandono del padre. Su madre lo inició en los rudimentos del piano, en los que demostró rápidos avances, por lo que comenzó estudios más formales, a la edad de nueve años, en el Conservatorio de San Petersburgo; sin embargo, dado el carácter difícil del joven estudiante, estuvo a punto de ser expulsado en 1882.

Por tal motivo, su madre lo trasladó al Conservatorio de Moscú, donde conoció, entre otros, a Tchaikovsky, quien ejerció una notable influencia sobre él, tanto en calidad de maestro, como de amigo.

A lo largo de toda esta época de estudios, Rachmaninoff sintió la tensión entre dedicarse a la composición, en la que había mostrado especiales aptitudes, o desarrollar sus notables habilidades pianísticas. Afortunadamente, encontró el modo de dedicarse, con indudable maestría y talento, a ambas carreras.

Al concluir los estudios formales, comenzó su carrera como compositor, lo que generó sus primeros ingresos que complementaba con las clases que pudo impartir, experimentando así cierta holgura económica. En esos años trabajó en su Primera Sinfonía, cuyo estreno en San Petersburgo, en 1897, fue un rotundo fracaso, hecho que le afectó de tal manera que terminó por sumirlo en una fuerte depresión. A pesar de ello, aceptó el puesto de director de la compañía de ópera Mamontov, de Moscú, donde logró notables éxitos que posicionaron su nombre en varios países de Europa; sin embargo, siguió afectado por la depresión y, en consecuencia, se mantuvo alejado de cualquier intento de componer.

Gracias al tratamiento hipnótico y psiquiátrico que recibió del Dr. Nikolai Dahl, durante el año de 1900, Rachmaninoff recuperó su salud mental y el primer fruto de ello es el ya citado magistral Concierto para piano y orquesta nº 2, que ha sido entendido por algunos especialistas como el testimonio musical de su enfermedad y curación; desde un principio la obra obtuvo un gran éxito y fue reconocida en todo el mundo como una obra maestra.

Con renovadas energías, a partir de 1902, comenzó una etapa de intenso trabajo como director, pianista y compositor, en que surgieron obras como la inspirada Segunda Sinfonía (1907) y el Concierto para piano y orquesta nº 3 (1909), además de importantes obras para piano.

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx

Rachmaninoff Piano Concerto No 2, Evgeny Kissin

Acerca de Miroslava Flores Torres

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