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Mozart, un hombre tocado por la mano de Dios

Este día 5 de diciembre se cumple un aniversario más de la muerte de uno de los artistas más grandes que ha dado la humanidad: Wolfgang Amadeus Mozart, quien murió en Viena el año de 1791, cuando solo tenía 35 años.

Sergio Padilla Moreno

Más allá de los datos biográficos que tanto llaman la atención a propios y extraños, como su condición de niño prodigio o las circunstancias que apagaron su joven vida, la realidad es que Mozart es un hombre todavía por descubrir en su dimensión humana más profunda, ya que sobre él se han tejido una serie de mitos que poco o nada tuvieron que ver con la realidad.

Una parte de su humanidad

Mozart es un compositor del que se tiene abundante información documental, gracias, en primer lugar, a la gran cantidad de cartas que se conservan en sus comunicaciones con familiares, amigos y colegas. En ellas, el compositor es transparente y deja ver sus ideales, deseos, búsquedas, frustraciones y sufrimientos; sin embargo, es difícil que ellas develen la totalidad insondable de su humanidad y genio creativo, quedando así zonas oscuras que tienen ocupados a los investigadores, como, por ejemplo, las circunstancias que rodearon, ya en la edad adulta del compositor, la relación con su padre Leopoldo.

A lo largo de su corta e intensa vida, compuso más de 600 obras dentro de todos los géneros conocidos en el siglo XVIII: canciones, música de cámara, música religiosa, óperas, conciertos, sinfonías, etcétera. Su genio creativo llevó el arte musical a límites de tal perfección que todavía sorprenden a músicos y diletantes.

Las notas justas y poderosas

Mozart nunca compuso para quedar bien respecto a las expectativas de sus contemporáneos; fue un hombre libre que puso exacta y magistralmente “las notas justas” en cada una de sus obras, tal como se lo hizo saber, con autoridad, al propio emperador José II quien una ocasión criticó el “exceso de notas” de una de sus óperas. Para comenzar a acercarse a la obra de Mozart recomiendo lo siguiente: las óperas Don Giovanni, Las bodas de Fígaro y La flauta mágica; la Misa en do menor y el Réquiem, además de sus conciertos para piano y las últimas sinfonías; esto nada más para empezar.

El P. George W. Rutler escribió, en el año 2013, un pequeño artículo que llamó poderosamente mi atención y con el que no podía está más de acuerdo por el modo como hiperbólicamente apunta el extraordinario talento del compositor: “Propongo que adicionalmente a las cinco maneras de Santo Tomás de Aquino para probar la existencia de Dios a partir de la evidencia natural, el prodigioso Mozart sea la sexta”.

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx

Acerca de Hugo Rodríguez

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